EL PERDÓN
Es tan fundamental en
la vida de un pecador perdonar, pero aún más ser perdonado, primeramente por
Dios, porque sin el perdón de Dios solo tendremos condenación. Gracias a Dios
por darnos su perdón, por no condenarnos, cuando bien lo hubiera podido hacer,
más bien vino a salvarnos, a rescatarnos del pecado y de la muerte. Una de las
oraciones más hermosas en la Biblia que enseña un corazón arrepentido ante Dios
es la siguiente:
“Ten piedad de mí, oh Dios,
conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi
maldad,
Y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis
rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he
pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido
formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en
lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré
limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis
pecados,
Y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un
corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
Vuélveme el gozo de tu
salvación,
Y espíritu noble me sustente.
Entonces enseñaré a los
transgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a ti.
Líbrame de homicidios, oh
Dios, Dios de mi salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres sacrificio,
que yo lo daría;
No quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son
el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Haz bien con tu benevolencia
a Sion;
Edifica los muros de Jerusalén.
Entonces te agradarán los
sacrificios de justicia,
El holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.”
Salmo
51 (RVR 1960)
Si el Señor ya nos perdonó no
tenemos que traer a memoria las cosas antiguas, sino recordar la Palabra de
Dios que nos enseña que en Cristo somos nuevas criaturas, que podemos
equivocarnos, no somos perfectos, pero Dios es nuestra ayuda, Él es perfecto y
nos levanta si con corazón humilde se lo pedimos. No se trata de nosotros,
nunca fue sobre nosotros sino siempre sobre Dios, lo que debe llenarnos de
gozo, porque nosotros no podemos hacer nada por nosotros mismos, sino solo en
Cristo somos más que vencedores.
No es fácil perdonar a una
persona que pudo habernos hecho mucho daño, pero si Cristo ya nos perdonó ¿Por
qué no perdonar a nuestros enemigos? Perdona lo que no puedes olvidar,
refugiándote en lo que Jesucristo hizo por ti. Mientras Jesús estaba en la cruz
y aun cuando muchos lo miraban con desprecio, se burlaban y le decían palabras
ofensivas, el Señor no les maldijo ni les condenó sino su respuesta fue muy
diferente, evidenció un amor sobrenatural que solo podía provenir de Él, puesto
que dijo “Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen” (Lucas 23: 34) y siguiendo Su ejemplo Esteban, mientras
estaba siendo apedreado y cayendo de rodillas clamó en alta voz: “Señor no le tomes en cuenta este pecado”
(Hechos 7: 60).
Si aún no has recibido el
perdón de Dios es tiempo de que te arrepientas ante tu Creador y ruegues por Su
Misericordia, para que te perdone de todos tus pecados. Mira la cruz y pon tu
confianza y fe en la Obra Redentora de Jesucristo, sigue la misma actitud del
publicano que no se acercó a Dios por sus obras como lo hizo el fariseo sino
reconoció su pecado como obstáculo para su buena relación con Dios, por lo que
rogó a Dios que tuviera piedad de él y le perdonara.
“En cambio, el
cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a
levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal
de dolor mientras decía: “Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un
pecador”.” Lucas 18: 13 (NTV)
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