¿CÓMO DEJAR DE PENSAR EN LO MALO?
Todo aquello que deshonra a Dios es malo, impuro y sucio, porque no contempla la santidad de Dios, sino la ignora, por lo que es necesario desecharlo como lo que es, basura que no puede ser reciclada, pero hacerlo implica también un sacrificio, nuestra carne, y meditar en todo aquello que es bueno.
“No
os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta.” Romanos
12: 2 (RVR 1960)
La mejor ofrenda que podemos
entregarle a Dios no es una gran suma de dinero, nuestros bienes materiales o
algo semejante, sino es nuestro cuerpo. Entregar nuestro cuerpo a Dios es
guardarlo en santidad y esto es verdadera adoración, como dice Eldon Ladd “La
ofrenda del cuerpo como sacrificio vivo (Rom. 12: 2) significa la entrega de
uno mismo a Dios. Que Cristo sea magnificado en mi cuerpo (Fil. 1: 20)
significa honrar a Cristo en mi persona, en mí mismo”.[1]
La única manera de que nuestra mente deje de pensar en lo malo es no conformándonos a este mundo, por ello no sigamos los mismos intereses banales de la mayoría y permitamos que nuestra mente sea transformada por Dios en una manera de pensar que le glorifique, porque solo de esta manera comprenderemos la voluntad de Dios. Por consiguiente no es bueno dejar que malos pensamientos divaguen en nuestra mente sino tenemos que rechazarlos de inmediato, dejar de pensar con una mente egoísta, sin amor y sin temor a Dios, para centrarnos en la sabiduría del Señor, lo cual nos permitirá disfrutar de la gracia y la vida que Dios quiere para cada uno de nosotros con un corazón gozoso y lleno de agradecimiento.
“Por
lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo,
todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo
que merece elogio, en esto meditad.”
Filipenses 4: 8 (LBLA)
No juguemos con el pecado, no
demos lugar al diablo, porque cuando lo hacemos nuestra mente puede caer en el
engaño del mal, más bien usemos bien el tiempo aprendiendo de Dios, leyendo su
Palabra, meditando en sus enseñanzas, obedeciendo sus mandamientos, orando en
todo tiempo y aún más en estos días que son cada día más difíciles.
[1] George Eldon Ladd, Teología del
Nuevo Testamento, trad. de Jose-Maria Blanch y Dorcas González Bataller
(Barcelona, España: CLIE, 2002), 618.
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