¿CUÁL ES MI MOTIVACIÓN?
Dios no quiere de nosotros solamente el servicio, ni la oración, ni nuestros cantos a Él, ni que demos dinero para el diezmo, para las ofrendas o para misiones, sino lo que en verdad Dios quiere de nosotros es una motivación correcta en lo que hacemos, porque ¿de qué sirve predicar de su Palabra sin temor a Él? o ¿para qué orar si no se pide conforme a su voluntad? No puedo agradar a Dios con motivos egocéntricos sino solo con los correctos.
“…Bendeciré a los que
tienen un corazón humilde y arrepentido, a los que tiemblan ante mi palabra.”
Isaías 66: 2 (NTV)
La
necesidad de glorificar al verdadero y único Dios, día a día, es lo que nos
debe motivar a obedecer su Palabra y no nuestro propio orgullo. Como nos dice
Proverbios 16: 26:
“Es bueno que los
trabajadores tengan hambre; el estómago vacío los motiva a seguir su
labor.”
Así
mismo nuestra motivación de servir a Dios debe ser satisfacer el propósito por
el cual el Señor nos creó: GLORIFICARLO. No fuimos creados para enorgullecernos
sino para adorar a Dios con un corazón humilde, arrepentido, limpio y puro. En
verdad no tenemos de que enorgullecernos, porque como dice la Biblia:
“…. ¿Qué tienen que Dios
no les haya dado? Y si todo lo que tienen proviene de Dios, ¿por qué se jactan
como si no fuera un regalo?”
1 Corintios 4: 7 (NTV)
La
Biblia nos enseña un ejemplo del pueblo de Israel que debemos seguir. Moisés,
siervo de Dios, dio instrucciones que Dios había ordenado al pueblo de Israel
para que obedecieran, instrucciones para levantar el tabernáculo, y luego de
terminar Moisés de proferir palabra de Dios ante el pueblo,
“…toda la comunidad de
Israel se despidió de Moisés, y cada cual regresó a su carpa. Todos
aquellos con el corazón motivado y el espíritu conmovido regresaron con
ofrendas sagradas al Señor”
Éxodo 35: 20-21(NTV)
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