LA HISTORIA DE LOS CRISTIANOS
“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a
mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y
su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido
enseñado” Isaías 29: 13 (RVR 1960)
La historia ha enseñado el peligro de acercarse a Dios
desde el tradicionalismo, por lo que revisaremos juntos la historia de la
Iglesia para poder ser advertidos de este grave peligro del cual surgen otras
más dentro de la misma. Uno de los temas más polémicos en la enseñanza ha sido
la historia, porque en ella se pueden encontrar diferentes relatos,
pensamientos y hasta oposiciones, entonces ¿Cómo es posible distinguir la
verdad de la mentira en la historia? Es necesario realizar un estudio profundo de
la misma, procurando comparar diferentes relatos desde las fuentes originales,
evitando en lo posible contar solo una historia, es decir un solo relato o una
sola narración. Antes de continuar es necesario comprender un poco mejor lo que
significa la historia, según el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua
Española editado por la RAE es la “narración verdadera de los sucesos
públicos y políticos de los pueblos, y también de los hechos o manifestaciones
de la actividad humana de cualquiera otra clase”.[1]
Para algunas personas será difícil reconocer la
anterior definición de historia, porque en su razonamiento inducido por el
complejo sistema contemporáneo del escepticismo, la duda les puede llevar a
preguntarse ¿Qué narración de la historia es verdadera? o ¿Qué historia es
verdadera? Aunque algunos simplemente dudaran, siendo este el principio
regulador de su existir, se puede responder a quienes en verdad tienen un
cuestionamiento sincero para su aprendizaje, con el fin de disipar algunas
dudas que se pueden llegar a suscitar. En la gran cantidad de relatos puede
darse la construcción de la Historia, se escribe con mayúscula la letra inicial
para distinguirla de aquellas muchas historias. Este proceso de construcción de
la Historia es un gran reto que aunque no se puede relatar con total precisión
se procurará enseñar de modo general, enfocados en este apartado en la Iglesia,
para la edificación de la misma. De la historia de la Iglesia se encuentran
muchos y pocos relatos en diferentes etapas, por lo que se cuenta solo la
historia que se ha podido recoger.
La Iglesia en Oriente tenía su sede central en Roma,
mientras que la Iglesia en Occidente en Alejandría. En la primera había un
profundo respeto desde diferentes iglesias porque se creía que estaban aquellos
que fueron instruidos directamente por Pablo y Pedro. En la segunda, en
Alejandría, existía una gran producción bibliográfica debido a que fue el
centro de la cultura griega que se vio tremendamente afectada principalmente
por la escuela de Alejandría de antecedente platónico, lo cual llegó
paulatinamente a generar problemas con la Iglesia en Roma. En aquellos días, antes
del conocido cisma, los gnósticos, los monarquistas, como otros grupos
heréticos, empezaron a surgir, procurando introducir su propia religión pagana.
Entre muchos de los escritos, en la escuela de Alejandría, se destacan los de
Clemente y Orígenes, así como los de Tertuliano y posteriormente otros tomaron
de estos mismos para el desarrollo de debates y discusiones teológicas que se
centraron principalmente en la Trinidad, la naturaleza Divina de Jesucristo, y
posteriormente la Divinidad del Espíritu Santo. En medio de muchas de estas
discusiones se encontraron doctrinas heréticas que fueron rechazadas por la
Iglesia, aun de aquellos que fueron respetados en su tiempo por la misma
Iglesia. Los llamados cristianos, como se les conocía en los primeros siglos,
antes de Constantino, quien procuraría introducir el termino Católico, tenían
esta nominación, por la siguiente razón:
La etiqueta cristianos (en griego, christianoi) podría
haberse formado mediante un proceso derivado del latín. En dicha lengua un
término acabado en -iani podría describir las tropas de un general en
particular (…) Así, cristianoi, podría haber significado “los hombres de
Cristo”, los seguidores de Cristo[2]
La palabra cristiano tiene una connotación histórica
mucho más fuerte que la de católico, por esta razón la Iglesia ha procurado
llamarse cristiana en vez de católica. Continuando con la historia del primer
siglo, el historiador romano Tácito (55-117 d.C.) escribió que en la
persecución promovida por Nerón “les prendían fuego, de modo que, al caer la
noche, lo alumbraban todo como antorchas. Nerón había abierto sus propios
jardines para este entretenimiento”.[3]
La cruenta muerte de estos valientes que agonizaron como mártires por ser
fieles a Dios, en medio de una sociedad pagana gobernada por un emperador
despiadado es un ejemplo para todo aquel que es cristiano.
“y cuando lo encontró, lo trajo a Antioquía. Y se
reunieron con la iglesia por todo un año, y enseñaban a las multitudes; y a los
discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11: 26 (LBLA)
La primera vez que se les llamó cristianos a quienes
les llamaban los seguidores del Camino (Hechos 22: 4-6) fue en Antioquía porque
procuraban vivir conforme a las enseñanzas de Jesucristo y lo llamaban Señor,
lo cual determinó grandes persecuciones por medio de los enemigos de la cruz de
Cristo (Filip. 3: 18-21). La Iglesia en medio de diferentes persecuciones
consecutivas en los primeros siglos fue creciendo y estableciéndose de una
manera asombrosa. Los obispos y diáconos fueron liderando como siervos y
pastores a la Grey del Señor, no como si fueran los nuevos apóstoles tal como
andan muchos hoy en día pretendiendo ser lo que no son. De la siguiente manera
el historiador Nick Needham lo explica mejor:
Es importante que entendamos que a los obispos no se
les veía como a nuevos apóstoles. Los padres de la Iglesia primitiva
atribuyeron a los apóstoles el carácter de únicos, y haciendo constantemente
referencia a ellos, citaban sus escritos y sus enseñanzas como la autoridad
final.[4]
[1] Real Academia Española, Diccionario
manual e ilustrado de la Lengua Española (Madrid, España: ESPASA, 1950), 830
[2] Nick Needham, 2000 años del poder de
Cristo, vol. 1, trad. de Loida Viegas Fernández (North Bergen, NJ: Aquila,
2021), 58
[3] Ibid., 61
[4] Ibid., 77
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