LA ARMADURA DE DIOS EN LA GUERRA ESPIRITUAL
La guerra contra el pecado es hasta la muerte, por lo tanto no podemos darle tregua, ni rendirnos frente al mismo, sino luchar contra este gran mal hasta la muerte y hacerlo con valentía, decisión y gozo (Nehemías 8: 10). Lo bueno es que no estamos solos para derrotar al pecado y al maligno que nos quiere llevar a caer en sus garras, sino que Dios nos ha dado una armadura con la que podremos derrotar a satanás y al pecado.
La armadura de
Dios es lo único eficaz contra el ser más maligno del universo, este ser que es
más fuerte que nosotros y tiene mucha más experiencia, es un ser con bastante
poder, uno que antes era nuestro padre pero ahora es nuestro enemigo, este ser
llamado satanás no tiene poder ilimitado ni es más grande que Dios y aunque fue
derrotado en la cruz aún sigue atacando con desespero, como un león rugiente
sin piedad alguna, pero sabemos que en Cristo podemos vencerlo. No podemos
ignorar sus artimañas, ni su poder, pero tampoco tenerle miedo, porque aunque
nosotros por nuestras propias fuerzas no podemos, ni podremos derrotarlo, en
Cristo si podremos vencerlo, en su armadura, la cual vamos a ver a continuación
en la carta a los Efesios.
“Por lo demás,
hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su
fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes
contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y
carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de
las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que
podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar
firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y
vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del
evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis
apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la
salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en
todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con
toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que
al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio
del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable
de él, como debo hablar.”
Efesios 6: 10-20
(RVR 1960)
La armadura de
Dios es una armadura que solo puede ser vestida por los creyentes, ningún
incrédulo tiene el derecho de vestirla y ni propósito tendría que la vistiera,
porque en su caminar se evidencia su enemistad contra Dios. Por lo anterior es
que solo Dios da a sus hijos una armadura que nos dará de sus fuerzas para
poder vencer al maligno.
En el pasaje de
Efesios 6: 10-20 se nos enseña la armadura de Dios, pero antes nos ordena el
Señor a vivir sabiamente en la casa, como hijos o padres, y en el trabajo como
empleados o empleadores, exhortándonos así mismo a administrar bien nuestro
tiempo, no entregándonos a la holgazanería sino al trabajo y a las buenas obras
mediante la fe, pues el justo por fe vivirá. Ahora, después de que nos enseña
el Señor con claridad nuestra identidad y propósito en esta vida como sus
hijos, nos exhorta a andar con firmeza en su Palabra y nos ordena a vestirnos
de su armadura, porque existe un enemigo que no quiere que seamos fieles a la
Palabra de Dios y este enemigo tiene todo un gobierno a su disposición para
atacarnos hasta que caigamos, a menos que seamos nosotros quienes ataquemos
primero y tengamos una defensa mejor que solo es posible obtenerla con la
armadura de Dios. Esta armadura tiene una coraza, un cinturón, unas botas, un
escudo, un yelmo y una espada, lo cual refleja la vestimenta necesaria de un
soldado y de un batallón para poder defenderse y atacar a su enemigo sin salir
lastimado, es importante vestirse de toda la armadura sin dejar ninguna prenda
a la deriva, porque de hacerlo el enemigo buscara la armadura que no fue puesta
para atacar allí, en ese lugar descubierto que podría hacer insignificante al
restante de armadura. A continuación veremos cada prenda de la armadura de
Dios:
-
EL CINTURÓN
(nos fortalece en la valentía): En
el versículo 14 se nos enseña a estar firmes, es decir de pie con valentía ante
el enemigo “…ceñidos vuestros lomos con la verdad…”. Lo
anterior quiere decir que la verdad tiene que estar apretada, arraigada
completamente en nuestra vida, reconociendo que Jesucristo es la Verdad y su
Palabra es Verdad, por lo tanto aferrarnos a la verdad es lo primero que
necesitamos hacer para permanecer firmes con valentía.
-
LA CORAZA (protege nuestro corazón): esta armadura era rígida, porque sus materiales eran
fuertes de tal manera que si un enemigo con una flecha o la espada atacaba en
su torso no causaba daño alguno en la persona, por lo que se usaba
principalmente como un elemento de protección contra el ataque del enemigo,
ahora en el mismo versículo 14 el Señor nos dice “…vestidos con la coraza de
justicia…”, es decir que se nos ordena vestirnos con la justicia que no
significa una justicia humana porque en el contexto podemos ver que se refiere
a la armadura de Dios sino a la justicia de Dios, una que nos habla de la
justificación gratuita del hombre únicamente por medio de la fe en Cristo,
entonces de nuevo la armadura se centra
en Jesucristo (Jeremías 23: 5-6, Romanos 3-4).
-
CALZADOS (nos lleva a la madurez espiritual): los zapatos o las botas, eran elementos
importantes en la guerra para andar con seguridad en diferentes caminos que se
pudieren presentar dentro de la batalla. En el versículo 15 el Señor nos dice
“…calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz…”, es decir que el
evangelio de la paz y las buenas noticias de salvación nos permiten caminar con
seguridad en cualquier lugar en el que estamos, porque es como una protección
para nuestros pies (Isaías 52: 7; Romanos 10: 15) que nos permitirán avanzar
firmemente.
-
EL ESCUDO (protege
nuestra vida): era una herramienta muy importante del soldado porque podía
protegerlo de elementos peligrosos que podían lanzar sus enemigos como los
dardos de fuego, por lo que el Señor nos enseña su relevancia al decirnos
“…Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos
de fuego del maligno…”. La fe es creer con convicción sin necesidad de ver
(Hebreos 11: 1), la fe se refiere a confiar en Dios aunque la promesa aún no se
vea cumplida, es aferrarnos a Jesucristo aunque las circunstancias parezcan
decir lo contrario, es una entrega total y verdadera al que todo lo merece, a
Jesucristo nuestro Señor y Salvador.
-
EL YELMO (cuida de nuestra cabeza): era un elemento de la armadura que protegía la cabeza y el
rostro del guerrero, por lo que la única manera, sabían bien los guerreros, de
no perder la cabeza era vistiéndose del yelmo. Por lo anterior el Señor nos
dice “…Y tomad el yelmo de la salvación…”. La salvación es de Dios, ponérnosla
no significa que depende de nosotros sino que se refiere más bien es a cuidarla
(Filipenses 2: 12), valorarla, recordar que no es por nuestras obras sino por
la gracia de Dios que hemos sido salvos, es una verdad que necesitamos recordar
constantemente para no perder la cabeza al creernos mejor que otros lo cual es
orgullo y el orgullo antecede a la caída.
-
LA ESPADA (sirve de defensa y ataque directo contra el enemigo): de los elementos de
guerra nombrados en este pasaje de la Biblia el único que tiene como función
principal atacar al enemigo es la espada. La Biblia es descrita como una espada
más cortante que cualquier otra (Hebreos 4: 12), porque entra a lo profundo del
corazón, por lo que para atacar al enemigo necesitamos tomar con firmeza “…la
espada del Espíritu, que es la palabra de Dios…”
Necesitamos
todos los días fortalecernos en la oración para no entrar en tentación, la
oración nos ciñe de cada elemento de la armadura de Dios, por consiguiente no
podemos salir nunca a la batalla diaria contra el pecado, el mundo y satanás
sin la armadura de Dios. Peleemos la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6: 12),
con un corazón contento, paciente y lleno del fruto del Espíritu, pero no lo
hagamos dudando sino con fe, con valentía y con ímpetu (Santiago 1). Es tan
importante conocer toda la armadura de Dios que estudiar a profundidad esta
perícopa se hace necesario para nuestra lucha espiritual, por lo que vamos a
tratar de profundizar un poco más en esta lección, pero si quieres un mejor
estudio te recomendamos leer el libro “El cristiano con toda la armadura de
Dios” de William Gurnall que considero que fue uno de los teólogos que
profundizo con mayor entusiasmo sobre esta hermosa perla de enseñanza.
El autor humano de la epístola a los Efesios es sin
lugar a dudas el apóstol Pablo, como bien enseña Efesios 1: 1, quien inspirado
por el Espíritu Santo (2 P. 1: 19-21) escribió a la iglesia de Éfeso, es decir
“a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”, aunque
tambien se cree que fue una carta circular (encíclica) que inicialmente fue
enviada a la iglesia de Éfeso para que ella la hiciera llegar a las otras
iglesias de la provincia romana de Asia como Hierapolis, Laodicea y Colosas.
La iglesia ubicada en Éfeso, sembrada y regada por
Apolos y el apóstol Pablo en su tercer viaje misionero (Hechos 18: 19-21, 19:
1-41), resplandeció en medio de una gran oscuridad, puesto que se encontraba en
una importante metrópoli de la región de Asia Menor conocida por su gran
idolatría a la diosa Diana o Artemisa. Muchas personas iban a este lugar a
realizar sus rituales, ceremonias y sacrificios en el templo de Artemisa, lo
cual fue una inmensa edificación que duró unos 120 años para terminar de ser construida,
considerada como una de las siete maravillas del mundo, pero que realmente era
uno de los centros idolatras más grandes de su época en donde estaba naciendo
una iglesia que debía prepararse bien en toda la armadura de Dios para
levantarse con firmeza en contra de aquellos “principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6: 12) ¿Quiénes son estos
enemigos? Son el gobierno de Satanás, es decir, Satanás y sus legiones que han
querido tener en su dominio a la humanidad bajo el cautiverio de su perverso
reinado que solamente promueve la maldad, pero es un gobierno que fue derrotado
por Jesucristo en la cruz, por lo que luchamos en contra de ellos recordando
aquella cruz en donde el Señor, por Gracia, clavó los cargos que estaban
escritos en nuestra contra por nuestra maldad (Col. 2: 14-15).
Antes de empezar a hablar sobre cada arma de la
armadura de Dios es necesario que comprendamos que la carta en la que se
encuentra descrita enseña constantemente a los cristianos su unión con Cristo
que los ha llevado a ser una sola comunidad, un solo cuerpo, un solo edificio
(Jn. 17: 21), y es en esa unidad que debemos perseverar para poder vencer al
mal, como un ejército bien unido y fortalecido en nuestro Señor Jesucristo
(Efesios 6:1-24). No existe algo asi como un ejército de uno solo, el pueblo de
un individuo o la congregación de una sola persona, sino somos muchos que
debemos procurar la unidad y la santificación como claramente nos enseña el
siguiente versículo:
“hasta
que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a
un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” Efesios 4:13 (RVR 1960)
TODA LA ARMADURA DE DIOS
La armadura de Dios es enseñada como un todo, como
una pieza completa, similar a los 10 mandamientos que son ilustrados como una
sola ley, la Ley del Señor, por lo tanto aunque la enseñemos de manera
individual y asi la entendamos tambien debemos reconocerla de manera total y
entrelazada, como una unidad inseparable que ha sido entregada por Dios a la
Iglesia para que permanezcamos en unidad contra los ataques del enemigo.
“Vestíos
de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas
del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra
principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis
resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad,
pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza
de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la
paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los
dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la
espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con
toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia
y súplica por todos los santos”
Efesios
6: 11-18 (RVR 1960)
La armadura de
Dios, cuyo telón de fondo es Isaías 59:8-20, no es una armadura para salvación,
sino es un regalo de Dios para el que es salvo (Ef. 2: 8-9), y es integrada por
armas de Luz que se oponen completamente a las de la oscuridad, y lo hacen de la
siguiente manera: la verdad contradice a la mentira, la justicia se opone a la
impiedad, el evangelio de la paz rechaza la soberbia, la fe ignora el engaño de
Satanás, la esperanza de la salvación ahuyenta el temor y la Palabra de Dios
acusa al acusador, por lo que no es posible ir en contra de un enemigo lleno de
maldad sin toda la armadura de Dios que tambien nos exhorta a vivir una vida
definida por el evangelio que continuamente se viste de toda la armadura de
Dios. De nuevo, debemos reconocer en nuestro corazón que no podemos ir contra
nuestros enemigos que son satanás, el sistema de falsedad y nuestra carne o
remanente de pecado sin la presencia de nuestro Señor Jesucristo, sin la
confianza y esperanza en nuestro Dios, reconociendo con absoluta confianza la
victoria que solamente se encuentra en nuestro Dios, como lo hizo Moisés, quien
dijo a Dios: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.”
Éxodo 33: 15 (RVR 1960). A continuación explicaremos cada arma de Dios y lo que
significa para el creyente.
EL CINTURÓN
QUE SOSTIENE AL CREYENTE EN FIRMEZA Y VALENTÍA
Arma espiritual: El cinturón de la verdad
“Estad, pues, firmes, ceñida vuestra
cintura con la verdad, vestidos con la coraza de justicia” Efesios 6: 14 (RVR 1995)
Los lomos se
refieren a la parte inferior de la espalda, es una región que soporta gran
parte del peso del cuerpo, es en ella y en alrededor de la cintura que se nos
ordena ajustarnos con el cinturón de la verdad, para que todo el cuerpo
permanezca bien seguro, por esta razón Dios nos ordena ceñir los lomos de
nuestro entendimiento (1 P. 1: 13) y como bien dijo el puritano William
Gurnall,
El cuerpo está unido por los lomos; si
estos fallan, el cuerpo entero se hunde. Aun cuando nos cansamos físicamente,
el instinto nos hace apoyar ambas manos en los lomos como refuerzo principal.
Por ello, “herir los lomos” es una frase de destrucción: los lomos débiles
debilitan al hombre (cf. Dt. 33:11).[1]
Satanás es el
padre de las mentiras, es decir el gran maestro de la falsedad, un gran
engañador que solo sabe decir mentiras, por lo que todo el que quiere ir detrás
de su astucia solo buscara seguir sus deseos homicidas (Jn. 8: 44). Este ser
maligno quiere herir nuestros lomos con sus agresiones, por lo que debemos
tener cuidado de no caer en las mismas de la siguiente manera: (1) no le demos
lugar alguno en nuestra vida (Efesios 4:27-29), (2) no ignoremos sus
estrategias (1 Juan 2:16-17), (3)
huyamos de sus tentaciones (2 Timoteo 2:22) y (4) resistámoslo (Santiago
4:7-8). Procuremos recordar constantemente estas cuatro instrucciones que son
sencillas pero claves en nuestra lucha contra el mal, escríbelas en una hoja,
memoriza los versículos que están en paréntesis y con el gozo en el Señor y
todas tus fuerzas busca obedecer fielmente esta instrucción. Pero no permanezca
en desaliento tu corazón cuando falles a la instrucción, sino de nuevo vuelve
arrepentido a la cruz de Jesucristo, recordando al que venció y te ha dado la
victoria, para de nuevo vestirte del cinturón de la verdad, presentándote con
humildad y sinceridad ante el Señor en necesidad y obediencia a Su Voz,
esforzándote en la Gracia Santificadora del Señor, para poder vencer al mal,
porque solamente por Su Gracia es posible transitar en gozo y fielmente en el
camino de la santificación.
LA CORAZA DE
LA FIDELIDAD AL QUE ES JUSTO
Arma espiritual: La coraza de la Justicia
La coraza de la
justicia tiene que ver con la integridad y la fidelidad a Dios, aun en medio de
la tormenta más oscura. No podemos ir al campo de batalla sin la coraza de la
justicia. Este combate que nos quiere derivar constantemente, y muchas veces lo
logra, tiene su victoria asegurada únicamente en Jesucristo, en la fe en
Jesucristo, mirando la victoria de Él, porque solamente Él pudo vencer al
pecado y a la muerte que nos gobernaba. La coraza de la justicia fue el arma
espiritual que satanás buscó quitarle a Job, como bien escribió Gurnall,
Pero cuando la rectitud de Job encendió
el malvado espíritu de Satanás, su ira ardió como una antorcha. Intentó
quitarle a Job la coraza de justicia matando a su familia, destruyendo sus
bienes, y castigando su cuerpo con llagas. Torturó a Job como lo hacen los
ladrones con sus víctimas para obligarles a ceder sus tesoros. Si Job hubiera
entregado su bolsa (su integridad) en cualquier momento a Satanás, este le
habría desatado enseguida, sin importarle que recuperara sus bienes, hijos y
siervos.[2]
El pueblo de
Israel estaba enfrentando a enemigos feroces, grandes en número, superior a
ellos de muchas maneras, pero mientras veían a Moisés, su caudillo, levantando
la mano en señal de victoria ganaban la pelea (Éxodo 17:11-12). Aunque Moisés
bajo muchas veces la mano, podemos ver a Jesucristo con su mano alzada por la
eternidad, nunca bajándola, anunciando la perfecta victoria que nos enseña que
todo el que lo mira a Él tiene asegurada tambien su victoria contra el mal, por
lo tanto debemos mirarlo a Él, solo a Él, con reverencia y confianza (Ec. 12:
13, 2 Cro. 14: 11). Nuestro mismo Señor, nuestro General y Comandante, nos dice
continuamente:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los
términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.” Isaías 45: 22 (RVR 1960)
Somos revestidos
en la integridad de la coraza de la justicia, permaneciendo en el Señor (Juan
15:4-5), alejándonos de perversas conversaciones (1 Corintios 15:33-34) y
procurando vivir en limpia conciencia (1 Pedro 1: 13-21), aun en medio de gran
aflicción. No nos confundamos, ni nos dejemos engañar, nunca el pecado será el
mejor escape a la aflicción, nunca más pecado será menos pecado, no es bueno
para el cristiano vivir como si no fuera cristiano, en tinieblas y oscuridad,
sino por el contrario debemos vivir como hijos de Luz, siempre recordando lo
que somos para que vivamos de manera coherente a nuestra nueva identidad en
Jesucristo. Para pelear bien en la guerra que se libra inicialmente en nuestra
mente necesitamos estar en pie de guerra contra el pecado y cuando caemos en el
mismo debemos ir de inmediato ante Dios en humillación y sin desanimo continuar
batallando contra el pecado, esforzándonos en la Gracia para vivir firmemente
arraigados en el evangelio de la paz y del amor de Dios.
EL CALZADO
QUE RESISTE TODO TIPO DE SUELO PARA AVANZAR
Arma espiritual: El calzado del evangelio
“y calzados los pies con el apresto del
evangelio de la paz.”
Ef. 6: 15 (RVR 1960)
No podemos bajar
la guardia nunca, porque el enemigo que tenemos no descansa y no está lejos de
nosotros, por lo tanto debemos esforzarnos en la Gracia de Dios para poder
enfrentar las batallas que libramos diariamente en nuestra mente. Pero, como
bien se ha dicho, estas batallas no deben darse meramente desde una defensa,
sino tambien se debe ir en contra de nuestros enemigos en ofensiva de manera
radical.
No debemos
ignorar a nuestro enemigo Satanás, el cual es más fuerte que nosotros, y quiere
vernos caídos. Bajar la guardia ante este enemigo siempre nos llevara a la
derrota, por lo tanto debemos aferrarnos constantemente a Dios en humildad, no
con orgullo como en muchas ocasiones lo hemos hecho y como lo hizo Pedro en
Lucas 22: 31-34, sino como lo hizo Job en Job en Job 13: 15 “He aquí, aunque él
me matare, en él esperaré; No obstante, defenderé delante de él mis caminos, y
él mismo será mi salvación”.
Seamos sinceros
con nosotros mismos y reconozcamos que no podemos en nuestras propias fuerzas y
con nuestro propio empeño ganarle a satanás, sino solo cuando descansamos en el
Señor, cuando esperamos en Él aun cuando todo está en nuestro contra. En el evangelismo
es muy importante tener en cuenta esto, porque estamos caminando en contra del
enemigo, cada paso es una lucha, en donde debemos rogar al Señor que cuide de
nuestros pasos, como lo hacía el salmista quien decía continuamente al Señor:
“Sustenta mis pasos en tus caminos,
para que mis pies no resbalen.”
Salmo 17: 5 (RVR 1960)
Somos muy
débiles en nosotros mismos, por lo que debemos refugiarnos completa e
incesantemente en el Señor, aun el mismo apóstol Pablo reconoció su fragilidad
cuando dijo “golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo
sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1 Cor. 9: 27) y de
esta manera procuró luchar contra el mal. Nuestro peor enemigo no es satanás
sino es nuestro pecado, por lo que si nos descuidamos este enemigo nos puede
vencer. Un corazón orgulloso no puede vestirse de la armadura de Dios, pero
cuando este corazón orgulloso reconoce su orgullo y necesidad ante Dios, puede
vestirse de la humildad necesaria para poder revestirse de toda la armadura de
Dios en humillación continua ante Él.
EL ESCUDO QUE
NOS PROTEGE DEL ADVERSARIO Y TENTADOR
Arma espiritual: El escudo de la Fe
“Sobre todo, tomad el escudo de la fe,
con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.” Ef. 6: 16 (RVR 1960)
No tenemos un
enemigo de carne y hueso sino uno terrible que quiere vernos derrotados, no se
cansa, sino incesantemente y como león rugiente anda buscando cómo devorarnos
(1 Pedro 5: 8) y atacando primeramente a los débiles que se encuentran lejos de
la manada. Esto tambien debe llevar a todo cristiano a no solo estar alerta por
sí mismo sino tambien por su hermano, y con mayor cuidado por el más débil,
para cuidarlo de los ataques del enemigo (Romanos 15: 1).
La vida
cristiana exige coraje y determinación, por lo tanto la armadura de Dios no
tiene la intención de proteger por el simple hecho de no ser heridos sino aun
más de protegernos para que fortalecidos podamos atacar con vigor a nuestros
enemigos. No queremos ser protegidos para sobrevivir en la batalla sino para
vencer al enemigo, pero si no nos protegemos ¿Cómo podremos vencer en las
batallas internas? El estratega militar y filosofo chino Sun Tzu en su libro
“el arte de la guerra” escribió:
En situaciones de defensa, acalláis las
voces y borráis las huellas, escondidos como fantasmas y espíritus bajo tierra,
invisibles para todo el mundo. En situaciones de ataque, vuestro movimiento es
rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para
los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo.[3]
La defensa del
cristiano no debe estar en el orgullo, sino en la prudencia, no en la soberbia
sino en la humillación de su propio yo, y es tambien una pelea con avidez como
guerreros victoriosos en Cristo Jesús que miran a su Señor con grandeza y
esplendor sentado en el trono de victoria a la diestra del Padre, como dijo
Gurnall “Solo la fe puede ver a Dios en su grandeza; por tanto, solo ella es
capaz de reconocer las promesas en su grandeza, porque su valor estriba en
Aquel que las ha hecho”.[4]
El escudo de la
fe nos protege contra los dardos del enemigo que son sus tentaciones y todo lo
que quiera hacernos caer en la incredulidad y el desánimo que solo busca
llevarnos a negar a Dios con nuestras vidas. Por lo anterior debemos escudarnos
con la fe, mirando pacientemente a Jesucristo y su triunfo, como un ejército
victorioso, porque solo asi venceremos, como dijo Tzu en su libro el arte de la
guerra “un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un
ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después”.[5]
No peleamos para
vencer, sino porque ya vencimos, ese debe ser nuestro pensamiento, pero no
vencimos por nuestras propias fuerzas, porque en nuestras propias fuerzas nunca
hubiéramos podido vencer sino solo por la Gracia de Dios, por medio de la fe en
Jesucristo, pero en esa confianza debemos permanecer en humildad y paciencia.
“Porque todo lo que es nacido de Dios
vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de
Dios?” 1 Juan 5: 4-5
(RVR 1960)
El escudo de la
fe no se refiere a la fe en la fe, a una fe en la nada, sino a la fe en
Jesucristo, no es tan importante la magnitud de la fe como el lugar en donde
esta puesta, por lo tanto el escudo de la fe se refiere a confiar en
Jesucristo, creer que Él venció y está sentado en Su Trono sobre todo
principado y potestad (Ef. 1: 15-23), y a esperar pacientemente en Él con
humildad y gozo, aun en medio de la ansiedad, del decaimiento, del dolor, de la
soledad, de la ansiedad o de la desesperación (Salmo 40: 1-3), porque Él es
nuestro Señor, nuestro Salvador y nuestra ancla segura.
“Cristo fue
ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por
segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”
Hebreos 9: 28 (RVR 1960)
EL YELMO DE
LA SALVACION, SEGURIDAD DE SALVACION Y ESPERANZA DE LA GLORIFICACION
Arma espiritual: El Yelmo de la Salvación
“Tomad el yelmo de la salvación, y la
espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.” Ef. 6:17 (RVR 1995)
La instrucción de la carta a los Efesios es sencilla:
los cristianos deben vivir como cristianos, pero ¿Cómo es posible eso? Como
bien se dijo antes, los primeros tres capítulos de Efesios son indicativos y
los tres últimos imperativos. En este versículo se deben recordar los
indicativos, porque es un versículo que nos ordena tomar el yelmo de la
salvación y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, los indicativos
nos han enseñado con anterioridad la Gracia de Dios que nos ha llamado,
santificado y unido al pueblo de Dios como miembros de un solo cuerpo. Teniendo
en cuenta lo anterior nos instruye a tomar el Yelmo de la Salvación para no
perder la cabeza, sino reconocer que la salvación es de Dios. No es un arma
para salvación, sino de Dios para el que es salvo (Ef. 2: 8-9), es un arma
protectora de Dios y que Dios nos ha querido dar para que la tomemos y
significa que debemos reconocer a diario que la salvación es de Dios y que esta
salvación que nos ha dado por Gracia es la única que puede ayudarnos a
enfrentar cualquier situación.
El casco protector del creyente es el casco de la
esperanza de la salvación (1 Ts. 5: 8) que protege la conciencia contra las
armas de duda y desanimo que constantemente quieren atacarnos y nos da
seguridad, como resultado natural de vivir en obediencia al Señor (1 P. 1:
3-5). El telón de fondo de Ef. 3: 17, como ya se había dicho anteriormente, es Isaías 59: 8-20 que nos enseña que la
armadura de Dios habla claramente del celo y del ardor de la ira de Dios, por
lo que no debe pensarse como una pasiva arma protectora de los ataques del
enemigo sino aún más como una armadura activa y útil en la confianza en el
Señor que nos fortalece para atacar a los enemigos del Señor, los cuales
tambien son adversarios del pueblo del pacto del Señor, por lo que serán juzgados
por Él gravemente (Ef. 6: 10-12).
La esperanza a
nuestra suprema salvación, la aplicación total del Espíritu Santo a nuestra
redención se realizará en nuestra glorificación, es algo que debemos esperar y
tambien recordar constantemente por medio de un estudio profundo de las
Escrituras, como en la memorización, sujeción y obediencia de las mismas. Nuestras
preocupaciones y ansiedades quieren alterarnos pero todo esto debemos llevarlo
a los pies de Cristo, descansando en Él y no escuchando la voz del enemigo que
nos quiere incitar al pecado y la necedad, sino tomando con precisión las
Escrituras para poder enfrentar con sabiduría estas situaciones. El yelmo de la
salvación nos protege contra el desánimo que el adversario quiere que tengamos,
porque bien sabe que un soldado desanimado es débil y mucho más fácil de
atacar. Por lo anterior, en medio de nuestro desanimo vayamos a Dios en oración
quien nos fortalecerá en su gozo y rechacemos radicalmente toda oferta del mal,
pero si en ella hemos caído no dudemos de ir de nuevo ante el Señor en arrepentimiento
evitando asi que el pecado prospere en nuestra vida.
La vida que Dios ordena que vivamos es una vida de
santidad que significa tambien una vida de verdadero gozo, por lo tanto no
creamos el engaño del enemigo de que el camino del creyente es uno aburrido y
triste, porque es lo contrario: es bienaventurado todo aquel que obedece al
Señor.
“…
no os
entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.” Nehemías 8: 10 (RVR 1960)
La salvación es
causa de gran gozo para toda nuestra vida, porque es pasado, presente y futuro,
ocurrió en el pasado, lo vivimos en el presente y está garantizada en el
futuro. Por lo anterior vivir en esperanza de salvación es vivir en gozo. No
dudemos, sino con completa confianza en nuestro Señor pongámonos el casco
(“kóba”) de la esperanza de la salvación final (1Ts. 5:8), el yelmo de la
salvación que nos protegeré en contra del desaliento espiritual y luchemos en
contra de los seres malignos controlados por satanás, porque aunque han sido
derrotados igual que satanás, el sistema de pecado y la carne, deben seguir
siendo vencidos, por lo que tenemos que batallar contra estos todos los dias, a
través del poder del Espíritu Santo que mora en nosotros
LA ESPADA DEL
ESPÍRITU SANTO EN LA SANTIFICACIÓN DEL CREYENTE
Arma espiritual: La Palabra de Dios
“La palabra de Dios es viva, eficaz y
más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el
espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las
intenciones del corazón.”
Hebreos 4: 12 (RVR 1995)
La armadura de
Dios en la guerra espiritual es completamente necesaria, necesitamos
urgentemente cada día tomar y revestirnos de cada arma espiritual, y
mantenernos vestidos de toda ella para poder resistir al diablo (Sant. 4: 7),
porque cada una y toda ella es necesaria para nuestra santificación y gozo en
el Señor. En esta sección se ampliara el significado de la espada del Espíritu
Santo en la santificación del creyente.
El evangelio es
el poder de Dios para salvación (Rom. 1: 16-17) es el obrar del Espíritu en
nuestra vida que resulta en un fruto que es ofensivo para el enemigo, porque es
el bien que derrota el mal (Rom. 12: 20-21). La Escritura es descrita como una
espada, un arma ofensiva (Heb. 4: 12) que es viva y eficaz (2 Co. 10: 3-5),
porque es la Palabra de Dios. La Espada que pertenece al Espíritu Santo es un
arma blanca y aguda que ha sido fabricada con un material inmortal y
todopoderoso, porque es la Palabra de Dios, la arma ofensiva del Espíritu Santo
que Jesucristo usó en medio de la tentación de satanás (Lc. 4: 1-13) y es la
misma que nosotros debemos usar en contra de cualquier ataque del enemigo. No
se refiere solamente a hacer un estudio profundo de las Escrituras con
rigurosidad y esfuerzo sino principalmente a glorificar a Dios por medio de un
estudio correcto de las Escrituras, como bien dijo Núñez: “nuestros mensajes
necesitan ser exegéticamente correctos; pero requieren que los prediquemos de
una manera que honren a nuestro Dios.”[6]
La arma más
ofensiva contra nuestros enemigos es la Palabra de Dios, por lo que debemos
prepararnos bien en toda ella para usarla correctamente, no como un amuleto de
la suerte, ni ninguna forma de superstición, sino como el consejo de Dios que
debe ser creído y obedecido, pero para ello es necesario saber usarla bien.
"Procura con diligencia
presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que
usa bien la palabra de verdad."
2 Timoteo 2: 15 (RVR 1960)
La Palabra de
Dios debe ser usada como una daga en un combate directo, o como un cuchillo en
una cirugía, con precisión, para ello es necesario saber estudiarla y aplicarla
de manera correcta y en el momento preciso. Cada arma de Dios y toda la
armadura de Dios son completamente necesarias en la santificación del creyente,
en su victoria contra el mal, pero no se puede dejar a un lado la oración,
porque va de la mano con toda la armadura de Dios. Es necesario siempre orar,
porque es la oración la que nos dará ese corazón humilde y humillado ante el
Poder y la Sabiduría del Señor para poder revestirnos de toda la armadura de
Dios.
LA ORACIÓN EN
LA ARMADURA DE DIOS
“orando en todo tiempo con toda oración
y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica
por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada
palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el
cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.” Efesios 6: 18-20 (RVR 1960)
La Armadura de
Dios es una unidad que le pertenece a Dios, por lo que no es posible que la
usemos con sabiduría sin la oración. La oración es el pegamento que nos adhiere
a la armadura de Dios, es una gran fortaleza en medio de la desesperación, es
un ánimo en el desaliento y descanso en la inquietud. Recordemos que no debemos
vivir por vista, sino por fe, esperando un mejor lugar, uno permanente, con
nuestro Señor Jesucristo, porque es Jesucristo nuestra única real esperanza.
Por eso debemos orar todos los dias, para que el Señor fortalezca nuestra fe en
lo que es verdadero y eterno. Pero ¿Cómo debemos orar? A veces nos es difícil
responder a esta pregunta, porque no sabemos cómo orar, pero tranquilo, tenemos
un gran modelo de oración y es Jesucristo, como dijo el profesor Longman,
Jesús se convierte en modelo de
oración. Ora ante decisiones importantes (Lc. 6: 12-13) y en relación a puntos
importantes de crisis (…)Él mismo lucha en oración (Lc. 22: 41-44; Heb. 5: 7).
Él ha orado por sus discípulos (Jn. 17, Lc. 22: 32), e incluso ahora, en el
cielo. Él todavía intercede por nosotros (Heb. 7: 25). De hecho, nuestra
intercesión ante el trono de Dios es válida porque la suya lo es (Heb. 4:
14-16).[7]
La oración es
importante, porque puede fortalecer nuestra relación con Dios, nos lleva a
depender más de Él, y es necesaria cada día en nuestra vida, porque nos ayuda
en nuestra debilidad, para que cuando seamos tentados o probados sepamos como
responder, pero tambien es una oportunidad de participar en la obra del Reino
(Luc. 18, 21; Col. 4). Mas solo podemos acudir a Dios por medio de la obra de
Jesucristo, nuestro único y suficiente Mediador. Siempre ha sido por medio de
Jesucristo, en el Antiguo Testamento, era en base a la obra futura de Cristo,
prefigurada en los sacrificios y ofrendas que los sacerdotes hacían en el
templo (Heb. 7: 23-28; 10: 1-4; Rom. 3: 23-26), pero ahora que Jesucristo ha
muerto y resucitado, podemos entrar confiadamente, con plena seguridad y
libertad a la misma presencia de Dios por Su sangre, es decir por Su suficiente
expiación por nuestros pecados (Heb. 10: 19).
Orar en el
nombre de Jesús, no debe ser tomado como una fórmula mágica, sino que Juan 14:
13-14 cuando nos dice que pidamos en el nombre de Jesús, nos está diciendo que
solo podemos orar en la autorización de Jesús, puesto que cuando se decía “en
el nombre de una persona”, se hablaba de la persona misma, entonces orar en el
nombre de Jesucristo es orar en Jesucristo, en su carácter, conforme a su santa
voluntad, lo que tambien quiere decir que nuestra oración a Dios debe ser
enfocada en que nuestra vida sea moldeada conforme a la imagen de Jesucristo,
es eso a lo que se refiere vestirnos de toda la armadura de Dios, vivir
conforme a Jesucristo, lo que implica no dejarnos moldear a este mundo, huir de
todo tipo de idolatría, aborrecer el mal y amar el bien, odiar lo que Dios odia
y amar lo que Él ama, disfrutar el bien y aborrecer el mal, gozarnos en Su
Palabra y desechar las obras perversas de la oscuridad.
La Biblia nos
enseña a orar conforme a la voluntad de Dios (1 Jn. 5: 14), es decir conforme a
lo que dice la Palabra de Dios, porque la voluntad de Dios es que lo
obedezcamos. Cuando oramos, aunque el patrón primordial es orar al Padre,
podemos orar tambien directamente a Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo,
porque cada Persona de la Trinidad es digna de oración y nada prohíbe tal
oración. No oremos con incertidumbre, sino con la seguridad de que Dios nos
oye, no temamos orar, porque no sabremos como orar hasta que oremos, en el
proceso sabremos como debemos mejorar en la oración, pero no temamos orar a
Dios, hagámoslo con un corazón sincero, rendido y humillado, dispuestos aun a
cambiar nuestras peticiones si no son conforme a su Santa Voluntad.
¿Qué nos impide
orar? Quizás no hemos confesado un pecado, no hemos restaurado una relación, no
hemos perdonado. Si es asi vayamos pronto ante nuestro hermano y procuremos
restaurar nuestras relaciones, humillémonos ante Dios y pidamos perdón ante Él,
arrepintámonos, cambiemos nuestro modo de pensar frente al pecado, repudiémoslo
y apartémonos de todo mal, seamos humildes y reconozcamos nuestros errores, no
seamos arrogantes, ni soberbios, sino sencillos.
Podemos estar
viviendo de una manera ordenada, procurando andar de la mejor manera ante Dios,
guardando y obedeciendo sus mandamientos, pero eso no significa que viviendo en
tal deseable estado tendremos lo que pidamos a Dios. No siempre tendremos lo
que queremos, recordemos que Pablo le pidió tres veces al Señor que le quitara
el aguijón de su carne que le atormentaba pero Dios le respondió NO (2 Co. 12:
8), a veces será un sí, otras no, y otras después, pero no debemos
desesperarnos sino confiar en que la respuesta del Señor es la mejor. Aunque
tambien es menester reconocer que muchas veces el NO que recibimos es porque no
oramos y no oramos porque no confiamos en Dios como deberíamos, como dijo
Grudem,
Si estuviéramos realmente convencidos
de que la oración cambia la manera en que Dios actúa, y que Dios en efecto
produce cambios asombrosos en el mundo en respuesta a la oración, como la
Biblia repetidamente enseña que lo hace, oraríamos mucho más de lo que oramos.
Si oramos poco es probablemente porque en realidad no creemos que la oración
logre gran cosa.[8]
Oremos en
privado, en nuestra intimidad con Dios, procuremos ser constantes en nuestra
oración, pero tambien oremos con otros (Mt. 18: 19-20, Hch 4: 24, Mt 6: 11-13),
porque orar es una gran bendicion y medicina para todo nuestro ser, como
escribió Grudem “orar con otros, entonces, es correcto y a menudo aumenta
nuestra fe y la eficacia de nuestras oraciones”.[9] En muchas ocasiones
minimizamos el ayuno, pero en varios pasajes vemos que la oración estaba
acompañada de ayuno. Aunque en el nuevo testamento no se nos exija ayunar,
tenemos pasajes que nos animan a ayunar (Mt. 6: 16, 9: 15). De seguro que si
ayunáramos más continuamente y dedicáramos este tiempo de la comida en la
oración estaríamos más fortalecidos espiritualmente, orando como lo hizo
Jesucristo, en todo momento y asi enseñó a sus discípulos que “debían
orar en todo tiempo, y no desfallecer” (Lc. 18: 1).
Mientras no
estemos velando y orando, como deberíamos hacerlo, experimentaremos continuas
caídas, por lo tanto no nos dejemos llevar por la pereza, abandonemos el mal
uso del tiempo y definamos con claridad cada una de nuestras prioridades,
reconociendo que nuestra vida está en continuo peligro, porque cerca está el
tentador que anda como león rugiente para devorarnos, y sin dudar lo hará en
nuestra debilidad, por lo que debemos fortalecernos continuamente por medio de
la oración ferviente y continua para no entrar en tentación.
“Velad y orad, para que no entréis en
tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”
Mateo 26: 41 (RVR 1960)
Velemos y oremos
como vigilantes de nuestra alma y de la de nuestros hermanos para que seamos
fortalecidos en el poder de Dios para poder vencer cada una de las pruebas y
huir de las tentaciones, pero tambien somos llamados a ser astutos y prudentes.
Debemos aprender a ser astutos para hacer el bien, estratégicos, organizados,
inteligentes y dejar de improvisar tanto. Ser astuto en el sentido de aprender
usar del ingenio para hacer lo bueno, para obtener el perdón de quien
ofendimos, para predicar el evangelio, para obedecer los mandamientos, para
huir del pecado, para amar a nuestros hermanos, etc. A veces nos preguntamos,
pero ¿Cómo puedo amar a aquella persona que es tan cruel conmigo? Usa de la
astucia, pero se prudente. Es decir, busca estrategias que te ayuden a obedecer
los mandamientos, a amar más a Dios y a tu prójimo, pero nunca busques una
estrategia que pueda llevarte al pecado, porque esto no tiene sentido y solo
hará daño a tu vida. Pensemos en esto: algunos “cristianos” que se acomodan al
mundo, viven como el mundo y dicen que lo hacen para alcanzar al mundo para
Cristo, esto definitivamente no tiene sentido, es completamente irracional. Mas
bien, seamos prudentes, sabios para hacer el bien e ignorantes para el mal,
alejándonos del pecado y de todo lo que quiera llevarnos a este mal, velando en
oración en todo tiempo, orando aun en medio de nuestra suciedad, como
sabiamente lo hizo el hijo prodigo que aun con los arrapos que vestía, de su
mal olor por estar en medio de los cerdos y de su vergonzoso estado, se
presentó ante su padre quien sin menospreciarlo por su condición lo abrazó y lo
perdonó, como lo ha hecho y lo seguirá haciendo nuestro gran Dios con todos
aquellos que son sus hijos, amando, limpiando y celebrando a todo aquel que se
acerca a Él (Lc. 15: 11-32), por ello ve ante Dios en todo tiempo, en felicidad
o en tristeza, en salud o enfermedad, en victorias o en derrotas, nunca dejando
de orar.
[1] William Gurnall, El
cristiano con toda la armadura de Dios, trad. de M. Anne Crandell de
Garrido (Edimburgo, Reino Unido: El estandarte de la Verdad, 2011), 287-288
[2] William Gurnall, El
cristiano con toda la armadura de Dios, trad. de M. Anne Crandell de
Garrido (Edimburgo, Reino Unido: El estandarte de la Verdad, 2011), 406
[3] Sun Tzu, El arte de
la guerra (VI a. C.), 10
[4] William Gurnall, El
cristiano con toda la armadura de Dios, trad. de M. Anne Crandell de
Garrido (Edimburgo, Reino Unido: El estandarte de la Verdad, 2011), 715
[5] Sun Tzu, El arte de
la guerra (VI a. C.), 11
[6] Miguel Núñez, De
pastores y predicadores (Nashville, TN: B&H Publishing Group, 2019),
48.
[7] Tremper Longman III,
ed., Diccionario ilustrado Bíblico Baker (India: Vidalibros, 2019), 1305
[8] Wayne Grudem, Teología
Sistemática (Miami, Fl: Vida, 2009), 395.
[9] Teología
Sistemática de Wayne Grudem, 408.
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