ORLANDO EN LA PROFUNDIDAD DE SUS GRANDES TEMORES

La desesperación en la que su alma se encontraba no tenía explicación alguna, solo tormentosos pensamientos había en su mente, como un mar de confusión vivía ante cualquier decisión. Orlando no sabía que esto pronto acabaría, pero mientras enfrentaba esta gran desesperación debía esperar, no podía rendirse ante el veneno que lo invitaba a matarse, esta es la historia del gran Orlando, una historia que termina en la realidad.

No había conocido a nadie como Orlando, un simple hombre conocido por su autenticidad, sabía bien quien era, que su mundo no era este, aunque se asemejaba bastante a él. No era ignorante frente a la mentira en la que muchos se habían dejado consumir y por ello parecían vivir en otra dimensión, como zombis de tierras frías y oscuras. Él sabía muy bien que debía tener cuidado de aquel veneno que los había consumido, porque podía verse gravemente afectado por él.

Orlando nació en medio de grandes océanos, en un pequeño lugar rodeado por inmensas montañas. En este lugar nació, dio sus primeros pasos, pero tambien sus primeros nados. En medio de un gran océano, cuando tenía 3 años, vio a lo que a ningún mortal se le había concedido ver, un mundo semejante al que vio al nacer, pero sin violencia, donde el león, las jirafas, y los diferentes animales caminaban en medio de un gran arcoíris sin hacerse ningún daño. Orlando había recibido una visión de la gran esperanza de un mejor lugar.

Este lugar que apareció por unos segundos a su vista no fue un engaño de su percepción, ni una incierta esperanza, sino una visión de un lugar que existía y estaba esperando por él. Este lugar era muy diferente al que vivía, porque reinaba el bien y no el mal, no tenía aquel veneno en el que años después se encontraría completamente sumergido, diciendo dentro de sí de manera continua:

¡Malditos pensamientos! El veneno me está gustando pero me está matando, no lo puedo resistir. Terrible adicción que nace en mi corazón ¡Cuan gran desgaste causa a mis huesos! ¿Cómo seré libre de tan gran mal?

Lo decía constantemente, era su continuo pensar que no le dejaba disfrutar, llevándole a olvidar la esperanza que un día había contemplado de que todo pronto acabaría y volvería a renacer en el bien. Su gran esperanza parecía desvanecerse, pero volvía a suscitar, a resplandecer cuando dejaba de consumir aquel veneno que quería llevarle a olvidar su gran esperanza, este veneno quería matarlo, matando su gran esperanza. Este veneno se encontraba en todas partes, anteriormente solo se veía en algunos lugares, ahora lo encontraba hasta en su propia habitación, parecía no poder huir de él. El veneno estaba en las calles, en las casas, en los hoteles, en las iglesias, en los colegios, en la misma comida y aun en las mismas personas ¡Que veneno tan terrible llamado adicción!

Orlando debía aprender a resistir la tentación de consumir aquel veneno llamado adicción, por lo que resistía a su dulce aroma, a su bella apariencia, a su sonido tan atractivo. En ocasiones pensó que como lo hizo Ulises en la Odisea debía ser amarrado al mástil de un barco para poder resistir al sonido de esta sirena y aunque no lo hizo tal cual, si dio grandes golpes a su cuerpo, se negó a salir, a interactuar con otras personas, y un gran miedo se apoderó de todo su ser.

El miedo en Orlando, el temor de caer en los brazos de aquel veneno que continuamente era promocionado por el gobernante de su pueblo, y los habitantes que allí vivían, lo estaba paralizando, no le permitía hacer nada. En grandes temores se encontraba Orlando, miedos que cada día crecían más en su interior, y aunque le daban algunos momentos de paz, lo hacían para darles fuerzas a fin de que tomara algo de veneno, luego un poco más y luego parecía que no podía parar de tomar de este sabroso veneno, hasta que clamaba a quien le había dado la esperanza de un mejor lugar para que le devolviera su razón y le alejará de aquel veneno y Dios lo hacía, con gran amor lo hacía, con el mismo que tuvo con Él desde el principio, pero Orlando parecía aun no creer en este grande amor, aún seguía pensando en que solo la Gracia de Dios no era suficiente, por lo que buscaba ganar el afecto de Dios, no se daba cuenta que este era su principal problema, aún no había conectado profundamente con Dios como debía, porque en la profundidad de sus temores se había sumergido y su falta de fe lo ahogaba cada día más.

En ocasiones el cuerpo de Orlando se intoxicaba de tal manera que parecía morir, un día casi muere porque el veneno fue tan fuerte que le hizo perder la cabeza, tomar un cuchillo y clavárselo muy cerca de su corazón, pero en medio de todo eso su Ayudador le cuidaba y le enseñaba que debía resistir a este mortal veneno, pero que tambien debía aprender a someterse a Dios, a sumergirse en las profundidades de Su amor. No debía olvidar, y si lo había hecho, debía recordar la esperanza que Dios le había dado de un mejor lugar con Él para siempre y seguir con firmeza su llamado, no desviando su mirada en lo real, puesto que no se encontraba en la Realidad, la Ciudad Celestial, donde un día le dirían: ¡Bienvenido a la Realidad! La Ciudad Celestial era la Realidad, vivir pensando en lo real le abriría los ojos, y lo hizo, de que aquel veneno que parecía tan bello y hermoso era verdaderamente repugnante, que quienes lo fabricaban y lo consumían estaban tambien envenenados aunque parecían felices, tranquilos y libres. Este veneno era el mismo que daban las viejas y horripilantes brujas en los lejanos bosques a los viajeros que allí se perdían, para que las vieran hermosas, y consumidos por el engaño cayeran en sus encantos que no les dejaban salir de la oscuridad de sus cuevas. A causa de este veneno muchos reyes y príncipes cayeron y se convirtieron en las bestias salvajes que alguna vez persiguieron.

Orlando reconoció que el veneno tambien estaba en su interior, que cada día debía tomar el antídoto de este veneno, aquel que había fabricado su Creador, el cual era mirar a Jesucristo. No hay mejor antídoto, mejor remedio para el ser humano, ni mejor defensa para el alma que mirar a Jesucristo, pero tampoco debía olvidar que debía resistir hasta el final este veneno del engaño y refugiarse en la realidad, en su verdadero Ayudador. De esta manera hizo Orlando y su carrera terminó en este mundo triunfando con la verdad, gracias a su Ayudador, y no solo le dieron la bienvenida a la Realidad sino que su nombre fue cambiado por Nehaca que en un idioma muy antiguo significa “¡Mi fortaleza es el Señor, mi Dios!”

La realidad es una sola, no son dos, ni menos tres, no existe aquello que algunos llaman la realidad virtual o realidad de otra dimensión, o que cada uno inventa su propia realidad como si fuera un constructo social. No es asi, creer este engaño es caer en la ilusión del veneno de la adicción. Es necesario que cada persona reconozca desde su interior que solo hay una realidad y es mucho más necesario darle la bienvenida a esa realidad, a la realidad de nuestro pecado, de nuestra ansiedad, de nuestra fragilidad y de nuestra debilidad para poder enfrentar a este mundo real lleno de pecado, pero tambien para poder confrontar nuestro propio pecado.

No podemos enfrentar una realidad llena de angustia, tormenta y preocupación que quiere alterarnos si no aprendemos a confiar en el Señor, si no aprendemos a abstenernos del mal y amar el bien. Es necesario que cuando veamos el mal lo rechacemos, no lo aceptemos en nuestra vida, y lo hagamos aferrándonos al bien, creyendo fielmente en las promesas del Señor, amando más lo que está arriba que lo que este mundo ofrece, porque si solo te centras en lo que no debes hacer, restringiéndote de muchas cosas para vivir de una manera religiosa que aparenta humildad entonces no estas enfrentando de una manera sabia la realidad de tu pecado. No pienses en lo que no debes hacer, tratando duro a tu cuerpo por medio del legalismo, sino busca las cosas de arriba, pon la mirada en las cosas de arriba, en la esperanza que tienes en Jesucristo (Col. 2: 21-3:4).

Si el pecado te ha derrumbado, has caído por tu orgullo en algo terrible, si sientes vergüenza y realmente quieres cambiar en tu vida, arrepiéntete de tu pecado, pídele perdón a Dios y cree en Su perdón (1 Jn 1: 7-10). No sigas alimentando más tu orgullo, sino procura vivir conforme al Espíritu Santo, en amor a Dios y obediencia a Su Palabra, honrando al Hijo de quien dan testimonio las Escrituras, y en tu vida tendrás fruto verdadero (Gal. 5: 22-23), pero debes vestirte del Señor Jesucristo, honrándolo, creyendo en que solo en Él puedes disfrutar de la verdadera Libertad, recuerda Gálatas 5: 16 que dice “Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne” (NBLA). Es una gran promesa para nuestra alma que debemos creer, por lo tanto anda en el Espíritu, vive conforme al Espíritu Santo, recordando tambien que con misericordia y verdad se corrige el pecado y con el temor del Señor, nuestro Dios, los hombres se apartan del mal (Prov. 16: 16), por lo tanto nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad, atalayas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón.

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