ALGUNOS ERRORES DE LOS QUE SE DEBE APRENDER EN LA IGLESIA DE LOS PRIMEROS SIGLOS
Los cristianos de los primeros siglos fueron un ejemplo de sumisión a las Escrituras, la leían en sus reuniones, procurando obedecerla fielmente, debido a eso su conducta y ética fue reconocida por muchas personas.
Los cristianos también rechazaban la costumbre romana
generalizada del aborto (matar a los niños no natos indeseados) y el
infanticidio (matar a los recién nacidos a los que no se quería). Se oponían al
divorcio fácil, practica normal de los romanos en aquella época[1]
Aunque la conducta impecable de los primeros
cristianos sigue siendo un gran ejemplo para la Iglesia de hoy en día, también es
necesario reconocer algunos de sus errores y de las practicas paganas que
empezaron a introducirse. A comienzos del siglo IV, influenciados en gran
manera por el contexto pagano, la Iglesia empezó a introducir la veneración a
los mártires, pasaron de la admiración a la veneración de quienes murieron como
testigos fieles de Jesucristo, un grave error del cual hoy en día también debe ser
advertida la Iglesia. Vigiliancio (370-400) sobre esta práctica que varios
lideres de la Iglesia aceptaron como un tipo de culto a los santos dijo:
Disfrazada de piedad, prácticamente vemos que la
adoración de los paganos se está introduciendo en las iglesias. Se encienden
filas de velas en pleno día y, en todas partes, besan y adoran el polvo de un
cuerpo muerto depositado en una pequeña vasija y envuelto en un fino trozo de
tela.
Aunque la Iglesia visible de hoy en día no va a
aceptar la practica pagana de la adoración a los santos, si ha caído en el
peligroso camino de admirar con demasiada pasión a una personalidad evangélica
que sin percatarse lo ha convertido en su ídolo, mismo error que cometieron los
corintios (1 Cor. 1: 12-13). De esos errores debemos ser advertidos porque la
historia lo hace, de esta manera Epifanio de Salamanca también se opuso a los iconos
en las iglesias, como bien lo relata Needham:
En lo que a Epifanio concernía, los iconos en las
iglesias eran una desviación más, en una ocasión, vio una imagen de Cristo
tejida en una cortina en una iglesia de Palestina, y se enojó tanto que
procedió a arrancarla y a quejarse ante el obispo de Jerusalén.[2]
Otro error que muchos lideres de la Iglesia de los
primeros siglos tuvieron fue promover discusiones de términos que se daban
principalmente por la diferencia de culturas. Con respecto a lo anterior
Atanasio dijo en un concilio en el 362:
Los que aceptan el Credo de Nicea – declaró Atanasio
-, pero tengan dudas respecto al termino homoousios, no deben catalogarse como
enemigos. Debatamos la cuestión con ellos como lo hacen los hermanos. Ellos
pretenden lo mismo que nosotros. Lo único que estamos debatiendo es el uso de
una palabra.
Debido a que este movimiento hacia la paz y unidad en
la Iglesia que promovió Atanasio no era el que el emperador Juliano “el
Apostata” estaba buscando, lo envió al exilio, no por primera vez, porque
anteriormente ya había sido enviado al destierro. Atanasio fue un hombre
prudente que procuró el bienestar de la Iglesia y de quien se puede aprender
también el gozo, porque aún en medio de los concilios procuró promover la
alegría entre sus hermanos, rompiendo con el buen humor en los momentos tensos
para fortalecer los lazos de hermandad. Entre muchos otros aportes de este
obispo se puede reconocer el Credo de Atanasio que habla de la naturaleza
igualitaria de las tres personas de la Trinidad y la primera lista completa del
canon neotestamentario. Es necesario aclarar que el término “Homoousios” (de la
misma sustancia) y “Homoiousios” (de esencia similar) no fue, ni tampoco es,
una discusión de poca importancia, sino es muy relevante, por lo que es
necesario explicarla con amor y paciencia, puesto que se refiere a la
Naturaleza de Jesucristo en relación a la del Padre, tema central en el
cristianismo, en donde en el Concilio de Nicea para contradecir a los grupos
heréticos como los arrianos la Iglesia afirmó en conjunto que Jesucristo no es de
una sustancia o esencia semejante al Padre sino es de la misma naturaleza y
aunque es de la misma esencia del Padre no es el Padre. Por lo anterior la
doctrina de la Trinidad ha sido fundamental en el cristianismo.
[1] Nick Needham, 2000 años del poder de Cristo, vol. 1, trad. de Loida Viegas Fernández (North Bergen, NJ: Aquila, 2021), 95
[2] Ibid., 237
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