LA ABSTINENCIA COMO UN MAL

La abstinencia se puede convertir en un mal cuando es un fin en sí misma, porque si es asi terminará siendo un simple obrar humano para un placer propio que busca engañar la conciencia de tal manera que promueva ideas tales como el misticismo, ascetismo o el celibato que muchas veces en vez de ayudar a una persona la destruyen, porque no es funcional en sí misma. Recordemos la vida de los fariseos, ellos promovían la idea de una pureza sacerdotal, pero su corazón ¿Cómo estaba? Acaso ¿no fueron ellos los que se reunieron para llevar a Jesucristo a la cruz?

Aferrarse a ciertos rituales, tener una vida aparentemente religiosa con una superficial pureza no sirve de nada para la carne, porque el problema principal del ser humano no es externo sino interno, por lo anterior se hace necesario aclarar que la abstinencia no tiene sentido si su fin es el orgullo, la vanagloria o la soberbia, pero si se reconoce como una disciplina para agradar a Dios, en donde el corazón se mantiene en humillación y reverencia ante Dios entonces es un gran soporte en el sendero de la santificación.

No podemos olvidar que en la abstinencia puede haber un gran sufrimiento, dolor, desesperación y hasta tristeza, pero debes ser paciente y mantenerte en humildad en la disciplina de humillar tu carne, de no satisfacer los vanos deseos de tu carne, de tus ojos, y la vanagloria de la vida, en la esperanza ciertísima de ser moldeado conforme a la imagen de Jesucristo, de parecerte cada vez más a Él, de que un día lo verás y que sin santidad nadie vera al Señor, por lo tanto mantente firme en tu abstinencia, pero no permitas que esto se vuelva en un mal, mantente humilde, mirando a Jesucristo, y si caes, ruega su ayuda y continúa adelante, procurando agradarlo solamente a Él.

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