EN LA OSCURIDAD TU PALABRA ME SIGUE GUIANDO

No estamos en momentos nada buenos, sino por el contrario, vivimos en tiempos de violencia, guerras, enemistades, pleitos, envidias y un tipo de competencia totalmente encaminada hacia la banalidad de la vida. No es fácil pensar en libertad mientras todo alrededor se está derrumbando poco a poco, pero a veces es necesario ignorar nuestro entorno por un momento para poder ver al invisible en estas toscas circunstancias.

La dirección es lo que todos están buscando con ansias y desespero, y, aún más, en este mundo que se ha llenado de la ideología del relativismo, dejando a un lado a la absoluta Palabra de Dios que es guía a todo ser humano. No existe otro camino sino solo Jesucristo.

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” 1 Timoteo 2: 5 (RVR 1960)

La desorientación que se vive, a causa de la oscuridad de las huecas filosofías, es solamente contrastada por el poder de la Palabra de Dios que en cada versículo nos enseña que solo Jesucristo es la esperanza para el hombre perdido.

En las academias no se enseña a Jesucristo como el Camino, la Verdad y la Vida sino como un hombre más, esto es debido a que el hombre ha querido tomar el lugar de Dios por medio de la mal llamada “educación”. El razonamiento humano, en sí mismo, es un total fracaso que sólo llevará a las personas a un camino cada vez más oscuro y sin salida, pero en Jesucristo la esperanza es absoluta.

Las personas que a través de la historia han depositado su confianza en el verdadero y único Dios no han vivido, en su gran mayoría, cómodamente en esta tierra sino, por el contrario, han pasado por diversidad de pruebas y sufrimientos que los han llevado hasta la muerte, pero ellos siempre permanecerán firmes porque su esperanza no está en este mundo sino en el venidero que tiene su comienzo en la resurrección de aquellos muertos que en Jesucristo esperaron.

 

¿EL COMPORTAMIENTO DEL SER HUMANO DEPENDE DEL ENTORNO?

Son muchos los estudios de psicólogos del comportamiento que han llevado a la conclusión de que el entorno influye en el comportamiento del ser humano, pero ¿Qué tan cierto es esto? Si observamos, en silencio, la forma de ser de una persona en una selva, no es la misma que en una prisión o en un hotel de lujo ¿Por qué? Esto tiende a ocurrir debido a que como seres humanos somos muy frágiles a nuestro entorno, adaptándonos muy fácilmente a las condiciones que este nos ofrece. Esta es una realidad que no es fácil de negar, pero si podemos pensar en alguien que rompió todo tipo de estructura en el ser humano para que viviera en integridad sin importar el entorno en el que se encontrara, su nombre es Jesucristo.

En el año 1963 en una cárcel de Stanford se desarrolló un experimento liderado por Philip Zimbardo. Este experimento consistía en reclutar 24 jóvenes universitarios, ponerlos en una cárcel y asignarles a unos el rol de prisionero y a otros el de policía. Al poco tiempo, este experimento se salió de control haciendo que los jóvenes que se les había asignado el rol de policías usaran la violencia, olvidándose por completo de que no podían usar la violencia y que eso era tan solo un experimento. Este comportamiento tan perverso en el ser humano, no fue descubierto por este arrogante psicólogo, sino el Señor en su Palabra, a través de los siglos, ha enseñado que la condición natural del ser humano desde que se rebeló contra Él es completamente perversa.

“Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal” Génesis 6: 5 (LBLA)

Esta es la razón de que se propaguen tan fácilmente las dictaduras, las injusticias y todo tipo de violencia entre las personas. Pero esta condición del hombre puede ser diferente si el ser humano, comprendiendo su condición natural, se arrepiente ante su Señor y cree que solamente en Jesucristo, en su Obra de Redención, esta su salvación. Dios es el único que puede transformar la condición natural del ser humano dándole nueva vida, por lo tanto, es solamente a Él que podemos recurrir para salvación a causa de nuestra maldad, pero si rehusamos creer no podremos gozar del privilegio de la vida eterna, porque esta vida solo es dada a quienes han nacido de nuevo por el poder del evangelio mediante la fe que proviene de Dios.

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