CON DISPOSICIÓN PERO SIN DEVOCIÓN
La disposición para cambiar es necesaria en nuestro crecimiento y en nuestras batallas diarias, y aunque tiene que ver con la preparación tambien esta relacionada con la devoción, por lo que debemos tener mucho cuidado de hablar de disposición sin devoción a Dios, como lo veremos en esta corta reflexión.
La
voluntad del corazón es firme o débil dependiendo de cada persona y de las diferentes
circunstancias, porque una persona puede ser de voluntad firme cuando debe
tomar una decisión en el trabajo, pero lo contrario en su hogar, y en cuanto a
la concupiscencia puede pasar algo muy similar. La concupiscencia se ha
definido como los deseos engañosos del corazón, los cuales por ser malos deben
ser desechados con firmeza, pero en ocasiones podemos tener debilidad en
nuestra voluntad para rechazarlos, por lo que requerimos de apoyo, de una gran
ayuda sobrehumana como dicen los alcohólicos anónimos, para poder rechazar las
ofertas del mal. Esta ayuda sobrehumana o fuerza superior no se refiere en esta
reflexión a supersticiones que se dan en una falsa devoción sino a Dios mismo
que en Su Gracia especial fortalece al que reconoce su necesidad de Él y
procura cultivar un amor profundo hacia Él.
La
disposición sin devoción a Dios no va a generar nunca cambios verdaderos en
nuestra vida, sino solo una profunda tristeza llena de decepción y frustración,
por lo que es bueno que tengas disposición para el cambio, que llores
amargamente por tu pecado, pero no puedes quedarte en este estado de
remordimiento sino es necesario que te acerques al que vino a rescatarte, a
Jesucristo de todo corazón, para que puedas disfrutar de la presencia consoladora
del Señor que te dará el valor y el esfuerzo necesario para poder vencer tu
pecado, porque solo Jesucristo pudo derrotar al pecado y la muerte.
“Porque
¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.
Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas
al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada
por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien
Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas
iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.” Romanos 4: 3-7 (RVR
1960)
No olvides continuamente tu necesidad de
Jesucristo, cada día acércate a Él, como el Señor y el Salvador de tu alma, pidiéndole
que te guie en Sus caminos, y ruega al Espíritu Santo que te fortalezca en la santificación,
a vivir en contentamiento conforme a la santidad y la piedad que la Biblia enseña,
porque gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (1 Tim. 6:6).
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