ENSEÑANZA Y LUEGO ORDENANZA
En Mateo 28 el Señor nos dice que no temamos
porque Él estará con nosotros, lo que nos da una gran confianza para poder
avanzar en la sana doctrina, en obedecer y enseñar cada declaración imperativa,
aquella que es un mandamiento, la cual esta después de que se nos ha dado el
indicativo. El indicativo en Mateo 28 es la seguridad que Jesucristo nos da de
estar con nosotros y el imperativo es la orden de ir y hacer discípulos. Este balance
entre indicativo e imperativo no solo lo vemos en Mateo 28 sino en todas las
Escrituras, por ejemplo Romanos 12 es un imperativo que viene después de los
indicativos de Romanos 1 al 12.
“Por tanto, hermanos, les ruego por las
misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo
y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes.” Romanos 12: 1
(NBLA)
El “por tanto” en las Escrituras es generalmente un conector
entre lo indicativo y lo imperativo, es de esta manera que podemos concluir que
lo imperativo está basado en lo indicativo que nos enseña quien es Dios y lo
que ha hecho, para luego darnos la confianza necesaria para poder recibir el
llamado a la acción, por esta razón Romanos no comienza a hablar de imperativos
sino hasta el capítulo 12. Por lo anterior antes de aprender y enseñar el capítulo
12 de Romanos deberíamos aprender y enseñar del 1 al 12, al menos algunos de
sus puntos centrales.
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es
digno de la vocación con que fuisteis llamados” Efesios 4: 1
(RVR 1960)
El mandato viene después del indicativo es un orden
pedagógico que tambien podemos ver en Efesios 4:1, el cual es un mandamiento
conectado a los hechos previos, a lo indicativo, porque el indicativo nos da un
argumento claro para hacer lo que debemos hacer, es semejante a lo que hace un
profesor cuando imparte un curso, primero lo enseña, resuelve preguntas y luego
realiza el examen, pero no es lo contrario.
La obediencia a Dios se hace más sencilla, significativa y
placentera cuando le conocemos más y mejor. La instrucción de andar como dignos
de la vocación a la que fuimos llamados se hace mucho más fácil y natural
seguirla a medida que vamos comprendiendo el amor de Cristo que excede todo conocimiento.
Por ejemplo el perdón; no es fácil perdonar a otra persona a menos que
comprendamos el perdón de Dios en nuestras vidas, y no deberíamos procurar
tener el perdón a Dios sin considerar perdonar a quienes nos ofenden, como nos
enseña la oración modelo que nos enseñó Jesús:
“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores” Mateo 6: 12 (RVR 1960)
El orden pedagógico enseñanza y luego ordenanza, de los
hechos a las acciones, de la comprensión de lo real a un llamado a la acción,
nos permitirá avanzar mejor en las instrucciones del Señor, porque la
comprensión de lo real conduce a un llamado a la acción.
Los falsos maestros y los demonios reconocen lo anterior, por
lo que enseñaran primeramente su doctrina falsa que es opuesta a la enseñanza
de los profetas y los apóstoles, es decir que no enseñaran lo que enseñan las
Escrituras sino lo que su envanecido corazón dice usando erróneamente las
Escrituras (Gálatas 1: 8-9), lo cual no trae paz, para llevar a las personas a
cometer actos degradantes (Ap. 2: 20).
Pablo dice paz y misericordia, porque la verdad trae paz, mas
La falsa doctrina no descansa en la verdad (1 Cor. 1: 24, 2 Cor. 2: 17, 1 Tes.
1: 6). Un falso evangelio nos aleja de las instrucciones del Señor, nos invita
a vivir en contra de la verdadera y sana doctrina, porque no reconoce la fuente
de autoridad de las Escrituras, que la Biblia es la Palabra de Dios. En lo
anterior hay que reconocer dos principios claros, el externo es la revelación y
el interno es la fe, sin ellos no podemos batallar en contra del falso
evangelio.
Nos movemos a la salvación, no por nuestra acción, sino solo
por Gracia, y llegamos a la salvación solo por Fe. De esta manera hemos pasado
de la simplicidad a una vida de riqueza y exaltación, pero los falsos maestros enseñaran
lo contrario, escondiendo su falsa enseñanza detrás de un discurso elocuente,
con una aparente gran lógica, que procurara exaltar a sus seguidores para
explotarlos de manera económica. Conforme a lo anterior, al hacer teología lo debemos
hacer en oración y humildad, no en orgullo y soberbia, sino como el salmista
que rogó a Dios “Abre mis ojos y mirare las maravillas de tu ley”, esta debe
ser nuestra oración continua.
Debemos ser valientes al momento de enseñar sin tener temor
de la gente, pero tambien la valentía va juntamente con la claridad. Si
buscamos ser claros en nuestro mensaje, seremos valientes, porque podemos ser
valientes sin ser claros, pero no claros sin ser valientes.
Al hacer teología estamos parados o sentados sobre los hombros
de quienes vinieron antes de nosotros, es de esta manera que hacemos teología
reconociendo a los verdaderos discípulos de Jesucristo porque son ellos los que
hacen verdadera teología y la ejercen en sus vidas como una disciplina
espiritual. Por lo anterior, la primera pregunta de un teólogo debe ser ¿soy un
discípulo?, ¿Soy un estudiante de Jesucristo? El que es un discípulo de
Jesucristo es un estudiante de Él y un teólogo es un discípulo de Jesucristo,
no puede ser un teólogo quien no es un discípulo de Jesucristo, por lo menos un
sano teólogo.
Judas era un aprendiz de Jesús, pero no fue un estudiante de Jesús,
porque el estudiante va entendiendo la Palabra, como un verdadero discípulo,
para ser conducido a la doxología, es decir a la adoración a Dios. Debemos
procurar que la teología pueda transformarnos a nosotros antes de llevar esta
información a otros, por lo que es necesario que oremos para que las mentes
sean iluminadas, asi como oró Pablo en Efesios 1: 18:
“alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que
sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la
gloria de su herencia en los santos” (RVR 1960)
La oración es importante para evitar el orgullo y alimentar
la humildad. Debemos orar para aprender con humildad, por el bien de la
Iglesia. Debemos orar antes y después de la enseñanza, debemos orar en todo
momento.
La teología se basa en el estudio de la Biblia, no en el
estudio de los libros, y nos enseña por qué exactamente estamos alabando a Dios,
humillando nuestro orgullo. La verdadera doxología va a humillar el orgullo
intelectual. Por lo anterior la buena teología es buena para la iglesia y los
mejores adoradores son los estudiantes mejor enseñados.
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