DECIRLE NO AL PECADO

El pecado es tan dañino para nuestras vidas que lo mejor que podemos hacer es decirle NO a su continua invitación de probarlo. Pero antes de buscar con nuestras propias fuerzas negarnos a caer en sus garras es necesario que reconozcamos que solo en Cristo podemos ser libres del pecado. Solo Jesucristo nos da la facultad, la potestad para decirle NO al pecado, es así que la primera invitación, si aún no lo has hecho es a acercarte a Jesucristo como el único que puede salvarte de la condenación que merecemos todos por nuestros pecados. Luego de reconocerlo tendrás que librar batallas internas en donde es menester de todos los días hacer morir lo terrenal en nosotros y procurar vivir continuamente en el espíritu, es decir en la dirección de Dios, pero tengamos muy presente que nuestra vida en Cristo no solamente es adquirir conocimiento, sino vivir aferrados al evangelio de la gracia.

Para concluir el presente libro se abordaran unos temas más, no sin antes dejar como invitación para quien está enfrentado una adicción o vergüenza tomar una decisión radical, sin ambivalencia ni timidez, sino con valentía, la decisión es a respetar su cuerpo, porque, si es cristiano, es templo del Espíritu Santo, así como lo hizo Josué quien huyó de la tentación por amor a Dios y Job quien se comprometió a cuidar sus ojos de lo que veía y como lo veía, diciendo “hice un pacto con mis ojos de no mirar con codicia sexual a ninguna joven” Job 31: 1 (NTV).

La tentación es innegociable, es un dardo del que debemos huir, es un ataque del enemigo del que no podemos ceder, porque ceder ante la tentación es pecar contra Dios. Gracias a Dios por su cuidado a nosotros, porque, como dice 1 Corintios 10: 13 “Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir”. Necesitamos, por lo tanto, velar constantemente en contra de la tentación (1 Pedro 5: 8) y examinar nuestro corazón a la luz de las Escrituras.

Nuestro corazón, como hijos de Dios, tiene que descansar en las manos de Dios, no debemos preocuparnos por el futuro, preguntándonos ¿Qué vamos a comer? ¿Qué vestiremos? ¿Con quién nos casaremos? ¿Qué estudiaremos? Nuestra vida es diferente, es una nueva vida, que no debe seguir alterándose como la mayoría de personas. Más bien, el Señor nos aconseja en su Palabra a que en medio de una sociedad llena de caos, desorden y violencia aprendamos a descansar en Él, a dejar de pensar en la vanidad, más bien dirijamos nuestro corazón en mirar lo eterno.

“…haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”  Lucas 12: 32-34 (RVR 1960)

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