JÓVENES EN LA BIBLIA ENFRENTANDO TENTACIONES

 “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.”

Santiago 1: 13-15 (RVR 1960)

En la Biblia podemos ver que muchos hombres de Dios vencieron, pero también cayeron en tentaciones, su testimonio nos sirve para poder enfrentar con sabiduría al tentador. Empecemos con la vida de José.

“Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.”

Génesis 39: 7-12 (RVR 1960)

La mujer del jefe de José se le acercó para tentarlo a tener relaciones sexuales con ella, pero él le dijo que eso no iba a ocurrir porque temía a Dios y con humildad respetaba a su jefe. La actitud de José fue de completa sumisión a Dios, no se dejó llevar por su propia satisfacción sino prefirió renunciar a la oferta de la tentación para honrar primeramente a su Señor y respetar a su jefe.

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4: 7 (RVR 1960)

Someterse a Dios y resistir al tentador son la mezcla perfecta para ser libres del tentador y huir de la concupiscencia es la mejor manera para no caer en la tentación. La mujer de Potifar, el jefe de José, no dejó de acosarlo y seducirlo para que él durmiera con ella. La tentación era muy constante, quizás muchos de nosotros hubiéramos caído, pero José era un joven al que Dios ya había preparado para enfrentar esta situación, porque, como dice 1 Corintios 10: 13 (LBLA):

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla.”

La manera de ganarle a la tentación no es enfrentándola sino huyendo de sus garras, lo cual comprendió rápidamente José cuando vio que la mujer de Potifar lo había agarrado por su ropa, entonces sin pensar ni razonar con ella huyó rápidamente, porque sabía que no podía enfrentar esta tentación sino tenía que huir de la misma porque de lo contrario podía caer. La anterior fue la manera de enfrentar la tentación de José, una manera bíblica, en la que sus ojos estuvieron puestos de principio a fin en su Señor y Creador. Ahora veremos lo que ocurrió con Sansón.

“Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame esta por mujer, porque ella me agrada.”

Jueces 14: 1-3 (RVR 1960)

Sansón fue consagrado desde su niñez en el templo de Dios para servir a Dios en santidad, guardando los mandamientos que el Señor le había ordenado, entre los cuales estaba el de no unirse en matrimonio con una mujer del pueblo pagano entregado a la idolatría (Deut. 7: 2-4). Pero se dejó seducir por el pecado a tal grado que sin vergüenza le exigió a sus padres que le dieran a una mujer de las hijas de los filisteos porque le agradaba. La razón de que muchos jóvenes han caído en el pecado es porque se han dejado seducir y se han agradado del mismo. El problema de Sansón era centrarse en sí mismo, en lo que le agradaba, olvidándose de que lo más importante no era agradarse a sí mismo sino a Dios. Lo anterior fue el camino que decidió escoger Sansón, pero sus resultados fueron nefastos.

“Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él. Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel”

Jueces 16: 19-21 (RVR 1960)

Sansón creyó que podía enfrentar y caer en la tentación del pecado sin recibir ningún daño, pero solo cuando fue afligido se dio cuenta del error que había cometido al hacerse amigo de los filisteos y clamó a Dios, quien por gracia le respondió.

“Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella.”

Jueces 16: 29-30 (RVR 1960)

La trágica muerte de Sansón nos sirve como experiencia para no entregar nuestras fuerzas a las mujeres sino a Dios, como dice Proverbios 31: 3 “No des a las mujeres tu fuerza, ni tus caminos a lo que destruye a los reyes” (RVR 1960). No son varias mujeres, sino solo una, la que como hombre de Dios debes de tomar y que ella sea tambien del rebaño del Señor.

La historia de David, nos deja muchas enseñanzas útiles para enfrentar la tentación. Recordemos que las tentaciones de todos no son las mismas y que de Dios no provienen las tentaciones sino de nuestras pasiones vergonzosas, las cuales son producto de la corrupción que ha dejado el pecado en la naturaleza humana, como nos enseña la Biblia en Santiago 1: 13-15. Para David su mayor tentación no eran las riquezas, ni siquiera su propia gloria, sino como a la mayoría de hombres era el placer sexual. En el libro de Salmos se puede ver la lucha que sostenía continuamente contra su tentación, algunas veces cayó y otras venció, cuando caía iba delante de Dios arrepentido y cuando vencía le daba la honra a Dios por darle la victoria. Es bastante fructífero y edificante tanto para jóvenes como para personas mayores hacer un estudio profundo de la vida de David en esta área de su vida. Teniendo en cuenta la vida de José, Sansón y David podemos decir con completa seguridad que la mejor forma de enfrentar la tentación es como lo hizo José: huyendo de la tentación y es de esta manera que Pablo aconseja a Timoteo:

“Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio.”  2 Timoteo 2: 22 (NVI)

La juventud es más frágil en caer en la tentación porque tiende por lo general a caer más rápidamente en el orgullo y a andar continuamente en desánimos, es por esta razón que en la Biblia se exhorta continuamente a los jóvenes a esperar en el Señor (Isaías 40: 30-31) y a someterse a las autoridades (1 Pedro 5: 5). Seamos humildes como jóvenes y sometamos a las ordenanzas que Dios nos ha dejado en su Palabra, porque “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.” (Santiago 4: 6-10 (RVR 1960))

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