LA ADICCIÓN ES IDOLATRÍA

Las adicciones son otra forma para referirse a un acontecimiento que se ha dado desde el mismo momento en que el pecado entró al mundo: la idolatría. La idolatría ha estado relacionada desde sus comienzos a pecados sexuales por la misma razón de que es una desviación humana que también abarca su sexualidad, pero es principalmente una perversión de la verdadera adoración, como bien dijo Chamberlin,

La idolatría estropea la verdadera adoración. No nos dirigiremos seriamente a un Dios del que tengamos una baja opinión. Cuanto más alto concepto tengamos de Dios, más nos humillaremos y nos aborreceremos ante Él.[1]

La idolatría se refiere a adorar a un dios que no es Dios, es decir es dar el primer lugar de nuestra vida a algo o alguien que no es Dios, de tal pecado el Señor advirtió a Israel en Éxodo 34: 12-17 de la siguiente manera:

“Cuídate de no hacer pacto con los habitantes de la tierra a donde vas, no sea que esto se convierta en tropezadero en medio de ti; sino que derribaréis sus altares y quebraréis sus pilares sagrados y cortaréis sus Aseras (pues no adorarás a ningún otro dios, ya que el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso) no sea que hagas pacto con los habitantes de aquella tierra, y cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, alguien te invite y comas de su sacrificio; y tomes de sus hijas para tus hijos, y ellas se prostituyan con sus dioses, y hagan que también tus hijos se prostituyan con los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición.” (LBLA)

La idolatría deshonra el nombre de Dios, como cristianos no podemos permitir este pecado en nuestras vidas, pero muchas veces lo hacemos, por lo que se nos exhorta a huir de la idolatría, a huir de todo tipo de adicción.

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Os hablo como a sabios; juzgad vosotros lo que digo.” 1 Corintios 10: 13-14 (LBLA)

Las adicciones son una esclavitud de la que ningún ser humano puede ser librado por sí mismo sino únicamente por la gracia y la providencia de Dios.

Es importante que podamos tambien reconocer que al ser la idolatría una perversión de la adoración, es a la adoración verdadera al Dios verdadero que debemos refugiarnos para escapar del engaño de la idolatría. La adoración verdadera al Dios verdadero debe hacerse en espíritu y en verdad, con razón y gracia, como bien dijo Chamberlin “Adorar solo con nuestra razón hace que nos comportemos como hombres. Pero adorar con gracia es hacerlo de forma espiritual, como cristianos”.[2]

Si nuestra adoración no es al Dios verdadero, entonces es idolatría que solo nos hará daño, porque nos menospreciamos a nosotros mismos cuando no adoramos al Dios verdadero.

El hombre tiende a parecerse al Dios al que adora. No es de sorprender que los paganos estuvieran llenos de vicios y lujurias, porque sus dioses eran del mismo carácter. Pero el Dios vivo y verdadero es puro y justo, y nos corresponde a nosotros arrojar lejos nuestros ídolos, mortificar toda lujuria y estar en guardia contra toda tentación.[3]

La única forma de huir de la tentación es huyendo y esta acción es posible cuando no se razona con la tentación debido a que hay convicción en Cristo y temor a Dios, por lo tanto cuando no le damos a Dios la silla del primer lugar en nuestra vida, le estamos dando ese espacio a la idolatría y nuestro corazón consecuentemente se convertirá en un blanco fácil para cualquier adicción.

“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.” 1 Juan 5: 19-21 (RVR 1960)

El objeto que domina a una persona en su conducta o hábito es llamado el objeto de adicción o ídolo, porque todo tipo de adicción es idolatría. Cuando no es Dios quien controla tu vida entonces de seguro será algo o alguien más, hasta puedes ser tú mismo el objeto de tu culto, por esta razón el problema central de la adicción es un problema de engaño espiritual pues se obedece a un dios que no es Dios.

“…Ellos acudieron a Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello que amaron” Oseas 9: 10 (RVR 1960)

Así como pasó con Israel puede pasar con cualquier persona, ir quizás no a un ídolo llamado Baal-peor sino a otro llamado cigarrillo, drogas, bulimia, pornografía, que producirán el mismo efecto: apartarse para vergüenza y hacerse abominable, igual que aquello que idolatran o son adictos, en otras palabras se convierten en la basura de la que tanto se alimentan. Lo anterior puede ocurrir también en una persona que está bajo la gracia de Dios, como lo enseña la historia del hijo pródigo (Lucas 15: 11-32), pero no puede durar por mucho tiempo en esta condición, porque su misma nueva naturaleza lo tendrá que llevar de nuevo al arrepentimiento y reconciliación con Dios. Disfrutar andar en el estiércol de la idolatría no es ser hijo sino enemigo de Dios, porque solo el que ama lo que aborrece el Señor es adversario de su gracia y amor.


[1] Daniel Chamberlin, La existencia y los atributos de Dios, trad. de Loida Viegas (North Bergen, NJ: Publicaciones Aquila, 2011), 45.

[2] Ibid., 53.

[3] Ibid., 173.

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