ES FÁCIL CAER EN LA TENTACIÓN
Caer es fácil porque para caer solo tienes que
dejarte llevar por la carne haciéndole caso a satanás. Y eso hace parte de la
naturaleza con que nacimos, porque con pecado hemos nacido (Salmos
51:5-11), mas cuando le creímos a
Jesucristo, nacimos de nuevo, por lo tanto adquirimos una nueva naturaleza, una
naturaleza que va en contra de la que adquirimos por el pecado. Desde el
momento en que por gracia de Dios dejamos de mirar al mundo para mirar a
Jesucristo, empezó una guerra, una lucha en nosotros mismos, entre la carne y
el espíritu, entre seguir al mundo o seguir a Jesucristo, entre morir a nuestro
yo o enaltecer a nuestro yo. Algunas veces ganaremos, otras perdemos las
batallas, pero si en verdad creemos en Jesucristo tendremos la victoria final.
¿Qué es lo que nuestros ojos codician? ¿Qué es
lo que nos estimula a pecar? Eso es lo mismo que debemos evitar, porque aunque
sea atractivo su fin es destructivo. No confiemos en nosotros mismos, ni en
nuestros propios sentidos, porque nos pueden engañar como lo hizo con Eva, más
bien creámosle a Dios. Para no pecar, para no caer en la tentación, debemos
primeramente confiarle nuestra vida a Dios, entreguémosle nuestro corazón todos
los días, muriendo a nuestra carne, a nuestros propios deseos, para que
podamos, no solo hacer su voluntad, sino poder amarla, como lo mejor que
nuestra vida pueda hacer. Si caer es fácil levantarse es difícil pero no te
desanimes sino cobra anima recordando que:
“Los
muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que
esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40: 30-31 (RVR 1960)
Si en verdad mantenemos una relación íntima,
continua, y pura con Dios, por medio de Jesucristo, entonces nos mantendremos
firmes, y podremos huir de la tentación sin ningún problema porque el temor de
Dios nos guiará para no pecar sino para en verdad amar.
“Confía
en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la
verdad.” Salmos 37: 3 (RVR
1960)