¿CÓMO SER LIBRES DE LA ANSIEDAD?
La ansiedad causada por diferentes situaciones, como la frustración, la incertidumbre o la inestabilidad emocional, es una señal de advertencia porque de no ser controlada puede llevarte al pecado.
Los deseos pecaminosos, carnales, corrompidos por el
pecado se encuentran en el engañoso corazón de todo ser humano, pero del mismo
depende si alimentarlos o no, es decir si satisfacer al deseo o no. Pero ¿Qué
es eso de desear? Desear, según el Diccionario general Ilustrado de la Lengua
Española es “sentir atracción hasta el
punto de querer, poseer o alcanzar” (p.375), y todos tenemos deseos en
nuestro corazón, es decir que en nuestro corazón existen cosas que nos atraen,
algunas buenas y otras malas, las cosas malas que nos atraen son llamadas
concupiscencia. La concupiscencia es definida como ese deseo desordenado que
acompañado de un ánimo inquieto produce como fruto el pecado; para el teólogo
de siglo IV, Agustín de Hipona, la concupiscencia es un terrible deseo del que
los que están bajo la gracia tienen que lidiar de la siguiente manera:
De la tiranía de esa concupiscencia (de la carne)
no libera sino la gracia de Dios por Jesucristo nuestro Señor con el don del
Espíritu Santo, por quien la caridad derramada en nuestros corazones vence las
concupiscencias de la carne, de modo que no consintamos en ellas para hacer el
mal, sino que hagamos el bien. [1]
La manera bíblica de batallar contra la concupiscencia es
no permitiéndole que se haga lo que esta desea, es una decisión por la pureza y
por mantener una buena comunión con Dios, pero este mal deseo que se refugia en
nuestra alma solo será destruido cuando nuestro cuerpo mortal deje de latir, es
decir que la esperanza de ser libres por completo de la concupiscencia será
posible disfrutarla en la resurrección a unos nuevos cuerpos que serán
gloriosos y sin ninguna manifestación de pecado.
“…cada uno es tentado
cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha
concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la
muerte.” Santiago 1: 14-15 (LBLA)
El pecado es transgresión de la ley de Dios, no es el
deseo en sí mismo, aunque tiene que ver, porque el deseo honroso del ser humano
por hacer el bien ha sido corrompido por el pecado, pero afirmamos que no es el
deseo en sí mismo porque el deseo a hacer lo malo hace parte de la condición
pecaminosa del ser humano que no puede extinguirse por completo mientras
estemos en este cuerpo alterado por el pecado y destinado a la muerte. Ahora,
como la concupiscencia se encuentra en nuestro corazón, es necesario no
alimentarla ¿Hasta cuándo es necesario que dejemos de alimentar lo que también
llamamos carne? Hasta que muramos, el mandato para la pureza sexual es hasta la
muerte, porque el día que pensemos que podremos alimentarla pecaremos. Por lo
anterior ignoremos, seamos completamente indiferentes y matemos en nosotros a
la lujuria, la lascivia, la concupiscencia y todo deseo desordenado que solo
busca el pecado, porque el fin del pecado siempre será la muerte es así que el
pecado destruye al que le sirve.
La condenación a la muerte y al infierno es lo que
nosotros debemos recordar cuando pensamos en la palabra pecado, porque es su
verdadera cara. El pecado es como esas historias de brujas que andaban en los
bosques de apariencia juvenil y hermosas, buscando atraer a los jóvenes a sus
moradas para que se quedaran con ellas por largos años, comiendo de aparentes
banquetes deliciosos cuando en realidad eran brujas ancianas de aspecto
horripilante que les ofrecían gusanos y estiércol como comida, pero no se daban
cuenta de la realidad por el embrujo hasta que algo ocurría y abrían los ojos
frente a su realidad. Ahora, estamos como ese algo que busca abrir los ojos que
han sido engañados a la realidad del pecado y lo hacemos predicando a Cristo,
exponiendo a los oídos del ser humano la palabra de Dios y diciendo la verdad
del pecado que no es felicidad y tranquilidad, sino es destrucción y muerte,
por lo tanto aléjate, huye del pecado y la muerte antes que sea demasiado
tarde.
[1] Hipona (Antes del 427), Las
Retractaciones,
https://www.augustinus.it/spagnolo/ritrattazioni/ritrattazioni_1.htm, 103.
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