JUVENTUD EN CRISTO
Nacer en un hogar cristiano, donde todos los días la familia se reúne para hacer sus devocionales y continuamente tus padres y familiares te están animando a seguir a Cristo, no solo ellos sino también los hermanos de la Iglesia, es una gran bendición, pero aun con todo esto muchos han preferido rechazar a Cristo. Podemos estar rodeados de todo un ambiente cristiano, asistiendo aun en una escuela cristiana sin ser verdaderamente hijos de Dios, porque el cristianismo no es una cultura que uno aprende, sino es el Camino de la Salvación. Ser cristiano no es ser parte de un club social o una religión sino es ser parte del cuerpo de Cristo. No necesitamos dinero, ni estudios en el seminario para ser hijos de Dios sino un corazón pobre en espíritu, necesitado del Salvador y de su Salvación, que gima desde su interior por el dolor que le ha producido el pecado, arrepintiéndose de los mismos delante de su Creador.
La juventud es muchas veces desvalorada y no tenida en
cuenta por los mayores en el momento de tomar decisiones, mas para el Señor
todos, sin importar la edad, tienen el mismo valor y su respaldo si andan en su
voluntad.
“No digas: “Soy
demasiado joven” —me contestó el Señor—, porque debes ir dondequiera que
te mande y decir todo lo que te diga. No le tengas miedo a la gente,
porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el Señor, he
hablado! Luego el Señor extendió su mano, tocó mi boca y dijo:
«¡Mira, he puesto mis palabras en tu boca!” Jeremías 17: 9-10 (NTV)
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