UN CAMBIO PROGRESIVO DE AFECTOS
Los afectos se refieren a las emociones, a lo que nos produce alegría o tristeza, a lo que disfrutamos o a lo que odiamos, a lo que nos emociona o nos aburre. Los afectos son las expresiones más fuertes de nuestro corazón, mucho más que la misma razón, porque la razón puede comprender que robar es malo y entiende la razón de este gran mal, pero si aún sigue disfrutando el robar entonces el afecto triunfará sobre la razón y la persona seguirá robando, aunque comprenda que está mal aquello que hace, entonces ¿Cómo es posible dirigir los afectos si es lo que terminara conduciendo nuestras decisiones y acciones?
Dios
mío aun sigo en el proceso de aprender a depender de ti, no de mis emociones,
para que mis emociones sean dirigidas por ti, pero a veces mi orgullo me gana y
me dejo seducir por el pecado, afectando mis afectos para el mal, cuando debo
dejar que estos sean conducidos por ti para bien, ayúdame en ello, a no creerme
firme sino a estar firme, siendo humilde y fortaleciendo mi temor a ti. Te
suplico tu ayuda y fortaleza en medio de mi gran debilidad, porque no puedo sin
ti, en Cristo Jesús, mi amado Señor. Amen.
Es mucho más difícil educar nuestros afectos
que nuestros razonamientos, por lo tanto, presta mucha atención a las
siguientes recomendaciones que podrán ayudarte en este proceso formativo de
afectos. Primero que todo nuestro corazón debe cambiar por uno nuevo, porque
sin el nuevo nacimiento es imposible empezar un cambio progresivo de afectos, y
en este cambio progresivo debemos mirar a nuestro gran Maestro, a Jesucristo,
quien amaba con todo su ser todo lo bueno y odiaba todo lo malo, como bien
explicó Edwards,
Jesucristo
mismo tenía un corazón asombrosamente tierno y afectuoso, a la vez que
expresaba su justicia fuertemente con emociones santas. Tenía el más fuerte
amor por Dios y por los hombres, el ardor y el vigor más grandes que hayan
existido. Este amor santo fue el que triunfo en el Getsemaní cuando luchó con
el temor y el dolor, cuando su alma estaba "muy triste, hasta la
muerte" (Mateo 26:38).
Vemos
que durante sus días en la tierra, Jesús tuvo una vida emocional poderosa y
profunda. Leemos de su gran celo por Dios: "El celo de tu casa me
consume" (Juan 2:17). Leemos de su tristeza por el pecado de los hombres:
"entristecido por la dureza de sus corazones" (Marcos 3:5).
La dirección de nuestra alma debe ser
conducida por nuestro gran Maestro, el Perfecto que nunca se equivoca, nuestro
gran Dios que necesitamos por completo, pero necesitamos depender completamente
de Dios y tener mucho cuidado de dejarnos engañarnos por nuestros malos deseos,
mortificando a diario el pecado que habita en nuestros corazones. El afecto
profundo de nuestras almas enseña si somos o no cristianos, pero esto no quiere
decir que nunca pequemos, como bien sigue explicándonos Edwards,
Concedo
que los verdaderos cristianos se pueden enfriar espiritualmente, rendirse a la
tentación, y caer en grandes pecados. No obstante, nunca pueden caer tan
completamente que se cansen de Dios y la obediencia, llegando a establecerse en
un rechazo fijo al cristianismo. Nunca pueden adoptar una manera de vivir en la
cual otra cosa es más importante que Dios. Nunca pueden perder por completo su
distintividad del mundo incrédulo, o revertir a la misma condición que tenían
antes de su conversión. Si este es el efecto que los problemas tienen sobre uno
que profesa ser cristiano, nos muestra que su conversión no ha sido genuina.
"Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido
de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se
manifestase que no todos son de nosotros" (1 Juan 2:19).[1]
Como cristianos podemos ser engañados por
nuestros sentidos y pecar, pero no podemos gozarnos en el pecar, porque aunque
podamos disfrutarlo por un breve tiempo deseamos huir del mismo y no caer en
sus garras. Nuestra lucha es contra esa falsedad de placer, contra lo que
parece ser bueno, pero es realmente malo, contra el engaño del pecado en el que
muchas veces caemos, porque nunca encontraremos lo que buscamos en el pecado
sino solo en Jesucristo.
La lucha contra nuestros afectos mal
dirigidos debe darse todos los dias, pero tambien es una guerra entre nuestros
afectos y acciones, porque muchas veces no hacemos lo que queremos sino aquello
que odiamos y nos hace tanto daño, como dijo el apóstol Pablo,
"Porque
no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo
que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí." Romanos 7: 19-20
(RVR 1960)
En nuestra lucha por tener afectos santos que
se deleiten en todo lo bueno debemos procurar disciplinas espirituales, estas
se refieren a decisiones en contra de todo lo que nos quiera llevar hacia lo
malo, un radical NO a la mirada con codicia, a un pensamiento obsceno, a una
semilla de orgullo, etc. La decisión es relevante, pero esta debe darse desde
el mismo pensamiento, porque nuestra mente es el más grande campo de batalla.
Mi
Dios amado tu sabes cuantas veces he pecado desde mis pensamientos y en mi
ignorancia he dejado que estos pensamientos se transformen en acciones
pecaminosas que me han hecho mucho daño, perdóname por pecar en contra de ti
desde mi corazón, te ruego que me guíes desde cada uno de mis pensamientos a no
meditar en los malos sino en los buenos pensamientos para que sean mis acciones
conforme a tu Santa Voluntad. Ayúdame Señor, te lo pido en Cristo Jesús. Amen.
Dejemos de huir de la realidad, escondernos
en nuestros miedos, y procuremos enfrentar con valentía y gozo la verdadera
realidad, porque toda ella es mejor de lo que podemos pensar, pero si la vivimos
en Cristo, porque separados de Jesucristo todo es vanidad y un desfallecer del
alma. Debo reconocer que a veces he querido huir de la realidad, pero
enfrentarla es bueno, puede haber miedo o temor, pero es normal, lo importante
aquí es no dejarnos llevar o controlar por estos temores sino dejarlos en las
manos de Dios y confiar en Jesucristo.
El mejor banquete de la vida empieza a
disfrutarse al dejar la adicción, reconociendo que SI se puede dejar la
adicción y lo puedes hacer en conocer a Dios, en disfrutar de tu comunión intima
con Él cada día de tu vida. No creas que eres el único con tu adicción, eso
puede crear más problemas que soluciones en tu vida, por lo que escucha lo que
otros dijeron, esos otros que salieron de su adicción sobre su adicción y recibe
el buen consejo desde sus historias.
Las adicciones como lo dice Edward T. Welch
son como un banquete en el sepulcro, por lo tanto, debemos rechazarlas y si de
ella nos estamos alimentando entonces tenemos que dejarlas lo más pronto
posible antes que acaben con nosotros, para ello la comunidad es muy importante,
porque nos permite crecer y ser fortalecidos, pero debemos primeramente
reconocer que nuestro problema principalmente es con Dios. La adicción que
podamos llegar a tener está conectada con Dios más de lo que podemos creer.
“La mujer insensata
es alborotadora;
Es simple e
ignorante.
Se sienta en una
silla a la puerta de su casa,
En los lugares altos
de la ciudad,
Para llamar a los que
pasan por el camino,
Que van por sus
caminos derechos.
Dice a cualquier
simple: Ven acá.
A los faltos de
cordura dijo:
Las aguas hurtadas
son dulces,
Y el pan comido en
oculto es sabroso.
Y no saben que allí
están los muertos;
Que sus convidados
están en lo profundo del Seol.”
Proverbios 9: 13-18
(RVR 1960)
Esta porción de las Escrituras nos habla del
fenómeno de la adicción, la cual seduce, se ve atractiva, pero cuando la luz se
enciende se ve tal y como es en su completa asquerosidad, pero no solo debemos
reconocer su realidad sino desear algo mejor. El tratamiento de las adicciones
es desear algo mejor que las adicciones, es anhelar con todo nuestro corazón el
Banquete de Dios, aunque esto requiera el negarnos a nosotros mismos, porque no
hay mejor banquete que disfrutar de la comunión personal con Dios.
“A
todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid,
comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué
gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?
Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.” Isaias 55: 1-2 (RVR
1960)
Escuchar es necesario para adquirir
sabiduría, pero es necesario diferenciar la voz de la necedad con la voz de la
sabiduría. Mientras la necedad llama a un placer inmediato, en medio de la
pudrición, la sabiduría dice:
“Hijo
mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque
largura de días y años de vida y paz te aumentarán.” Proverbios 3: 1-2
(RVR 1960)
La sabiduría hace bien al que la busca, la estima y la adquiere, por lo tanto, escucha atentamente a la voz de la sabiduría. Si, es sobre la lealtad, se refiere a ser leal a Dios, dice continuamente la sabiduría que eso es lo más importante, porque en ello encontramos libertad. La ley de la libertad debe ser escuchada y obedecida, porque permaneciendo en ella andaremos muy felices y libres de la adicción (Stg. 1: 22-25).
[1] Jonathan
Edwards, LOS AFECTOS RELIGIOSOS La Válida Experiencia Cristiana (1746), 50
[2] Edward T.
Welch, Punto de decisión (Colombia: Poiema, 2022), 83
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