HERMOSA JUSTICIA DE NUESTRO SEÑOR
“¡De ningún modo! Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso; como está escrito: PARA QUE SEAS JUSTIFICADO EN TUS PALABRAS, Y VENZAS CUANDO SEAS JUZGADO. Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Acaso es injusto el Dios que expresa su ira? (Hablo en términos humanos). ¡De ningún modo! Pues de otra manera, ¿cómo juzgaría Dios al mundo? Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué también soy yo aún juzgado como pecador? ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos): Hagamos el mal para que venga el bien? La condenación de los tales es justa.” Romanos 3: 4-8 (LBLA)
En
Romanos 3: 4-8 el apóstol Pablo claramente está enseñando a todos los amados
que están en Roma una defensa clara de la justicia de Dios, la cual aunque
cuestionada por el hombre es verdaderamente justa y perfecta. En primer lugar,
el texto bíblico enseña que una gran ventaja tiene el judío sobre el gentil,
porque el judío, perteneciente al pueblo de Israel, recibió en primer lugar la
Palabra de Dios, a los escogidos de este pueblo les fue confiada la escritura
de las Sagradas Escrituras y el poder compartirla a otros, pero esta ventaja no
definió la salvación de ninguno de ellos, porque la salvación siempre ha sido
por gracia, por medio de la fe en Jesucristo. No es por ningún mérito humano,
tanto judíos como gentiles todos somos mentirosos, merecedores de únicamente el
infierno para siempre, porque todos nos hemos rebelado contra la Ley de Dios.
No
es honesto el que dice que ha obedecido toda la ley de Dios, aun si el que lo
dice es un cristiano, porque la Ley de Dios no solo consiste en actos bondadosos
sino evalúa hasta las profundidades del corazón mismo del ser humano, sus más íntimos
pensamientos. El examen que nos hace Dios a la luz de los Diez Mandamientos nos
debe llevar a reconocer que somos mentirosos pero que Dios es veraz, juez justo
y verdadero consuelo de sus escogidos.
Alguno
podría decir en su vano razonamiento que Dios no debería castigar al pecador,
porque el pecado es algo natural en el ser humano, no solo eso, sino que hace
resaltar la justicia de Dios, pero el anterior, como bien se dijo, es un vano
razonamiento porque olvida el carácter justo de Dios. Dios es Juez justo que
manifiesta su gloria, no a causa del pecado, sino a pesar del mismo. No es sabio el que busca justificarse a sí
mismo y de ninguna manera es injusto Dios que castiga. Su ira hacia el pecador
es completamente justa.
El
mensaje que da Pablo es un mensaje que aún sigue vigente el día de hoy porque
es la Palabra de Dios. Dios inspiró a Pablo para escribir Su Palabra de una
manera orgánica y natural, no mecánica, no es como si Dios estuviera dictándole
a Pablo lo que tenía que escribir sino que lo escribió de manera natural,
inspirado por el Espíritu Santo, y tiene la autoridad de la Palabra de Dios
este pasaje como cada pasaje, texto y libro de la Biblia, en su contexto,
porque Dios ha dado esta autoridad, no ha sido la Iglesia, sino Dios mismo
designó a profetas en el Antiguo Testamento y a apóstoles en el Nuevo
Testamento para darnos su bendita Palabra, el canon completo (66 libros), por
lo tanto debemos estar atentos para escuchar lo que quiere enseñarnos como
Iglesia.
El
pueblo de Dios, circuncidado de corazón por el Espíritu Santo, no debe depender
de sí mismo sino de la fidelidad de Dios, porque aún como creyentes vivimos en
una naturaleza caída, somos mentirosos y aunque regenerados, el pecado seguirá
habitando en nosotros hasta la muerte, por lo tanto necesitamos matar cada día
nuestro yo, tomando la cruz para sacrificar nuestra vanidad y todo mal
pensamiento. No permitamos que nuestra mente divague en el mal y piense mal de
Dios sino que reconozca Su Justicia y aprenda a amarla con todo su ser como con
cada atributo de Dios. Piensa en este fin de semana en la justicia de Dios,
pero tambien en su misericordia, porque de no haber sido por su misericordia no
podríamos tener la dicha de ser llamado hijo de Dios.
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