APRENDIENDO A RESPIRAR CON UN TAPABOCAS
Es necesario, como hijos de Dios, que aprendamos a vivir gozosos aun en medio de la aflicción y de la persecución. El presente mensaje tiene como referencia el tapabocas, un accesorio que se ha convertido en una vestimenta esencial para salir a la calle, porque aparentemente protege del virus, pero es un instrumento que molesta, incomoda y no permite respirar adecuadamente en la calle. Así, de esta manera, es que tenemos que aprender a vivir espiritualmente, cubiertos nuestros corazones con la Palabra de Dios, cuando salimos a este mundo cruel y siniestro, en nuestra casa, en nuestro trabajo, en todo lugar y, aunque sea difícil para la carne, es realmente bueno para el espíritu, por lo tanto, no nos separemos de la Palabra.
Los tapabocas pueden ser semejantes
también a esas circunstancias que nos dan rabia, malgenio o simplemente nos
fastidian, pero que tenemos que enfrentar. La solución no es quitarnos el
tapabocas, no es huir de los momentos incomodos, sino es enfrentarlos de la
mejor manera, con calma, paciencia, templanza y con confianza en el Señor, pero
si nos dejamos llevar por el momento o por la circunstancia entonces podremos
pecar, desestabilizarnos, enorgullecernos y cometer actos terribles, por lo
tanto, descansemos en el Señor y no confiemos en nuestras propias fuerzas,
habilidades o capacidades, porque solo Dios tiene el control de toda
circunstancia.
La paz de Dios es la que debe dar
tranquilidad a un hijo de Dios en momentos de angustia y, la única manera de
fortalecer la paz de Dios en nuestro corazón, es rindiéndose a la voluntad de Dios. Es así que se puede reconocer la
angustia en un cristiano como señal de que algo anda mal, de que aún no se ha
rendido completamente a la voluntad de Dios.
Es evidentemente claro que estamos en
los últimos tiempos, pero no tenemos que angustiarnos por esto, ni dejarnos
llevar por pensamientos como los infundidos por la llamada teoría de la
conspiración o cualquiera otro semejante que tiene la única intención de
atribular a las personas, así como lo hizo Elena de White, fundadora de la
secta de los adventistas, quien dijo “no
hay tiempo que perder nos esperan tiempos angustiosos”. Aunque tenía razón
en la primera parte cuando dijo que no hay tiempo que perder estaba equivocada
en su motivación, porque su ánimo no reposaba en Cristo sino en los tiempos
angustiosos, es decir, en el corazón de esta mujer albergaba la angustia y no
la paz de Dios y, de esta manera, incitaban a los demás, pronunciando falsas
profecías y engañosas doctrinas.
William
Miller y Ellen G. White, los fundadores de los adventistas del séptimo día,
falsamente profetizaron que Jesús regresaría en 1843. Cuando la predicción
falló, cambiaron la fecha a 1844. Cuando sus cálculos demostraron una vez más
el error, insistieron en que la fecha no estaba equivocada. Al contrario, según
ellos, debía haber un error en el acontecimiento que asociaron a la fecha. Así
que inventaron una nueva doctrina, afirmando que Cristo entró en su santuario
celestial en 1844 para iniciar una segunda obra de expiación (en franca
contradicción con Hebreos 9.12 y una serie de pasajes del Nuevo Testamento). [1] (MacArthur, 2014, p.128)
Los falsos maestros proclaman
angustia con el fin de lucrarse, pero Jesucristo no enseñó así, sino por el
contrario, enseñó la verdad, reveló el pecado del hombre por medio de la Ley y
se dio conocer a la humanidad como el único Camino en el que puede el hombre
ser salvo de su perversa condición pecaminosa que lo conduce al abismo
infernal.
Los adventistas, como muchas otras
religiones afirman saber bien los tiempos finales, y aunque los estudios que
hacen tiene muchas cosas interesantes es muy difícil saber a ciencia cierta
quien representa la bestia, los 10 reinos y luego los 7 que quedaran, se podría
pensar en el G-7 que abarca las 7 potencias del mundo o en el Grupo de los 10
que abarca a las anteriores 7 con tres más que serían Bélgica, Canadá, Francia,
Italia, Japón, los Países Bajos, el Reino Unido, los Estados Unidos, Alemania y Suecia, pero es una hipótesis, no
se sabe con certeza quienes son, hay muchas opiniones diferentes, lo que si
podemos estar seguros es que Jesucristo puede venir en cualquier momento por su
Iglesia y tenemos que estar preparados, porque, como dijo Jesucristo “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun
los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24: 36)
En
esta época donde hay tanta vanidad rondando en rededor nuestro, en vez de estar
discutiendo por cuestiones que no podemos responder con completa certeza, como
si los gobiernos del mundo están o no formando un nuevo orden mundial o algo
semejante, deberíamos más bien estar examinando nuestra integridad delante de
Dios y buscando lo que verdaderamente es importante y trascendental, el reino
de los cielos (lea Mateo 6: 33)
El
reino de los cielos, que Cristo reine en cada ser humano, es la más grande
búsqueda, porque agrada a Dios y complace a nuestra alma, y no es religión,
porque la religión impone, mas Cristo da vida para que compartamos a otros de
lo que hemos recibido, el amor. Un
amor que no mira lo externo sino lo interno, el corazón del ser humano.
Joseph
Merrick fue un hombre que aprendió a respirar con un tapabocas. Él
frecuentemente fue juzgado por su apariencia externa, su físico, pues para el
mundo era un monstruo, una bestia o un hombre elefante como muchos lo llamaban.
A él lo rechazaron, los juzgaron y lo excluyeron sin darle la oportunidad de
escucharlo, sin ni siquiera establecer conversación con él, lo que sigue
pasando en nuestros días, el rechazo es una constante en nuestras vidas,
rechazamos y somos rechazados, odiamos y somos odiados, porque hemos dejado,
como sociedad, a Dios a un lado de nuestras vidas, pero es El, solo El, quien
puede transformar, porque solo en Dios
está el amor. Ese amor que Merrick tanto deseo y lo pudo apreciar, porque
en Dios estuvo su consuelo, sabía bien que, aunque el mundo lo odiaba, su Señor
lo amaba y por esta razón respondía con amabilidad y caballerosidad, aun cuando
los demás eran groseros con él.
Ashley
Montagu, antropólogo y humanista reconocido, quien también hizo un estudio
interesante sobre la vida de Joseph Merrrick, en uno de sus libros titulado
“Que es el hombre” (1950) escribió:
las religiones organizadas y seculares,
la ciencia y la filosofía, han proporcionado a los seres humanos un estilo de
vida, pero hasta ahora ninguna de ellas logró solucionar el problema de cómo
pueden estos vivir en paz con sus semejantes y consigo mismos (p.18)[2]
Las
humanidades comprenden que hay un problema social, que el hombre no puede vivir
en paz con sus semejantes ni tampoco consigo mismo. Montagu, a pesar de su
humanismo, dejó una reflexión que es importante que analicemos, ni las religiones, ni la ciencia, ni la
filosofía han dado solución al problema del hombre. Nada que el hombre ha
inventado, por más genial que parezca, ha dado solución a su problema, porque
el hombre está muerto en sus delitos y pecados, y necesita vida, mas la única
manera de tener vida es en Cristo, en el nuevo nacimiento que solo Él puede
dar.
“En aquel tiempo, respondiendo Jesús,
dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas
cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí,
Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi
Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno,
sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí
todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad
mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y
hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera
mi carga.” Mateo 11: 25-30 (RVR 1960)
En
los últimos dos siglos la educación ha sufrido grandes cambios que han dejado
como resultado una larga lista de carreras, diferentes modalidades de trabajo
(virtual, remoto o presencial) que han buscado promover la participación de la
gran mayoría de sectores de la sociedad. Aunque las anteriores intenciones
parecen buenas los resultados no han sido lo esperado, porque en vez de tener
una sociedad más unida y viviendo en paz, nos encontramos con una sociedad
mucho más violenta y racista de lo que ha sido.
“el color de los seres
humanos actuales es el resultado de una compleja secuencia de eventos
biológicos y demográficos. No es posible delimitar biológicamente unos grupos y
otros con arreglo a ese rasgo”[3]
La
forma como miramos a los demás definirá como nos miramos y miramos al mundo,
pero lo anterior se determina principalmente por la manera que miramos a Dios.
La mayoría de culturas profesan diversas religiones y creencias, cada una mira
a Dios de una manera distinta y conforme a esa mirada fundamenta su modo de
vida, pero en medio de tantas percepciones la pregunta orientadora es ¿cuál es
la perspectiva correcta?
No
es posible mirar perspectiva por perspectiva, ni religión por religión, porque
todas son diferentes y son tantas que se hace imposible estudiar, pero se
pueden descartar a todas aquellas que tienen al hombre como centro, lo cual
deja solamente a la perspectiva bíblica, porque a diferencia de las religiones
que el hombre ha creado la perspectiva bíblica no ha creado a un dios que es
igual de corrupto al hombre, sino nos revela sobre el verdadero y único Dios
que creo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, pero que debido a que
permitieron la entrada del pecado, han perdido su identidad.
La
conciencia humana enseña que existe Dios, por eso es que un niño no cuestiona
la existencia de Dios, pero como es Dios no es posible saberlo si solamente nos
fiamos en nuestro débil razonamiento, por lo que se hace necesario que Dios
mismo se revele al hombre y Dios se ha revelado a la humanidad por medio de su
Palabra. La Biblia es inerrante, sus hechos históricos se han comprobado, y
testimonios de millones de personas han demostrado que en verdad es la Palabra
de Dios. Naciones y gobernantes que han confiado en la Biblia, antes que su
propio raciocinio han sido benditas, porque se han constituido sobre cimientos
sólidos, pero los que han conducido su mirar en lo que es contrario a la Biblia
han visto su fracaso, porque solo la Biblia determina con claridad lo que es
bueno y malo, nos enseña el camino a seguir y nos revela los atributos de Dios,
es decir que es el manual de vida del hombre en el que podrá encontrar claridad
como una linterna alumbra en medio de la noche selvática el camino a seguir.
[1] MacArthur, J.
(2014). Fuego Extraño. Grupo Nelson. E.U.A.
[2] Ashley Montagu (1950).
Que
es el hombre. Ediciones Paidos. España
[3] Las razas humanas no existen. Eldiaro.es. 23 de mayo de
2019.
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