PUREZA INTEGRAL
Una pureza integral es conseguida cuando lo malo es desechado, generando un bienestar integral que se satisface en el bien. Disfrutar plenamente la bondad de Dios es buscar constantemente conocerle más porque en conocer a Dios su vida es santificada y su gozo es completamente satisfecho. Solo en el Señor existe verdadero gozo, un gozo que santifica y purifica el alma por completo, pero para alimentar este gozo es necesario que desde nuestro interior aprendamos a disfrutar del Señor. Por lo anterior aprenderemos de un movimiento ejemplar que surgió hace unos siglos atrás llamado puritanismo.
PURITANISMO
El puritanismo fue un movimiento conocido por procurar
limpiar a la Iglesia de las impurezas de doctrinas extrañas y promover una vida
comprometida a la obediencia a la Palabra de Dios tanto en privado como en
público. De este movimiento cristiano surgieron hombres muy valiosos para
nosotros, porque su vida, testimonio y obras aun permean en nuestra Iglesia
para bien, mas no solo en la Iglesia sino impactaron grandemente en sociedades
como Inglaterra o Escocia para luego llegar a Estados Unidos y establecer entre
muchas cosas en su constituyente bases bíblicas para posteriormente formar
personas bajo la enseñanza de las Escrituras y que fueran enviadas a lugares
como nuestros países latinoamericanos. Por esta razón es que en este tema de la
pureza es necesario que volteemos nuestra mirada al pasado y observemos la
conducta de los puritanos porque ellos pueden enseñarnos mucho de lo que
significa la pureza y cómo sostenerla en nuestra vida.
A continuación enseñaremos unos fragmentos extraídos de
algunas de las obras de este movimiento, para poder comprender un poco mejor su
pensamiento asi como sus enseñanzas con el fin de recibir en nuestra vida
aquello que pueda afirmarnos cada vez mejor en la perfecta instrucción de Dios
escrita en su Palabra, porque tambien es importante aclarar que no hay consejo
mejor que el de Dios y el Consejo de Dios para el hombre fue escrito plenamente
en la Biblia, por lo tanto no tomamos los siguientes consejos o los que emergen
de este libro con la misma relevancia que las Escrituras, sino más bien los
vemos como un apoyo útil para poder comprender mejor el Consejo de Dios y andar
de una manera más sabia en el sendero de la santificación, aun asi como todo
libro que no sea la Biblia y como de costumbre decimos en nuestros libros “examina
todo cuidadosamente, reten lo bueno y abstente de toda forma de mal” (1 Ts.
4: 21-22). El primer fragmento que revisaremos juntos es el de Richard Sibbes,
un teólogo anglicano y exegeta bíblico que escribió en su libro titulado la
caña cascada (1631) lo siguiente:
Si
sacáramos todos los humores enfermizos del cuerpo enfermo, eliminaríamos
también la vida y todo lo demás. Por lo tanto, aunque Dios dice «Los fundiré
como se funde la plata» (Zacarías 13:9), también dice «Te he purificado, y no
como a plata» (Isaías 48:10), es decir, no con tanta minuciosidad como para no
dejar ninguna impureza, pues Él tiene en cuenta nuestra debilidad. El refinado
perfecto es para otro mundo, para el mundo de las almas de los perfectos. [1]
En el anterior fragmento podemos comprender una realidad
que nos habla de nuestra pecaminosidad que se encuentra tan arraigada a
nosotros que si Dios nos purificara por completo moriríamos, por lo que nos
enseña la esperanza de que un día si seremos perfectos y completamente
purificados pero no en este mundo sino después de la muerte cuando seamos
separados de este cuerpo mortal. Pero ¿Cómo debemos vivir mientras estamos en
este mundo? Una pregunta que se hicieron estos hombres y John Flavel, por medio
de la Palabra de Dios, responde de la siguiente manera en su libro el misterio
de la providencia (1672):
Es
para nuestro propio beneficio apegarnos a las reglas y normas de la Escritura.
Cuando lo hacemos, los eventos de la providencia nos muestran en donde nos
desviamos. Igual como cuando David pecó tan horriblemente y la providencia
divina le mostró su error. (2 Sam. 12:11,12) La Palabra de Dios nos dice que es
mejor confiar en Dios que confiar en el hombre.[2]
El socorro del Señor para con la humanidad es la
providencia de Dios a la que se refiere Flavel, pero principalmente para con
sus hijos de tal manera que aun en su pecado les enseña su error para que se
vuelvan a él, en el sendero de la santificación, y asi puedan comprender que
mejor es confiar en Dios que en el hombre. La enseñanza que podemos recibir a
nuestra vida por medio del anterior fragmento es concentrarnos en Dios y dejar
atrás al mundo, pero concentrarnos en Dios no significa realizar una meditación
mística en un lugar alejado de las personas para tener la mente en blanco, sino
es estudiar la Palabra de Dios, comprender el mensaje de Jesucristo y a
Jesucristo como mensaje central en las Escrituras y asi tambien predicar de Él,
como Jesucristo mismo lo hizo.
Cristo
predicó, pero principalmente de Él mismo; Él reveló y mostró a Dios, pero
al revelar y mostrarse a Sí mismo (Juan 14:9); Él llamó a los hombres, pero
hacia Él mismo; Él mandó a los hombres a creer, pero en Él mismo (Juan 14:1);
Él prometió vida eterna, la cual Él daría, pero a los hombres que creyeran en
Él; Él ofreció salvación a miserables pecadores, pero a ser lograda por Él mismo;
Él obró un temor de juicio venidero, pero a ser ejecutado por Él mismo; Él
ofreció remisión de pecados, pero a aquellos que creyeron en Él mismo; Él
prometió resurrección de la muerte, el cual Él por Su propio poder y
autoridad la llevaría a cabo. ¿Ahora quién podría hacer todo esto sino Dios? Un
simple hombre, aún fiel y santo, habría vuelto a los hombres no a él sino a
Dios: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como
Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús” (II Corintios
4:5). Ellos no designaron ningún honor para ellos mismos, sino solo para
Cristo; ellos eran reacios a transferir alguna parte de esta gloria a ellos
mismos; igualmente sería Cristo si no hubiera sido Dios. Por lo tanto ¿qué
deberían decir Sus discípulos, sino ‘Mi Señor, mi Dios? [3]
El mensaje central y santificador en un creyente que el
mismo Espíritu Santo enseña constantemente es Jesucristo, porque solo en Él
somos santificados, por lo tanto no pretendamos buscar la santidad sin buscar
de Jesucristo, porque sería como correr tras el viento, es decir sería una
carrera sin sentido y sin una meta clara, porque la meta de la santificación es
Jesucristo. Por lo anterior prestemos atención al siguiente fragmento del teólogo
puritano y presbiteriano inglés Stephen Charnock sobre Jesucristo:
No
hubo ningún cambio en la naturaleza Divina del Hijo cuando Él asumió la
naturaleza humana. Hubo una unión de las dos naturalezas, pero ningún
cambio de la Deidad en humanidad, o de la humanidad en Deidad: ambas
conservaron sus propiedades peculiares (…) Él tomo la “forma de siervo”,
pero Él no perdió la forma de Dios; No se despojó a sí mismo de las
perfecciones de la Deidad. El ciertamente se despojó, ‘y vino a ser uno sin
reputación’ (Filipenses 2:7); pero Él no dejó de ser Dios, aunque Él tenía la reputación
de ser solo un hombre, y uno muy humilde también. La gloria de Su divinidad no
se extinguió ni disminuyó, aunque fue opacada y oscurecida bajo el velo de
nuestras enfermedades; pero no hubo más cambio en el ocultamiento de esta que
la del sol cuando es ensombrecido por la interposición de una nube. Su
sangre, mientras se estaba derramando de Sus venas, era la “sangre de Dios”
(Hechos 20:28); y, por lo tanto, cuando inclinaba la cabeza de su humanidad en
la cruz, Él tenía la naturaleza y las perfecciones de Dios; puesto que si
hubiera cesado de ser Dios, Él habría sido una simple criatura, y Sus
sufrimientos hubieran sido de tan poco valor y satisfacción como los
sufrimientos de una criatura. Él no hubiera podido ser suficiente
Mediador si hubiera dejado de ser Dios. [4]
La confianza que tenemos en la Redención es Jesucristo es
que creemos que no solo vino como hombre, sino que Dios mismo vino y se hizo
como un hombre para morir por nosotros, porque bien lo explicó Charnock que
solo Dios podía redimir a la humanidad pecadora, aun asi es importante seguir
aclarando muchos términos porque nos ayudaran a vivir mejor en el camino de la
santificación, por lo tanto, revisaremos un poco mejor el significado de la
santificación desde la confesión de fe de Westminster.
La conocida “confesión de fe de Westminster” (1647) fue un
documento escrito y redactado de manera conjunta y acordada por muchos
puritanos ingleses. En su sección “De la Santificación” explican con claridad y
basados cuidadosamente en las Escrituras el significado de este concepto a
través de los siguientes tres puntos básicos:
1.
Aquellos
que son llamados eficazmente y regenerados, habiendo sido creado en ellos un
nuevo corazón y un nuevo espíritu, son además justificados de un modo real y
personal, por virtud de la muerte y resurrección de Cristo, por su Palabra y
Espíritu que mora en ellos. El dominio del pecado sobre el cuerpo entero es
destruido, y las diversas concupiscencias del mismo son debilitadas y
mortificadas más y más, y los llamados son cada vez más fortalecidos y
vivificados en todas las gracias salvadoras, para la práctica de la verdadera
santidad, sin la cual ningún hombre verá al Señor.
2.
Esta
santificación se efectúa en toda la persona aunque es incompleta en esta vida;
todavía quedan algunos remanentes de corrupción en todas partes, de donde surge
una continua e irreconocible batalla: la carne lucha contra el Espíritu, y el
Espíritu contra la carne.
3.
En
dicha batalla, aunque la corrupción que aún queda puede prevalecer mucho por
algún tiempo, la parte regenerada triunfa a través del continuo suministro de
fuerza de parte del Espíritu Santificador de Cristo; y así crecen en gracia los
santos, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.[5]
Solo la gloria sea para Dios porque solo en Él es posible
que podamos ser bendecidos para vivir en pureza y santidad delante de Él, por
lo tanto, este camino de la santificación no es posible andarlo sin Dios o si
no sería una religiosidad o moralidad humanista. Por lo anterior, como dijimos
antes, solo el cristiano puede andar en el sendero de la santificación, pero
tambien es importante aclarar que no es cristiano uno que no anda por el
sendero de la santificación, porque una evidencia que enseña a un cristiano que
es cristiano es que esta andando en el sendero de la santificación en donde el
mismo Espíritu Santo, quien santifica al creyente y lo acompaña en el sendero
de la santificación, le enseña que es santo.
La santificación a diferencia de la salvación requiere de
esfuerzo del creyente, por lo tanto, se demanda disciplina en un cristiano para
que crezca en el sendero de la santificación, tomando este camino de una manera
muy seria, haciendo matar constantemente al pecado que mora en sus miembros,
agonizando de ser necesario para ser purificado. Esta mortificación no será
para muerte sino para vida, por lo tanto, ten animo cuando te encuentres en
esos momentos.
“¿No
sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno
solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel
que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona
corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que yo de esta manera
corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el
aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que,
habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” 1
Corintios 9: 24-27 (RVR 1995)
En una competencia de atletismo hay muchos participantes
que se han preparado para ese día, algunos más que otros, pero solo uno, el que
entrenó mejor su cuerpo para ese día ganará. De esta manera nosotros debemos
entrenar y correr, teniendo cuidado de ser descalificados y procurando ser
fieles a las instrucciones de nuestro Entrenador. Ser descalificados no
significa perdida de salvación, sino esta ilustración se refiere a la
santificación y el trabajo en el ministerio, en el que se puede llegar a ser descalificado
en una obra debido a un mal testimonio, por lo tanto tengamos mucho cuidado de
nosotros mismos y procuremos ser fieles a las instrucciones que Dios nos ha
dejado en Su bendita y preciosa Palabra.
Para poder correr de esta manera delante de Dios con un ánimo
semejante al que tuvo el apóstol Pablo es necesario fortalecer nuestra vida en
la Salvación que nos enseña que hemos sido salvos solo por Gracia y solo por
medio de la Fe, porque es la seguridad en Jesucristo la que nos permitirá
avanzar en medio de los ataques de los enemigos que no quieren que avancemos,
los cuales no debemos ignorar, principalmente nuestra carne es decir ese yo en
nosotros que no sabe sujetarse a la Ley de Dios, por lo que debemos mortificarla
constantemente, enseñándole a someterse a Dios completamente. Más adelante dejaremos
algunos consejos de cómo enfrentarla, no solo a la carne sino tambien al mundo y
a satanás.
El cambio empieza por uno, no por los demás, ni siquiera
por el entorno, pero el cambio no lo empieza uno en uno, sino Dios en uno, es
Jesucristo en mi vida, cambiándome, transformándome, restaurándome,
renovándome, es Su Obra en mí, no mi obra en mí, y la forma de agradecerle son
mis acciones, mis actitudes, humillando mi voluntad a su voluntad, diciéndole
de corazón:
Señor
necesito que me ayudes y me guíes, cada día más, porque no se vivir sin ti, la
vida no tiene sentido si tú no eres quien me guía a hacer lo correcto, por
favor ayúdame a seguir adelante, a mirar hacia arriba y nunca hacia atrás. Te
ruego no permitas que caiga en la tentación, líbrame de todo mal y fortaléceme
en ti, porque sin ti no se vivir, no se disfrutar cada momento como debería
hacerlo. Te necesito como un niño a su padre para guiar mis pasos, mi caminar y
mi dirección.
Necesito
tu consuelo para no mirar a este mundo siniestro, lleno de maldad y
perversidad, donde yo soy uno más, que no sabe, no puede y no entiende. No
quiero que sean mis emociones controlando mi vivir, sino que tú, en tu Gracia,
me guíes a vivir, para que no sea como un incrédulo que sin Dios y sin ley ha
aprendido a vivir, sino como uno que te teme y te honra sin importar el momento
o la circunstancia. Eso quiero ser, alguien diferente, no tanto por lo que
dirán los demás, sino por lo que tú dices y que ni aun el mismo diablo tenga
algo que decir en contra mía.
Ser
hallado intachable es uno de mis grandes deseos, por eso te pido y te ruego, oh
Dios que todo lo puede, que me ayudes a seguir adelante, mirándote a ti, solo a
ti, y no más a mi entorno, no quiero perderme en la vanidad de este mundo y en
su espejismo de placer, aunque cueste mi propia vida, satisfacción, sueños o
esperanzas perecederas.
Te
ruego que me perdones por mis malos pensamientos, mis pecados que tanto daño me
hacen, que repugnancia y no satisfacción traen a mi alma, porque con ellos te
desagrado y me desagrado, por favor ayúdame, porque en mis fuerzas no puedo
más, soy como un hambriento, sediento, que sin fuerzas pretende caminar por el
desierto, es por eso que me urge de tu Misericordia. Es tu Compasión, más que
el dinero, que el estudio, que una familia, lo que mi alma necesita, tu
Compasión hacia un miserable, desgraciado, infame, sucio, detestable, y
asqueroso pecador como yo.
Imploro
tu favor, te lo suplico, ayúdame, límpiame, hazme crecer, en tu Amor, tu
dirección, tu pasión, tu temor, que mis ojos te miren solo a ti Jesucristo. No
quiero mirar lo que no es bueno, sino solo mirarte a ti con corazón sincero y
que mi deseo por completo seas siempre tú, solo tú. Amén”
La anterior oración no debe ser vista de una manera
mística o supersticiosa para hacer una rogativa, sino es un ejemplo de
confesión de pecados y de expresión de necesidad constante a Dios, por lo que
te animamos a que con tus propias palabras te dirijas al verdadero y único Dios
Trino, sin temor alguno, por medio de Jesucristo, en quien tenemos confianza de
entrar al trono de Gracia para alcanzar Misericordia y oportuno socorro.
[1] Richard Sibbes, La
caña cascada, https://www.librocristiano.com.ar/la-cana-cascada-pdf-richard-sibbes, 31.
[2] John Flavel, El
misterio de la providencia,
http://www.iglesiareformada.com/Flave_Misterio_Providencia.pdf, 16.
[3] Thomas Manton, Obras.
Cristo Volvió A Los Hombres Hacia Él Mismo, https://recursosespanol.com/extracto/cristo-volvio-a-los-hombres-hacia-el-mismo,
488
[4] Stephen Charnock, Atributos
de Dios. Vol 1, 339-340.
[5] Confesión de Fe de Westminster (1647),
47-48.
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