LA PUREZA EN LA SEXUALIDAD
La guerra en contra de la maldad, la
perversidad, la oscuridad y el espejismo del placer es continua, no permite
tregua ni tratados de paz y es imposible de enfrentarla sin las fuerzas del
Todopoderoso. Es menester reconocer que sin Dios siempre perderemos, porque es
únicamente en la victoria de Jesucristo que podremos salir de la oscuridad para
contemplar la luz de la Verdad, aquella Verdad que da Libertad.
En un mundo violento y que ha permitido
dejarse dominar por el pecado, el engaño y el diablo, es de suma importancia
permanecer como centinelas que velan atentamente en oración a Dios, obedientes
a su Palabra, para no caer en la tentación, sino vencer con el bien el mal,
evitando tanto el libertinaje como el legalismo.
El legalismo busca anular la razón del ser
humano para centrarse en leyes que no tienen fruto de vida, ni son acordes a la
Palabra de Dios. Es importante tener mucho cuidado con este tipo de doctrinas
porque provienen de demonios y no de Dios.
“Pero el Espíritu dice
claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe,
escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la
hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios
creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y
los que han conocido la verdad.” 1 Timoteo 4: 1-3 (RVR
1960)
La Palabra de Dios nos exhorta a abstenernos
de toda clase de mal, es decir, a dejar de hacer el mal, pero no prohíbe en
ninguna manera al creyente a que se case, por el contrario, dice “Digo, pues, a los solteros y a las viudas,
que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de
continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1
Corintios 7: 8-9).
El matrimonio es un buen consejo para el
hombre que está ardiendo de pasión por una mujer o, lo contrario, una mujer que
está sufriendo por controlar sus deseos sexuales, pero dentro del matrimonio es
importante que el hombre de Dios no se una en yugo desigual, es decir, con una
mujer incrédula, sino con una que crea en Cristo y se someta a la Palabra de
Dios con temor, lo mismo que la mujer de Dios.
“No estéis unidos en yugo
desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la
iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas?”
2 Corintios 6: 14 (LBLA)
Los que son solteros, aman a Dios y están
ardiendo de pasión sexual por dentro, necesitan saber cortejar, es decir,
enamorar al sexo opuesto, conforme a la Biblia. El apóstol Pablo le da un
consejo a Timoteo sobre cómo debe tratar a las jóvenes
“…trata a las jóvenes
como a tus propias hermanas, con toda pureza.” 1 Timoteo 5: 2 (RVRV 1960)
Si un creyente en Cristo está empezando a
sentir atracción sexual por una persona del sexo opuesto, no debe alterarse,
tiene que autorregularse, tratarlo o tratarla con toda pureza, no con
morbosidad, sino con respeto, pedir a Dios por tal persona y esperar su
respuesta, en ese proceso puede pedir consejos a los ancianos de la iglesia, a
sus padres y personas sabias, recordando la santidad del matrimonio y no unirse
en yugo desigual.
“Deléitate en
el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón.” Salmos 37: 4 (NTV)
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