EL EVANGELIO DEL ARREPENTIMIENTO

El evangelio de la prosperidad como el evangelio de la felicidad son un engaño de lo que verdaderamente es la vida de un hijo de Dios (Gálatas 1:7). El verdadero evangelio, el evangelio de Jesucristo es el evangelio del arrepentimiento.

El Evangelio es Poder de Dios porque es el único mensaje que puede transformar vidas. Este es el mensaje del evangelio:

“Queridos hermanos, quiero recordarles la buena noticia que les di. Ustedes la recibieron con gusto y confiaron en ella. Si continúan confiando firmemente en esa buena noticia, serán salvos. Pero si no, de nada les servirá haberla aceptado.

Lo primero que les enseñé fue lo mismo que yo aprendí: que Cristo murió en lugar de nosotros, que éramos pecadores. Tal como lo enseña la Biblia, fue sepultado y, después de tres días, Dios lo resucitó. Primero se le apareció a Pedro, y después a los doce apóstoles. Luego se les apareció a más de quinientos de sus seguidores a la vez. Algunos de ellos todavía viven, y otros ya murieron.  Más tarde se apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles. Por último, se me apareció a mí; a pesar de que lo conocí mucho tiempo después que los otros apóstoles.” 1 Corintios 15: 1-8 (TLA)

Este mensaje anuncia la buena noticia de la esperanza de volver a Dios. Todas las tribus, naciones y lenguas pueden recibir el regalo inmerecido de la Salvación gracias a Jesucristo.

 

¿QUIÉN ES JESUCRISTO?

“Antes de que todo comenzara
ya existía aquel que es la Palabra.

La Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.

Cuando Dios creó todas las cosas,
allí estaba la Palabra.

Todo fue creado por la Palabra,
y sin la Palabra nada se hizo.

De la Palabra nace la vida,
y la Palabra, que es la vida,
es también nuestra luz.
La luz alumbra en la oscuridad,
¡y nada puede destruirla!

Dios envió a un hombre llamado Juan,  para que hablara con la gente y la convenciera de creer en la luz. Juan no era la luz; él sólo vino para mostrar quién era la luz. Y la luz verdadera pronto llegaría a este mundo.

Aquel que es la Palabra estaba en el mundo.
Dios creó el mundo
por medio de aquel que es la Palabra,
pero la gente no lo reconoció.
 La Palabra vino a vivir a este mundo,
pero su pueblo no la aceptó.

Pero aquellos que la aceptaron
y creyeron en ella,
llegaron a ser hijos de Dios.

Son hijos de Dios
por voluntad divina,
no por voluntad humana.

Aquel que es la Palabra
habitó entre nosotros
y fue como uno de nosotros.

Vimos el poder que le pertenece
como Hijo único de Dios,
pues nos ha mostrado
todo el amor y toda la verdad.

Juan habló de aquel que era la Palabra, y anunció: «Ya les había dicho que él estaba por llegar. Él es más importante que yo, porque existe desde antes de que yo existiera.» Dios nos dio a conocer sus leyes por medio de Moisés, pero por medio de Jesucristo nos hizo conocer el amor y la verdad. Nadie ha visto a Dios jamás; pero el Hijo único, que está más cerca del Padre, y que es Dios mismo, nos ha enseñado cómo es él. Gracias a lo que el Hijo de Dios es, hemos recibido muchas bendiciones.”

Juan 1: 1-15 (TLA)

Jesucristo es Dios mismo. Él fue enviado a este mundo por la voluntad de Dios para que nosotros no nos perdiéramos sino tuviéramos la posibilidad de ser salvos si creemos en Él.

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