NUESTRA LIBERTAD ESTA EN NUESTRA CONFIANZA EN DIOS

Lo que elegimos en nuestra vida no siempre nos conduce a ciertas preferencias, por ejemplo si decidimos vivir en Canadá no significa que amaremos el frio. Aunque decisiones que tomamos nos abre un abanico de posibilidades en cuanto a intereses, gustos o preferencias, la libertad humana se encuentra muy limitada y condicionada no tanto por el contexto sino por su pecado, su naturaleza pecaminosa, que la va a querer conducir primeramente hacia todo lo que es contrario a la Palabra de Dios.

La libertad en nuestras elecciones no existen, sino solo en Jesucristo, por lo tanto solo el cristiano es un libre que puede disfrutar de su libertad cuando ella se encuentra sometida a la Palabra de Dios. No es posible que podamos pensar en una libre determinación en nuestra vida, cuando nuestra naturaleza se encuentra corrompida por el pecado, porque está libre determinación tiene una fuerte inclinación solamente al mal la cual la imposibilita totalmente a buscar de manera libre o por voluntad propia a Dios, como lo enseñó muy bien Lutero:

Esta esclavitud universal al pecado incluye a aquellos que parecen ser los mejores y más rectos. No importa cuanta bondad los hombres puedan lograr por naturaleza, esto nos es lo mismo que el conocimiento de Dios. Lo más excelente de los hombres es su razonamiento y su voluntad, pero hay que admitir que esta parte más noble es corrupta. Pablo dice en Romanos 3:10-12: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. El significado de estas palabras es absolutamente claro. Es en la razón y la voluntad que Dios es conocido. Pero nadie por naturaleza conoce a Dios. Por lo tanto, tenemos que llegar a la conclusión de que la voluntad del hombre es corrupta y que el hombre es totalmente incapaz, por sus propios medios, de conocer a Dios o complacerlo.[1]

La depravación total es como se le conoce a la doctrina que nos enseña que estamos totalmente perdidos en nuestra corrupción sin posibilidad alguna de poder acercarnos a Dios, a menos que en Su Gracia nos rescate para poder conocerle, servirle y vivir para Él. El pelagianismo como algunas doctrinas arminianas han enseñado que existe un residuo de bondad por el que una persona puede acercarse a Dios de manera libre bajo su propia voluntad, pero históricamente la Iglesia ha reconocido que solo es por Gracia que el hombre pecador puede ser salvo de su horrenda condenación.

La importancia de un correcto entendimiento de la doctrina del libre albedrio para la vida del creyente es tal que este puede caer en una gran depresión, decepción o frustración a menos que reconozca que no es por sus obras sino es por la Gracia de Dios que ha obtenido el regalo inmerecido de la salvación y la vida eterna. La doctrina del libre albedrio es crucial en la teología,  el Liberum arbitrium o Libre voluntad, se puede abordar desde el concepto de la Sola Fide, el cual ha sido un respuesta contundente a la teológica católica romana.

La teología católica romana no comprende el concepto de la Sola Fide como lo entiende la teología reformada, porque la teología católica romana considera la fe como un don de Dios que debe estar acompañada de la caridad para la salvación. En cambio la Sola Fide en la teología reformada dice que la fe es el único medio de Salvación, la fe sola que como decía Lutero no viene sola, en el sentido de que siempre dará como fruto buenas obras sin ser ellas su causa. Por lo anterior, la fe sola sin compañía de sacramentos y esfuerzos humanos es dada única y exclusivamente por Dios para salvación.

La Iglesia ha tenido credos y posteriormente confesiones de fe que han resumido sus doctrinas esenciales, las cuales han sido su fundamento solido contra las doctrinas extrañas (Apocalipsis 2: 12). La confesión de fe nos ayuda a crecer en la sana doctrina y nos previene de errores que han ocurrido desde tiempos antiguos, desde los mismos inicios de la Iglesia, y tambien protege a la membresía de la iglesia local, cuando determina claramente las doctrinas en común conforme a las Escrituras, asi tambien busca evitar que neófitos o apostatas ejerzan el ministerio.

La apostasía crece, florece y madura en contextos que olvidan la historia de la Iglesia, los credos y las confesiones que hacen un gran énfasis en la Autoridad de las Escrituras. El teólogo suizo Urlico Zwinglio fue uno de los reformadores que llamó fuertemente la atención de una iglesia que estaba olvidando que las Escrituras eran su Máxima Autoridad, su ejemplo ha pasado a generaciones, enseñándonos que solo seremos teólogos sabios, maduros y mejor preparados cuando nos sometemos con toda nuestra mente, fuerzas y corazón a la Autoridad de las Escrituras.

Las Escrituras son claras, pero requieren de principios hermenéuticos coherentes que puedan interpretarla de una manera correcta. La hermenéutica se entiende como la causa interpretativa que concluye en una corriente de interpretación, por ejemplo la interpretación que se da partiendo desde el nuevo testamento representa una teología del pacto bautista, en cambio cuando se da desde el antiguo testamento se sigue una corriente dispensacionalista como su principio de interpretación para poder entender el nuevo testamento, por ello la interpretación dispensacionalista hace una distinción de los pactos dados a Israel y a la Iglesia. De esta corriente de interpretación existen básicamente tres subcorrientes, las cuales son: el dispensacionalismo revisado, clásico y radical. Aunque existen diferentes vertientes entre las anteriores corrientes, se puede concluir que cuando se realiza un serio estudio de las Escrituras no tienen mucha diferencia.

La corriente teológica bautista reformada me parece que es la más ortodoxa que existe, pero debe tener cuidado con caer en una hiperalegarizacion y en una absoluta teoría del reemplazo que podría llegar a concluir que Israel fue reemplazado por la Iglesia cuando no es asi, porque de serlo debiéramos seguir realizando prácticas que fueron dadas específicamente a Israel y que se abolieron cuando Jesucristo resucitó y ascendió a los cielos.

Las corrientes ortodoxas de interpretación dispensacionalista y pactual deben reconocer que antes que defender un método de interpretación su principal búsqueda debe ser confiar de todo corazón en Dios y en Su Palabra, de tal manera que si reconocen por medio de las Escrituras que deben cambiar algo, aun en sus credos o confesiones, que lo hagan sin temor alguno, sino con completa humildad, porque quien no confía en Dios ni procura escuchar Su voz esta destinado a vivir en una vida en el desierto de la oscura soledad.



[1] Martin Lutero, La Esclavitud de la Voluntad (Pensacola, Fl: Chapel Library, 1984), 4

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