SIN AFECTO FRATERNAL
La falta de afecto de los padres a un hijo perturba en su seguridad, es una realidad notoria, la misma educación se ha dado cuenta de la gran influencia de los padres en la formación de su hijo, pero la solución que han propuesto no ha sido la más conveniente, ni tampoco la mejor forma de abordar esta problemática, porque no es el principal determinante en la conducta de una persona.
El
humanismo se centra en el hombre de tal manera que dicen “primero yo, segundo
yo y tercero yo” pero el Señor nos enseña que primero es El, segundo el prójimo
y tercero eres tú, lo que ocurre con el afecto fraternal es un problema de
prioridades, no sentimos el amor de nuestro padre porque quizás no nos lo ha
dado, pero no es aquello lo más importante sino es ¿yo he dado afecto fraternal
a mi padre o madre? Alguna persona podría decir ¿Cómo dar algo que no recibí?
Bueno, el punto es que todos hemos recibido de Dios la oportunidad de la
salvación, una salvación que alcanza a todo aquel que cree en Jesucristo, una
salvación de la ira de Dios y de nuestra condenación, pues estamos en pecado,
desde que nacemos, esta es la verdadera razón por la que un padre no da afecto
genuino a su hijo y tampoco un hijo a su padre.
El
Señor cuando le da vida al muerto, no le dice cosas como “mira ahora tienes que
buscar dentro de ti como superar tu falta de afecto fraternal”, sino al darle
vida le da amor y le ordena dar a los demás de aquel amor que ha recibido por
pura gracia.
“Amaos
los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los
unos a los otros” Romanos 12: 10 (RVR 1960)
“Y
este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su
hermano” 1 Juan 4: 21
(LBLA)
“Amados,
amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que
ama es nacido de Dios y conoce a Dios” 1 Juan 4: 7 (LBLA)
Como
iglesia estamos para dar y si vemos, el resultado de dar, es al final recibir
más de lo esperado, por lo tanto demos amor, demos ánimo, un ánimo que motive a
nuestro hermano a seguir adelante en el camino del Señor, y aun démonos a
nosotros mismos, sin esperar recibir nada a cambio del otro, y en verdad que
recibiremos más de lo que hemos sembrado en otros porque siempre cosecharemos
más de lo que sembramos.
“Por
lo demás, hermanos, regocijaos, sed perfectos, confortaos, sed de un mismo
sentir, vivid en paz; y el Dios de amor y paz será con vosotros.”
2 Corintios 13: 11 (LBLA)
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