LA FE EN JESUCRISTO NOS HA SALVADO
La fe en Jesucristo nos ha salvado- ¿de qué? - podría preguntar alguien – de nosotros mismos y de la miseria en que vivíamos-, pues ya no somos una desgracia, porque ahora vivimos en el sendero de la santificación[1].
Las
academias o universidades tienen como objetivo producir investigaciones.
Reproducen diferentes tipos de investigación, como la investigación acción o
acción participante que buscan transformar la práctica o el contexto, en la
sociedad. Pero estas investigaciones no generan esos resultados que se esperan
obtener y, lamentablemente, nunca lo harán. Las tecnologías, también se
convirtieron en una propuesta que buscaba, por diversas metodologías, mejorar
en los procesos de enseñanza y aprendizaje, para el cambio en esta sociedad.
Pero la tecnología empezó a tomar tanta importancia en las personas que se
convirtió en una cosmología, una forma de culto, siendo semejante a una
gangrena que ha dañado aún más a nuestra sociedad. Estas enfermedades sociales
afectan, generando pérdidas de funciones en el ser humano, esas mismas
funciones que fueron dadas por el Creador.
Nos
han enseñado en las instituciones educativas que el leer y el escribir es lo
más importante, porque nos dan cierta autonomía, y tienen algo de razón en
darle valor a los procesos de lectoescritura, pero no es cierto que es lo más
importante. La lectura tiene sus etapas como la comprensión, imitación, oración
y el progreso de la lectura en su fluidez y el tono de voz. Para la enseñanza
de la lectura o escritura existen varios métodos, como el ecléctico, el
silábico o el global, los cuales pueden ser adaptados según la condición de la
persona. Aun así, los diferentes métodos
de enseñanza sobre la lecto-escritura seguirán siendo un fracaso, aunque
parezcan muy bien estructurados con su supuesta atención a la diversidad, si se
sigue dejando a un lado al verdadero Dios de la Biblia.
A
diferencia del que se conforma a las doctrinas del siglo, el justo por la fe
vivirá. El mundo dice ver para creer, la Palabra de Dios nos dice creer para
ver. Creer en y a Dios es fe. Mirar a Cristo no es agradable ante el mundo, por
eso quienes vivieron por fe, murieron siendo perseguidos, vituperados y
asesinado por el mundo. Y, aunque el mundo quiera condenarnos no podremos negar
que nuestro Dios es bueno. Como tampoco podemos ser indiferentes, viviendo como
si no hubiera otros, sino es necesario que seamos esas luces que alumbran en la
oscuridad.
No
tenemos razones para regresar del lugar en el que nos sacó el Señor, entonces
no lo hagamos. Ya no vivamos como antes, dominados bajo la ley. Aun así, es
importante reconocer que la ley no es para condenar sino para reconocer el
pecado, pero si solo en la ley esta nuestra esperanza entonces ¿Para qué murió
Jesucristo? Él vino para cumplir toda la ley y morir por aquellos que la
transgredimos y le creemos. Creerle a Dios es la fe que actúa mediante el amor.
Ese amor que nos lleva a predicar la Palabra de Dios, no fabulas, pues las
fabulas no son la Palabra de Dios. Pero no nos desanimemos si el mundo nos
aborrece por causa de Jesucristo, pues corona de justicia ha sido reservada
para aquellos que “con amor hayan
esperado su venida” (2 Tim. 4:8). Como obreros de Jesucristo tengamos en
gran estima la intercesión porque es una gran tarea. Intercedamos por nuestro
pueblo. Que el Señor tenga misericordia de nuestra nación.
Haz
un compromiso delante del Señor, como una acción de convicción y de amor hacia
Él. Entrégale tu vida a Él, tus sueños y tus anhelos, confía en Él, y nunca te
verás defraudado o defraudada porque Él nunca te abandonará.
[1] Santificación es el camino de los que confiesan que son peregrinos en
este mundo, aquellos que anhelan una patria mejor, la celestial.
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