SER PARA HACER
“Somos lo que hacemos” es una mentira que se han creído muchos individuos. Aunque por las obras somos conocidos delante de los hombres no es así para con Dios.
“Todos nosotros somos
como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos
nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos
arrastran.”
Isaías 64: 6 (LBLA)
Para
Dios todas nuestras obras buenas son como trapo de inmundicia porque como una
hoja nos marchitamos a causa del pecado. Las obras que el hombre puede hacer,
por más buenas que parezcan, no son aceptables delante del Señor, por eso es
que el Señor no miró con agrado a Caín. Caín fue el primer hijo de los primeros
hombres en la tierra: Adán y Eva. Adán y Eva, aunque fueron los primeros
hombres en la tierra, se rebelaron contra su Creador a causa del engaño de
satanás. Como consecuencia de la rebelión de Adán y Eva entró la muerte a los
hombres, porque la consecuencia del pecado es la muerte. Caín y Abel no podían
tener la cercanía con Dios que sus padres experimentaron, pero el Señor no los
desechó por completo sino les dio la oportunidad de acercarse a Él, a fin de
perdonarlos, si en verdad en su corazón había arrepentimiento.
“Pasó el tiempo, y un día
Caín le presentó a Dios una ofrenda de los frutos que cultivaba. Por su parte
Abel escogió las primeras crías más gordas de sus ovejas, y se las llevó a Dios
como ofrenda. Dios recibió con mucho agrado la ofrenda de Abel, pero no recibió
con el mismo gusto la ofrenda de Caín. Esto le molestó mucho a Caín, y en su
cara se le veía lo enojado que estaba.” Génesis 4: 3-5 (TLA)
¿Por
qué crees que el Señor miró con mucho agrado la ofrenda de Abel pero no la de
Caín? En la Biblia vemos muy claramente que a causa del pecado el hombre ha
muerto, por lo tanto todas sus obras son muertas, pero eso no lo había
entendido Caín, porque él quiso ser aceptado delante de Dios por sus frutos, es
decir por sus obras. Abel, a diferencia de Caín, presentó una oveja escogida
porque comprendió que no era por sus obras que podía tener de nuevo una
relación cercana con su Creador sino solo por medio de la salvación de Dios y,
esa oveja, era la mejor forma de representarlo, ya que era un animal que fue
escogido para que Dios lo sacrificara como precio de su pecado. Aunque Abel no
conoció con claridad la gracia de Dios para con los hombres, manifestada en
Jesucristo, pudo tener el privilegio de conocer a su Dios porque se arrepintió
reconociendo que solo Dios podía salvarlo. Ahora que conocemos con claridad que
Jesucristo, Dios mismo, nos salvó tomando nuestras iniquidades para morir en la
cruz y, que resucitó al tercer día, obteniendo la victoria sobre la muerte,
podemos presentarnos delante de Dios por medio, UNICAMENTE, del mérito de
Jesucristo y no por nuestras propias obras. Ahora, piensa en esta pregunta (si
eres un religioso, un moralista, un filósofo, un filántropo, un amador de sí
mismo antes que de Dios, es decir un Caín):
«¿Por qué estás tan
triste y enojado? Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado,
pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león. ¡No te
dejes dominar por él!»
Génesis 4: 6-7 (TLA)
Lamentablemente
la respuesta de Caín fue matar a su hermano. ¿Cuál será la tuya? Espero que sea
diferente, que comprendas realmente que solo la gracia de Dios puede salvarte
de ti mismo.
Para
tener identidad verdadera no tienes que hacer ciertos procedimientos, sacramentos, sacrificios, o
ritos, porque la identidad no te la dan tus hechos sino solamente la gracia de
Dios. Si en verdad eres un ser completamente vivo, que no solo posee un cuerpo
y una alma viva sino también un espíritu que ha sido vivificado, entonces
podrás hacer lo que antes no podías, de lo contrario, solo obrarás
hipócritamente porque la maldad nace del corazón del hombre mas la santidad
proviene solamente de Dios.
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