¿CÓMO PODEMOS CAMBIAR ESTA SITUACIÓN?
Esta es la pregunta diaria de mucha gente, pero lo primero que debe preguntarse es ¿cómo puedo cambiar yo? La respuesta es sencilla pero única: -Es necesario que nazcas de nuevo-.
“Había un hombre de los
fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a
Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro;
porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un
hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de
su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es
nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No
te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla
de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va;
así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo:
¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de
Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos
hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las
celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del
Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el
desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado,
porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la
condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo,
aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus
obras son hechas en Dios. Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la
tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. Juan bautizaba también
en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran
bautizados. Porque Juan no había sido aún encarcelado. Entonces hubo discusión
entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Y vinieron
a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del
Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. Respondió
Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino
que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el
amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz
del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca,
pero que yo mengue. El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la
tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre
todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que
recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz. Porque el que Dios
envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El
Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el
Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida,
sino que la ira de Dios está sobre él.”
Juan
3 (RVR 1960)
Muchos
filósofos e ideólogos, como Marx o Engels, nacieron en un entorno que les dio a
conocer la Palabra de Dios, mas ellos prefirieron ir tras sus vanas filosofías.
No se trata de solo conocer o hablar de lo que dice la Palabra de Dios sino de
vivir las Escrituras.
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