LA MENTE DE CRISTO
La mente de Cristo comprende los pensamientos de Dios, y el propósito Divino. La Biblia nos enseña la mente de Dios, porque en la Biblia están escritos los pensamientos de Dios, el propósito de Dios, la voluntad de Dios.
El
hombre en su naturaleza no entiende las cosas que son del Espíritu de Dios, mas
el hombre que ha nacido de nuevo ha adquirido por la gracia de Dios la
naturaleza divina, gracias a la Obra Redentora de Jesucristo, por lo tanto
puede discernir espiritualmente.
“…« ¿Quién puede conocer los
pensamientos del Señor? ¿Quién sabe lo suficiente para enseñarle a él?». Pero
nosotros entendemos estas cosas porque tenemos la mente de Cristo.”
1 Corintios 2: 16(NTV)
Tener
la mente de Cristo es pensar conforme a la Biblia, pero pensar como el mundo o
el sistema, en general, es evidencia de tener la mente del mundo.
El
discernimiento, es decir la capacidad de diferenciar lo bueno de lo malo, nos
lo enseña el Espíritu Santo a través de su Palabra, a fin de que aborrezcamos
lo malo y amemos lo bueno. Debemos día a día arrodillarnos ante nuestro Señor
pidiéndole que nos enseñe a través de su Palabra lo que nos ha regalado para
que podamos disfrutar de su maravillosa gracia, por lo tanto, es importante que
reconozcamos nuestra necesidad de Dios, porque fuera de Él nada podemos hacer,
ningún fruto podemos llevar.
Para
entender la Palabra de Dios es necesario nacer en el Espíritu, vivir en Cristo,
morir al mundo.
“Y nosotros hemos
recibido el Espíritu de Dios (no el espíritu del mundo), de manera que podemos
conocer las cosas maravillosas que Dios nos ha regalado.
Les decimos estas cosas
sin emplear palabras que provienen de la sabiduría humana. En cambio, hablamos
con palabras que el Espíritu nos da, usando las palabras del Espíritu para
explicar las verdades espirituales”
1 Corintios 2: 12-13 (NTV)
El
Espíritu Santo es el Maestro que nos enseña su Palabra, por lo tanto debemos
disponer nuestro corazón a recibir su enseñanza y a obedecerla.
Retomando
un poco las primeras interrogaciones en este libro, piensa una vez más en la
pregunta ¿de dónde venimos? Porque teniendo completa convicción de la verdadera
respuesta a la duda ¿de dónde proviene el hombre? Podremos estar seguros de su
dirección.
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