CON CRISTO AL FRENTE SIEMPRE VENCEREMOS
Me gustaría terminar este libro que se ha escrito con gran esfuerzo y esmero con la siguiente ilustración que se me hace fácil para poder comprender mejor mi accionar en la santificación, mi lucha espiritual. El baloncesto es un deporte en equipo, pero en el entrenamiento se puede practicar solo, mientras veo el balón, debo concentrarme en manejarlo bien, no que este me maneje, debo protegerle, aprender a rebotarlo, y a lanzar bien para que pueda entrar en el aro, pero hacer esto de manera perfecta requiere entrenamiento fuerte, aun asi nunca lo hare perfecto, pero tratare de no equivocarme porque si me equivoco jugando un partido, si hago un mal pase, o un mal lance, eso podría definir el resultado del partido. Algo muy similar pasa con nuestras vidas, uno de los pasajes que más me encanta de las Escrituras es Proverbios 4: 23 que dice “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Nuestro corazón es como el balón en el baloncesto, debemos cuidarlo muy bien y aprender a someterlo y rendirlo a los pies de Jesucristo, para que pueda entrar en el aro de la Ley del Amor, en los preciosos mandamientos de nuestro Señor y Dios (Mat. 22: 37, Gal 5: 14). Aunque nosotros nunca seremos perfectos sobre esta vida debemos entrenar bien nuestro corazón para que en el partido, en la lucha espiritual, pueda ganar con gran gozo, pero solo venceremos con Cristo al frente.
El único que
guardó perfectamente su corazón, que no falló en ningún partido sino que
obedeció perfectamente la Ley de Dios fue Jesucristo, por lo que necesitamos
escucharlo, porque solo Él puede decirnos como guardar nuestros corazones y
vencer a la oscuridad. No hay otra manera, necesitamos escuchar atentamente a
la Palabra de Dios, guardarla en nuestro corazón y procurar obedecerla, mirando
a Aquel que pudo vencer a nuestros enemigos, quien vivió perfectamente, porque
solo en Él podemos tener la victoria, primero porque nos ha dado Su victoria,
decidió tomar nuestro lugar y vencer a quienes no pudimos, y segundo porque en
Su victoria tenemos ánimo para poder vencer. De la misma manera podemos ver
nuestra lucha espiritual como una guerra en la cual nosotros somos soldados de
Jesucristo y debemos enfocarnos solamente en Él sin perder nuestra mirada en
Sus grandes bellezas, esforzándonos continuamente en la Gracia de Dios,
magnificando al Señor desde nuestros corazones, para vencer al mal que habita
en nosotros.
“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la
gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto
encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú,
pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se
enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por
soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha
legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar
primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.”
2 Timoteo 2: 1-7 (RVR 1960)
Nuestra manera
de vivir debe ser como Jesucristo quien vivió pensando en las cosas de Dios, no
en las de los hombres (Mat. 16: 23), y quien para hacer solamente la voluntad
del Padre entregó hasta su propio cuerpo. Nuestro enfoque no debe ser otro que
el eterno, y de esta manera nuestras decisiones deben darse, pensando en hacer
tesoros en el cielo, no en la tierra, para que nuestro corazón y alma inmortal
sea inclinada al Reino de Dios y Su Justicia, por lo tanto examínate
constantemente en tu accionar a la luz de las siguientes preguntas ¿Qué traerá
mayor gloria al nombre del Señor?¿Que será más beneficioso para mi alma?¿Que me
llevará enfocarme más en las cosas de arriba que en las de abajo? Estas
preguntas deberían regular nuestras decisiones, de esta manera viviríamos de
manera más piadosa y haríamos resoluciones más firmes en nuestra alma, como la
que hizo Job.
“Hice un pacto con mis ojos, de no mirar con codicia sexual a ninguna joven”
Job: 31: 1 (NTV)
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