PASIÓN POR EL EVANGELIO

Pasión, es una palabra que proviene del latín patior, que significa sufrir o sentir, por lo tanto, pasión por el evangelio significa sufrir por el evangelio. Sentimos el evangelio porque el evangelio es poder de Dios para nosotros, por lo tanto debemos estar dispuestos a sufrir, si es necesario, por el evangelio.

El sufrimiento hace parte del amor porque es emancipador. Por el sufrimiento de Jesucristo nosotros somos salvos, ahora es el tiempo perfecto para seguir las pisadas de Jesucristo y tomar nuestra cruz y seguirlo.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.”  Marcos 8: 35 (RVR 1960)

La pasión es una emoción que no se basa en los sentidos sino en la realidad de Jesucristo. Esta emoción no controla nuestra vida sino es Jesucristo quien la orienta. Necesitamos que todas nuestras emociones nos lleven a Jesucristo, nuestro deseo más fuerte debe ser seguir a Jesucristo aunque cueste nuestra vida.

Tenemos una razón coherente por la que podemos dar nuestra vida: Jesucristo y el evangelio. Demos todo por lo que en verdad nos salvara de la condenación en el día de juicio, demos todo por el evangelio. No significa esto que la salvación se gana por nuestro esfuerzo sino que la salvación que es por gracia de Dios debe ser apreciada, valorada, y honrada por nosotros de tal manera que estemos dispuestos a entregar nuestra vida por lo que Jesucristo ya hizo en la cruz por nosotros.

Existen otra clase de pasiones, pero estas son desordenadas, son llamadas pasiones juveniles, de las cuales nos manda Dios que huyamos (2 Timoteo 2: 22), haciendo morir lo terrenal en nosotros (Colosenses 3: 5). No podemos ni debemos, como nacidos de nuevo, como nuevas criaturas, seguir confiando en este mundo, dejándonos llevar por sus deseos, sino nuestra vida debe estar fundamentada en Jesucristo. Esto, aunque suene emocionante, no es nada fácil para el nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad, porque, aunque somos nuevas criaturas, estamos rodeados de un mundo lleno de corrupción y habitamos en un cuerpo manchado por el pecado, pero cuando muera lo corruptible entonces no habrá más corrupción en nuestra vida.

No nos aferremos a lo que esta pronto a desaparecer, nuestro cuerpo y este sistema, sino aferrémonos profundamente a la Palabra de Dios que permanece para siempre.

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