¿CÓMO SER LIBRES DE PECADOS RECURRENTES?
Somos libres viviendo como libres, como lo que somos, si es que somos libres, pero vivimos en esclavitud cuando siendo libres creemos que seguimos siendo esclavos o en verdad seguimos siendo esclavos. Aunque parece sencillo responder a esta pregunta que se hace constantemente una persona que se encuentra en esclavitud a uno o varios pecados en particular es necesario ampliarla y profundizarla por medio de las Escrituras que son el fiel Consejo de Dios.
El mensaje que Jesucristo envió por medio de Juan a la
iglesia en Éfeso responde claramente al corazón de esta pregunta, como se dijo
anteriormente es necesario reconocer nuestro pasado no en un sentido de
remordimiento y continua tristeza sino para que evitemos caer en un olvido que
podría alimentar nuestra soberbia, pero el mensaje central que Jesucristo le
enseña a esta iglesia es una amorosa exhortación y advertencia. Esta iglesia
tenía un buen conocimiento en la doctrina, había disfrutado de la instrucción
de ejemplares pastores y maestros como Apolos, el mismo Pablo (Hechos 18-21; 1
Cor. 15-16) quien escribió una carta para ellos, y según afirman algunos
historiadores hasta el apóstol Juan estuvo enseñándoles a ellos, pero con todo
y estas hermosas grandes bendiciones que habían recibido de parte de Dios
estaban en un grave peligro y por eso la advertencia. Tengamos cuidado de
pensar que por nacer en un hogar cristiano o reunirnos en una iglesia de sana
doctrina, somos salvos, porque no es asi, más bien prestemos mucha atención a
esos pecados recurrentes que podrían estar diciéndonos claramente que no somos
salvos, porque una oveja puede caer, extraviarse e irse del rebaño, pero su
pastor siempre la volverá a traer a su redil, y la oveja siempre deseara y
procurara volver al mismo, en cambio un animal que no pertenece al rebaño del
pastor permanecerá eternamente extraviada en su condición.
La iglesia en Éfeso había empezado bien, inclinando su
corazón y hasta sus afectos más profundos al Señor Jesucristo, demostrándolo en
su fe en el Señor y en su amor para con todos los santos (Ef. 1: 15), pero
lamentablemente había caído, habían dejado de amar lo más importante,
abandonaron su amor a Dios por el amor a otras cosas (Mat. 6: 24), por lo que
la exhortación es a recordar, a hacer memoria y a estar reflexionando
profundamente en la causa de su derribamiento, de su terrible caída. Pero esta
exhortación tambien era una advertencia, no reflexionar para llegar al arrepentimiento,
y volver a amar e inclinar su corazón hacia Dios los llevaría a su propia
destrucción, esto no está refiriéndose a una pérdida de salvación sino a lo
contrario a una seguridad de salvación, porque si en verdad una persona es
salva volverá de su error, dejara ese pecado recurrente, escuchando la
exhortación de Dios, arrepintiéndose de su pecado, pero si no, morirá en su
pecado, demostrando que no era un verdadero creyente sino uno falso, asi
tambien una iglesia que no es verdadera caerá en su propio pecado y no
permanecerá, pero la Iglesia verdadera nunca perecerá, porque Jesucristo, su
Señor ha dicho “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:
18).
La verdadera iglesia, es el rebaño de ovejas que le
pertenecen al Señor Jesucristo, esta iglesia no solo debe pensarse de manera
grupal sino individual, eres tú, si en verdad has nacido de nuevo. No pienses
de manera impersonal en este pasaje de las Escrituras, sino piensa en ti,
examina tu vida constantemente preguntándote si no has caído en este mal que
cayó la iglesia en Éfeso. La falta de afecto o el enfriamiento del corazón a
todo lo que es verdadero, a Dios y a su hermosa Palabra, producirá siempre caída
a la idolatría, a un pecado recurrente, a una vida doble, a una gran vergüenza
de la cual solo se puede ser restaurado en la Gracia del Señor. Tenemos que
tener cuidado de nosotros mismos, de no creernos firmes sino de permanecer
firmes, de nunca pensar que ya no necesitamos más del Señor, sino de
deleitarnos y desear, como niños recién nacidos, la Palabra de Dios no
adulterada (1 Pedro 2: 2), no para creernos mejor que los demás, ni para
vanagloriarnos, sino para glorificar cada vez más y de mejor manera a nuestro
Señor.
Si no crees en el evangelio, crees en lo contrario al
evangelio, si no confías en Jesucristo entonces desconfías de Él, por lo tanto
no puedes vivir con ambigüedad sino con firmeza en la confianza absoluta en
Jesucristo el único que puede darte verdadera libertad por Gracia. No es
ninguna obra la que te puede dar libertad, ningún esfuerzo humano que puedas
llegar a hacer, sino solo la Gracia de Dios que te puede dar las fuerzas
necesarias para ser libre de cualquier pecado que te ha hecho olvidar tu libertad,
si es que eres verdaderamente libre, por eso dicen las Escrituras “pues tú,
hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (2 Tim. 2: 1).
La mentira, la lujuria, la codicia, y todo deseo
distorsionado que puede verse de maneras muy sutiles, pero cuyo daño es siempre
igual de desastroso es el lodo del que debe siempre huir el creyente. Aunque su
problema no radica en la acción sino en el corazón, procurare hablar en primer
lugar de las consecuencias de sus acciones, para empezar daré como ejemplo la
vida de Salomón.
Salomón fue un hombre muy sabio, a quien todos los reyes
de la tierra acudían para recibir consejo, aun se le atribuye haber escrito el
libro de los Proverbios el cual contiene gran sabiduría, pero podemos ver su
talón de Aquiles que terminó con su reinado prontamente. En 1 Reyes 11:1-3 las
Escrituras nos dicen que el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón,
muchas otras mujeres que Dios mismo les había ordenado a los israelitas que no
se llegaran a ellas, porque esto les llevaría a inclinar su corazón tras sus
dioses. Este hombre sabio se dejó llevar por la sensualidad, no fue fiel a su
mujer, la hija del Faraón, sino que dejándose enredar por sus propias pasiones
se unió en matrimonio a estas otras mujeres y tras ello inclinó su corazón
hacia sus ídolos, como narran las Escrituras en 1 Reyes 11: 5-6:
“Salomón
siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los
amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová”
Las riquezas y fama del rey Salomón le dieron grandes
privilegios los cuales, aunque en un principio reconoció que provenían de Dios,
luego le llevaron poco a poco a creer que eran consecuencia de su propio
esfuerzo y sabiduría, robándole la gloria a Dios para crear su propia norma de
vida en la cual desvió su corazón tras el adulterio. Creo que tiene bastante
similitud con lo que le ocurrió a la iglesia en Éfeso, pero tambien fue
semejante a lo que pasó con Sansón (Jueces 16) el hombre más fuerte que hubiere
existido pero que entregó sus fuerzas a la mujer extraña, lo que provocó su
propia muerte.
En medio de la situación en la que estemos, sea buena o
mala, debemos reconocer la soberanía de Dios Padre y disfrutar de nuestra
satisfacción en Dios Hijo, es decir confiar con completa convicción en que
Jesucristo nos llena por completo, porque buscar lo que Él quiere en nuestra
vida, es el camino de la cruz que provee de buenos frutos, llevándonos a
responder en medio de cualquier circunstancia conforme al fruto del Espíritu
Santo. Por lo anterior, examine su corazón y confiese su pecado ante quienes ha
ofendido, primeramente a Dios y luego a su familia, apártese de este gran mal y
busque restaurar su hogar pero sobre todo su relación con Dios, con la ayuda,
sabiduría y fortaleza de Dios.
“Oye
mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor” Salmo 39: 12 (RVR
1960)
Confesar el pecado es reconocer que el pecado es lo que
Dios dice que es, un desastre, una gran maldad, una terrible ofensa ante el
Creador y hacia los demás. La persona que tiene este pecado persistente debe en
primer lugar reconocer que está en un camino de espinas, un círculo vicioso de
necedad del cual no puede escapar por sí mismo, que necesita comprender el gran
error al que está dirigiendo su corazón y desde lo más profundo de su interior
reconocerlo ante el Señor, clamando a Dios de corazón por Su Misericordia, como
lo hizo David después que adulteró con Betsabé y fue confrontado con su pecado
por Natán en el Salmo 51:
“Ten
piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de
tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de
mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado esta siempre delante
de mí.” (1-3)
Una vez reconocido y confesado el pecado ante Dios es
necesario confesarlo a aquellas personas que ha ofendido, una estrategia para
hacerlo de una manera sabia es ensayando con un papel. A veces no sabemos que
vamos a decir, pero se puede escribir en un papel lo que vamos a decir y
analizar que en ello no nos estemos excusando, sino en verdad reconociendo el
pecado, la ofensa y tambien el deseo de cambiar, y recuerda que pedir ayuda es
válido, es una acción muy humilde. Es tambien prudente discernir los tiempos y
orar a Dios con anterioridad para hablar sabiamente y alejarse de todas
aquellas cosas que representan alguna forma de infidelidad. No solo alejarse de
ello sino tambien de todo aquello que pueda hacerle estar cerca de lo que
quiere llevarlo a caer en este pecado que lo había atado tanto tiempo, y
cultivar una vida de devoción sincera a Dios, es asi que dos acciones son
claves allí: dejar y acercarse. Dejar el pecado y todo lo que quiera llevarlo a
este y acercarse en intimidad a Dios, reconociéndolo en todos sus caminos, pero
no me malinterprete, no es que usted debe acercarse a Dios cuando ya este
limpio de su pecado, porque solo Dios puede limpiarlo. Por ultimo realice un
examen continuo y no deje de luchar en contra de lo que le hace pecar, el primero
le hará ver lo que debe mejorar, y lo que ha podido por la Gracia de Dios
dejar, esto tambien le permitirá ver el progreso que será de gran aliento en su
vida y tambien le ayudará a disfrutar mejor de su relación con Dios, porque su
relación con Dios es lo que más le debe importar.
El consejo noutetico es abandonar este pecado de
inmediato, no debe tardarse en hacer esto tiene que hacerlo ahora, y de la
misma manera ir ante Dios en arrepentimiento ahora, como dice Joel 2: 12: “Por
eso pues ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con
ayuno y lloro y llanto.”
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