LA FAMILIA QUE DIOS BENDICE

Según la constitución política de Colombia, en el artículo 42:

“La familia es el núcleo fundamental de la sociedad”

En todas las constituciones es declarada a la familia como la base de una sociedad firme. Cuando Dios creó a Adán pensó también en Eva y en sus hijos, es decir, en una familia. Dios estableció un varón y una hembra para que procrearan a fin de constituir familias en toda la tierra.

En estos tiempos la familia ha pasado de ser una bendición a un tema de discusión, porque este mundo, dirigido por satanás, quiere confundir a la gente al distorsionar el verdadero significado de la familia. La familia no es un padre ausente y una madre maltratada tratando de cuidar dos hijos, la familia no es dos mujeres cuidando a unos niños, tampoco son dos hombres cuidando de uno o varios niños; ni ninguna cosa que se le parezca, a lo anterior mencionado, es familia. La familia es algo sagrado, es un don divino, la familia es sinónimo de santidad, de pureza, de seguridad, de fortaleza, de castillo, de amor y, por lo tanto, es definida y dirigida según los preceptos y mandamientos divinos, que son manifestados únicamente a través de la Palabra de Dios.

El matrimonio es la semilla de la familia, por lo tanto, si el matrimonio anda mal entonces la familia no estará bien. Para que un matrimonio permanezca firme debe estar buscando constantemente la gracia de Dios, porque solo Dios puede mantener a un matrimonio firme.

Abraham no fue elegido por Dios para ser un “gran” ministro de Dios, ni un “poderoso” predicador, sino para instruir a sus hijos en el camino del Señor. El mismo Señor dijo de Abraham:

“…Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el Señor cumplirá lo que le ha prometido” Génesis 18: 19 (NVI)

Por la obediencia de Abraham, cumpliendo responsablemente su primer ministerio: la familia, el Señor cumplió lo que le había prometido (Génesis 12:2).

“Por esta razón me arrodillo delante del Padre, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.”

Efesios 3: 14-21 (NVI)

Podemos pensar como el joven rico (lea Lucas 9:23-25; filipenses 3: 7-19; 1 Corintios 7:23) que hemos cumplido todos los mandamientos de Dios desde nuestra juventud y ufanarnos de esto, pero Dios pide algo más. Dios te está pidiendo que dejes tu manera egoísta de vivir, que dejes tanta comodidad.

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