APRENDER A REFRENAR LA LENGUA
Hablar más de la cuenta es algo que debemos evitar, pero en muchas ocasiones lo hacemos, porque no hemos aprendido a guardar nuestra boca del mal, es muy difícil, pero no imposible y requiere de nuestro compromiso.
“Si
alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que
engaña su corazón, la religión del tal es vana.”
Santiago
1: 26 (RVR 1960)
Refrenar la lengua, es como ponerle un doble freno para
que no hable lo que no debe, y muchas veces eso ocurre porque hablamos más de
lo necesario.
“En
las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es
prudente.”
Proverbios
10: 19 (RVR 1960)
Uno de los peligros más graves en nuestro camino de la
santificación es hablar sin freno, por lo anterior es necesario aprender a
domar la lengua y no lo contrario, es decir que lleguemos a poder controlar
nuestra lengua y no que nuestra boca nos sea controlando de tal manera que
hablemos sin prudencia.
“El
ser humano puede domar toda clase de animales, aves, reptiles y
peces, pero nadie puede domar la lengua. Es maligna e incansable, llena de
veneno mortal. A veces alaba a nuestro Señor y Padre, y otras veces
maldice a quienes Dios creó a su propia imagen. Y así, la bendición y la
maldición salen de la misma boca. Sin duda, hermanos míos, ¡eso no está bien!” Santiago
3: 7-10 (NTV)
La abstinencia en la lengua no solo evita problemas sino
nos permite vivir de manera agradable ante Dios cuando guardamos silencio en
momentos que demandan este silencio. Para poder lograr un apropiado control de
nuestra lengua es necesario llegar a la raíz del asunto que es el corazón,
porque “…de la abundancia del corazón habla su boca.” (Lucas 6: 45).
El corazón del ser humano, refiriéndonos a la mente, los
pensamientos y todo lo que lo involucra, requiere de ser purificado
constantemente con la Palabra de Dios, solo asi podrá nuestra boca hablar lo
bueno y aun nuestras acciones ser cada día mejores delante de Dios.
“¿Con
qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”
Salmos 119: 9 (RVR 1960)
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