HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE
Honrar a nuestros padres, más que obedecer es respetarlos, darles honor, premiarles el mérito de ser nuestros padres. Es bastante difícil encontrar jóvenes que obedezcan a sus padres, realmente es satisfactorio cuando uno encuentra a alguien así, pero de quienes obedecen a sus padres ¿Cuántos los honran? ¿Cuantos van más allá de obedecerlos? Es una pregunta que nos debe llevar a reflexionar individualmente en si en verdad no hemos pecado.
La
ley, esta ley que Jesucristo no vino a abrogar sino a cumplir, nos da
conocimiento del pecado, de que le hemos fallado a Dios, de que algo anda mal
en nuestro ser y necesita ser regenerado. Para entender el origen del pecado es
necesario que nos sumerjamos en las Escrituras, que las interioricemos, y le creamos
a lo que nos dice (lea Romanos 5: 12-21).
Si
en alguna ley mencionada anteriormente has desobedecido entonces no te
esfuerces en cumplir las otras, pensando que podrás ganar el cielo “porque cualquiera que guarde toda la Ley,
pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2: 10(RVR
1995)). La ley es como un huevo perico, si un huevo está podrido daña al resto,
porque aunque las normas son muchas, en verdad es una sola ley, que se resume
en el amor.
El
único hombre, quien también es Dios, en cumplir toda legislación, todas las
leyes, es Jesucristo, y solamente en El hay salvación. Jesucristo vino a pagar
un alto precio, su sangre, para rescatarnos del cautiverio del pecado y la
muerte de quienes éramos esclavos a fin de darnos nuevo ser proveyéndonos, en
el Espíritu Santo, el temor de Dios con el propósito de que vivamos en
santificación, es decir en la voluntad de Dios.
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