¿QUÉ PASA SI UN HERMANO QUE DICE SER CRISTIANO CAE EN LA INMORALIDAD SEXUAL?...
Como comunidad en Cristo no podemos pensar, como dice un dicho populi “al caído caerle”, sino, por el contrario, el Señor nos enseña a través de su Palabra a restaurar con amor a nuestro hermano en la fe, porque la iglesia es como un hospital para pecadores, pero si los pecadores no quieren reconocer sus pecados ni mucho menos apartarse de los mismos, entonces ¿Cómo pretenden ser restaurados?
“Hermanos, aun si alguno es
sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un
espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas
tentado.”
Gálatas
6: 1 (LBLA)
El amor a nuestro prójimo se
refleja cuando no somos indiferentes a sus debilidades, ni lo juzgamos por caer
en ellas, sino buscamos su restauración como si estuviéramos en su lugar. El
amor tiene tal característica de empatía, es decir, de ponerse en el lugar del
otro, no para justificarlo sino para ser un apoyo en su integridad.
El pecado sexual, aunque
parece inofensivo es tan destructivo como una zorra en un viñedo, no podemos
negociar con él, sino debemos huir de sus propuestas tentativas. Por esta
pequeña zorra muchos ministerios, iglesias y familias han sido destruidas, por
lo tanto, no la ignoremos sino estemos alertas como centinelas para no caer en
su falsa ilusión.
Y…
¿SI EL QUE CAE ES EL PASTOR?
Los pastores de iglesias no
son inmunes al pecado, pero si tienen que ser ejemplo de una vida transparente
dentro y fuera de la iglesia como enseña 1 Timoteo 3: 8-13 y es responsabilidad
de la iglesia estar orando por sus pastores, como dice Hebreos 13: 7 “Acordaos de vuestros pastores, que os
hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su
conducta, e imitad su fe”.
No es prudente que un pastor
ejerza sus funciones pastorales sin el apoyo espiritual de su esposa y de al
menos un hermano en la fe que se preocupe por él, ore continuamente por su vida
y le anime constantemente. Pero, sobre todo, es perjudicial y prácticamente una
declaración de caída que un pastor no cultive su relación con Dios de manera genuina,
íntima y personal.
Si un pastor o cualquier
cristiano cae en la inmoralidad sexual sin ningún remordimiento ni mucho menos
un arrepentimiento, sino con total consciencia, entonces es un pagano, un
apostata de la fe que anda en el camino de la hipocresía. Ellos, como dice Efesios
4: 19 “perdieron toda sensibilidad, se
entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” y
su fin es la condenación eterna.
Pero si el pastor que ha
caído reconoce su pecado y busca en verdad ser restaurado, entonces es
necesario acompañarlo en el proceso, pero acompañarlo no significa que siga
siendo pastor sino tiene que retirarse del pastoreado, porque ¿con que
autoridad podrá enseñar? En este proceso de restauración el Señor trabajara de
una manera maravillosa en su vida si en verdad dispone su corazón ante El.
Recordemos algo muy
importante que quizás hemos olvidado: la iglesia es de Dios y Dios es Santo,
por lo tanto, Dios quiere una iglesia que sea santa, sin pecado y sin mancha. No
podemos permitir el pecado dentro de la iglesia, ni juntarnos con ninguno que
llamándose hermano vive tras el pecado.
“Más bien os escribí que no
os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o
idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”
1 Corintios 5: 11 (RVR 1960)
Como iglesia tenemos que
luchar en contra de toda clase de inmoralidad sexual, nunca a favor de ella. No
se puede normalizar la inmoralidad sexual, ni mucho menos permitirla en las
iglesias, sino todo lo contrario se tiene que desechar por completo y aborrecer
desde lo más íntimo de nuestro corazón. Pero tambien debemos reconocer que
cualquiera puede caer, aun el más grande predicador, por lo tanto el que piensa
estar firme mire que no caiga, y huya de toda tentación (1 Cor. 10: 12-13).
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