CUANDO LLEGA LA ANSIEDAD
La ansiedad es considerada, por muchos estudiosos de la salud física, como un mecanismo defensivo que es normal y preventivo, pero por otros, como la causa de enfermedades neurológicas y cardiacas. Para los estudiosos de la salud mental es considerada como una enfermedad que necesita tratamiento, pero para otros es considerada como un estado emocional normal del hombre que debe ser controlado.
La
ansiedad es un tema de debate que actualmente no se ha manejado de la manera
más apropiada, sabia y prudente para el
hombre. El hombre, aunque es un ser egoísta y miserable por su condición de
pecaminosidad y promiscuidad natural, no deja de ser importante para su
Creador. Nosotros no solo somos seres con mente y cuerpo sino también poseemos
un espíritu, aunque no esté vivo desde nuestro nacimiento físico. Si dejamos a
un lado nuestra concepción del espíritu entonces no podremos conocer con
certeza lo que es la ansiedad en la vida del hombre sino andaremos en continuas
disputas sin llegar a un resultado que nos conduzca a la mejor solución.
La
ansiedad es el estado de preocupación, inducido principalmente por el miedo a
lo que va a suceder. Este grave problema tuvo su origen en los inicios de la
humanidad.
Los
primeros hombres (Adán y Eva) eran seres que no solo tenían un cuerpo y un
alma, llena de emociones y de una conciencia como la tenemos hoy, sino también
tenían un espíritu que continuamente estaba colmado de alegría porque el Señor
lo fortalecía. Para el hombre era lo mejor que le hubiera podido pasar, pero la
maldad llegó a su vida por el engaño de un ser que tiempo atrás se había
rebelado contra su Señor. Mas como satanás no podía hacer nada contra Dios
entonces engañó a su creación más especial: al ser humano. Fuimos engañados,
pero no obligados a desobedecer a Dios, por lo tanto le transgredimos siendo
rebeldes a su Palabra y dejándonos llevar por las mentiras. Luego de que el
hombre desobedeciera a Dios la maldad llegó al mundo y, con eso, la separación
de Dios con el hombre, llevándonos a la ansiedad por el miedo a nuestro destino
eterno.
La
ansiedad es un continuo que acompañara al hombre mientras viva en este mundo,
pero es consecuencia de la maldad. La ansiedad es mala porque proviene de algo
malo, mas es buena porque nos enseña la necesidad de ser orientados por el
verdadero y único Dios a fin de no preocuparnos por el mañana.
Nosotros
fuimos los que nos buscamos los problemas, pero Dios, como es infinitamente
bueno, no nos dejó solos en nuestros problemas y, en la condenación que
enfrentaríamos después de la muerte, sino proveyó salvación para justificarnos.
Para ser justificados debía morir alguien, porque la consecuencia de no
obedecer al Todopoderoso es la muerte, mas no podía ser el hombre quien se
justificara así mismo, entonces Jesucristo se ofreció a venir a este mundo con
el propósito de morir, ser sepultado y resucitar, con el poder de Dios, para
justificar al que cree en El. Su obra redentora nos provee salvación, que trae
como consecuencia vida en el espíritu, una nueva vida para el hombre que antes
estaba muerto por no andar según la voluntad de Dios.
La
Salvación es la respuesta de Dios al hombre que le reconoce y cree en
Jesucristo como el único que tiene poder para matar a su hombre lleno de
vicios, mentiras y engaños y darle una nueva vida para ser un hombre nuevo. La
Salvación no es para todos porque no todos reconocen al verdadero Dios como su
Señor sino es para aquellos que levantan su mirada a Jesucristo, dejando de
mirar sus propias obras, para agradecer la Obra de Jesucristo, teniendo por
basura toda su vida en la que no vio a Jesucristo. Solo Jesucristo nos da
esperanza para vencer la ansiedad.
Si
de verdad has creído en Jesucristo como el Señor de tu vida, y en verdad has
sido convencido por el Espíritu Santo de que la Biblia es la Palabra de Dios
entonces eres un hombre nuevo que es guiado día a día por la Palabra de Dios.
Aun así eres un hombre nuevo, en un cuerpo de un muerto, porque este cuerpo va
camino a la destrucción a fin de tener un nuevo cuerpo en el día postrero.
Como
hombres nuevos, en medio de este mundo y en un cuerpo de muerte, tenemos una
lucha diaria contra las ansiedades que controlan este sistema. Jesucristo mismo
nos advirtió:
“Estas cosas os he
hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo.” Juan
16: 33 (RVR 1960)
Debemos
confiar en Dios, porque El venció por nosotros. Dejemos a Dios nuestras cargas,
para descansar en El, a fin de andar confiadamente en el camino que El preparó
de antemano para cada uno de nosotros.
Charles
Spurgeon, en su sermón titulado “la
oración, el remedio para la ansiedad”, refiriéndose a la ansiedad usó el
siguiente ejemplo:
“…a menudo he usado el
ejemplo (no conozco otro mejor) de tomar un telescopio, soplar sobre él el
cálido aliento de nuestra ansiedad, acercarlo al ojo, y luego decir que no
podemos ver nada sino nubes. Por supuesto que no podemos, y nunca lo haremos
mientras exhalemos aliento sobre él. Si fuéramos imperturbables, tranquilos,
serenos y poseídos por Dios, haríamos lo correcto. Deberíamos tener, como
decimos, “presencia de ánimo” en el tiempo de dificultad. El hombre que tiene
la presencia de Dios, puede esperar tener presencia de ánimo. Si olvidamos orar
¿se sorprenden que estemos todos inquietos y preocupados, y que hagamos lo
primero que se nos ocurre, que es generalmente lo peor, en vez de esperar hasta
ver lo que deba hacerse, y luego hacerlo confiadamente y con fe, como a los
ojos de Dios? La ansiedad es perjudicial; pero basta que conviertan esta
angustia en oración y entonces toda ansiedad se tornara en un beneficio para
ustedes.”
Ahora
es el tiempo perfecto para ir delante del Señor en oración.
“Echad toda vuestra
ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”1 Pedro 5: 7 (RVR 1995)
Disfrutemos
hacer la voluntad de Dios, regocijémonos en el Señor. Busquemos la paz, seamos
pacificadores, porque “Bienaventurados
los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:
9(RVR 1960))
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