NADIE HA VISTO AL PADRE NI AL ESPÍRITU SANTO
El título de este corto escrito parece ser una afirmación
totalmente abrumadora para muchos judíos y aun para algunos cristianos que,
como el mismo que ha escrito este texto, nos debe animar a conocer mejor las
Escrituras, sumergiéndonos en ellas y permitiendo al Espíritu Santo enseñarnos
a través de un juicioso estudio y disposición de corazón ante la Palabra de
Dios.
El profeta Isaías vio al Señor, el mismo lo afirmó “vi yo al Señor sentado sobre un trono alto
y sublime”, entonces ¿Por qué Juan 1: 18 dice “A Dios nadie le vio jamás”? Parece haber una contradicción, pero
bien sabemos que en la Biblia no existe ninguna contradicción, no hay error en
la Biblia, sino el error está en nosotros que no la comprendemos como debe ser.
Isaías vio a Dios, así como Moisés, quien pudo hablar con
Él cara a cara (Éxodo 33: 11), pero a quien vieron, tanto Isaías como Moisés,
fue a Dios el Hijo, a Jesucristo, la Segunda Persona de la Trinidad. Alguien
podría llegar a pensar que estamos hablando de varios dioses, pero no, solo
existe un único Dios (Marcos 12: 29), complejo en su unidad, es Dios Padre,
Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Jesucristo, Dios Hijo, es la Segunda Persona
de la Trinidad, el misterio que se nos ha dado a conocer por el Espíritu
(Efesios 3).
“Por tanto, el
Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un
hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Isaías 7: 14 (RVR 1960)
“He aquí, una
virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que
traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1: 23 (RVR 1960)
Jesucristo ha sido manifiesto al mundo desde el principio
de los siglos, esta es una verdad que aún le cuesta creer a muchos judíos, pero
es porque la venda de sus ojos aún no ha sido quitada.
En el antiguo testamento, antes de que Jesucristo viniera
en carne, se manifestó en forma preencarnada, a tal estudio llamamos Teofanía o
Cristofanía. Para entender un poco mejor lo que significan estos dos términos,
a continuación vamos a prestar atención a las siguientes cortas explicaciones
que se han dado:
A menudo, el
término “la gloria del Señor” refleja una teofanía, como en Éxodo
24:16-18; “la columna de nube” tiene una función similar en Éxodo 33:9.
Una frecuente introducción para las teofanías puede verse en las palabras
“descendió el Señor,” como en Génesis 11:5; Éxodo 34:5; Números
11:5; y 12:5.[1]
Cada Teofanía, en
que Dios adopta una forma humana, prefigura la encarnación, donde Él tomó la
forma de un hombre para vivir entre nosotros como Emanuel – “Dios con
nosotros” (Mateo 1:23). Estas menciones solo confirman que la revelación
de Dios está en el Hijo, pues Él es la imagen misma de su sustancia y el
resplandor de su gloria, y Él le ha dado a conocer (Hebreos 1).[2]
Cuando aparece el
Ángel de Jehová es una cristofanía (aparición de la Segunda Persona de la
Trinidad en la tierra). Tanto el Padre como el Espíritu Santo son invisibles
(nadie los puede ver); pero la Segunda Persona (Jesucristo) es la que se
manifiesta en el Antiguo Testamento como el Ángel de Jehová, quien es adorado y
reconocido como Dios. Es interesante notar que después de la venida de Jesús,
encarnado por medio de María, no hay más apariciones del Ángel de Jehová. En su
encarnación hizo su manifestación para todos los siglos.[3]
La aparición de Dios al ser humano, de forma visible y
perceptible para los sentidos humanos, solo ha sido dada en la segunda persona
de la Trinidad, Jesucristo, porque nadie ha visto al Padre ni al Espíritu
Santo, debido a que ellos son Espíritu.
“Dios es
Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que
adoren.” Juan
4: 24 (RVR 1960)
El ser humano no puede conocer a Dios de forma natural,
porque en nuestra naturaleza se nos hace imposible conocerle, debido a que Dios
es Espíritu mas nosotros carne. Aun así el Señor Jesucristo descendió y
adquirió la naturaleza humana, se hizo como uno de nosotros, a fin de que
pudiéramos conocer a Dios, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Solo en Jesucristo podremos discernir lo
espiritual, tener un espíritu vivo, es decir, nacer de nuevo, a fin de poder
conocer a nuestro Dios Elohim, Adonai, YHWH. El Único Dios Verdadero.
“A Dios nadie le
vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a
conocer.” Juan
1: 18 (RVR 1960)
Si en el antiguo testamente algún siervo de Dios afirmó
ver a Dios, vio verdaderamente a Dios el Hijo, no a Dios el Padre ni a Dios el
Espíritu Santo, porque como la misma Escritura dice “A Dios nadie le vio jamás”, refiriéndose estrictamente al Padre y
al Espíritu Santo.
“Entonces Tomás
respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has
visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”
Juan 20: 28-29 (RVR 1960)