TÍTERES DEL DIABLO EN SU SISTEMA INFERNAL
El sistema, que buen tema para conversar, al hablar de sistema nos encontramos con diversas opiniones, miradas y concepciones que nos hacen que sea un poco más complicado el hablar fructíferamente de este tema. Pero podemos concordar en que todos estamos de acuerdo con la definición que nos propone la Real Academia Española al decirnos que es un conjunto. Sí, es cierto, es un conjunto, es decir una totalidad, un grupo, un conglomerado que reúne ciertas cosas, reglas y demás que la hacen ser sistema. Mas no hablaremos de cualquier sistema, sino de uno en específico, uno que ha dominado a nuestras generaciones por mucho tiempo, el sistema infernal.
El
infierno es descrito en la Biblia como un lugar de tormento eterno, el cual aún
no ha sido ocupado, pero lo será. Aquellos que ocuparán los primeros banquillos
del infierno serán los que hacen parte del sistema infernal y lo comandan.
El
comandante principal se llama satanás, él no puede dormir hasta hacer caer a
alguno del pueblo de Dios. Él maquina constantemente ataques en contra de la
creación de Dios. Su reino no es eterno sino efímero, él lo sabe pero rehúsa a
creerlo.
Las
multitudes han sido fácilmente manejadas como marionetas, siendo su titiritero
el mismo satanás y sus secuaces. Ellos son manejados totalmente por este
sistema, aun sus pensamientos, porque pensaron que en este gobierno infernal
encontrarían vida, amor y paz, pero lo único que hallaron fue egoísmo, lujuria
y soberbia, camuflados con otros nombres, y prefirieron aceptar esta oferta
antes que ser obedientes a Dios. Ser manejados como marionetas es totalmente
sencillo, no hay que hacer nada, solo dejarse llevar por el titiritero, el
problema es que este titiritero quiere llevar al hombre a su propia
destrucción.
Los
títeres del diablo nos rodean continuamente y, aun podríamos decir que fuimos
uno de ellos anteriormente. La mejor representación de estas marionetas es
nuestro gobierno. Mencionaremos algunos de estos para conocer como son estos
títeres.
En
un lejano pueblo llamado Braunau am Inn nació hace más de cien años un hermoso
niño llamado Adolfo. Su padre lo azotaba constantemente, le corregía bajo la
instrucción de la religión católica, pero no fue suficiente para evitar que
Adolfo se convirtiera en el hombre más sanguinario de su generación.
Adolfo
no estaba creciendo en valores sino en el régimen del miedo, encabezado por
satanás bajo la máscara de la religión católica. No se formó a un niño sino se
destruyó una vida que arruinó otras, porque el odio fue el alimento que dio
vitalidad a este ser, conocido como Adolfo Hitler.
La
guerra en el mundo estaba llevando a la ruina a la economía de Alemania, bueno
no era lo único que Alemania estaba perdiendo sino también su integridad. La
moralidad de Alemania fue totalmente arruinada por su situación económica. En
ese momento histórico muchos comprendieron que el discurso de Alemania frente a
la formación del ser humano (bildung) emergida de la generación de ilustres,
era una total fantasía, mentira e ilusión.
La
Alemania en la que crecieron intelectuales y reformistas como Kant o Lutero se
estaba viendo destruida por la guerra, fue tal estado el que llevó a todo un
pueblo a buscar a una persona que los salvara, al salvador de la economía, por
lo tanto prestaron mucha atención al pensamiento de Adolfo Hitler, que parecía
esperanzador para el pueblo, pues usaba bien la retórica, su elocuencia
atraía a sus oyentes, conocía muy bien
como manipular las conciencias de las masas y así fue que muchos siguieron su
propuesta antisemita, racista y totalmente contraria a la voluntad de Dios.
En
lo que se reporta de asesinatos ocurridos por el movimiento que apoyó el pueblo
alemán, llamado nazismo, fueron aproximadamente once millones de personas
muertas en sus holocaustos.
Es
esta la clase de personas que se están formando en las universidades. Son estos
pensamientos los que se siguen reproduciendo, ignorando todas las atrocidades
que han generado esta clase de ideologías. Este régimen de miedo ha cumplido
muy bien su papel, al llevar a las personas al odio y al terror, olvidándose de
que realmente existe alguien mayor que es verdaderamente el Salvador y su
nombre es Jesucristo.
Muchos
piensan en Adolfo Hitler como el peor hombre del mundo, pero se les olvida
mirarse en un espejo para comprender que existe alguien peor que él. El régimen
sigue vivo y más fuerte que nunca, ha manipulado el pensamiento de las
personas, al trastornar la idea del amor por una que no refleja sino solo el
odio.
En
el año 2015 se registraron 56 millones de abortos en el mundo, y esta tasa está
en crecimiento, es decir que la raza humana ha asesinado cinco veces más, en un
solo año, lo que hizo Hitler en toda su dictadura. ¿Se dan cuenta que se están
creando sujetos perversos, sin corazón y totalmente despiadados?
Las
ideologías de los hombres, provenientes de este viejo régimen, se están
haciendo realidad, cobrando vidas de inocentes. El pronóstico frente a tan gran
perversidad es una generación de corazones fríos, individualistas, enceguecidos
por la maldad, totalmente corruptos, calumniadores, amadores de sí mismos más
que de Dios, irrespetuosos a sus padres, vanagloriosos y completamente
orgullosos.
Los
dictadores están en su mejor momento de florecer, porque el entorno en que se
vive se los está permitiendo. La humanidad se va desvaneciendo poco a poco por
un maldito miedo que los está carcomiendo, conduciéndoles directamente a su
propia destrucción. Y vivirán eternamente en ese miedo del que siempre huyeron.
Pero
no todos los perversos seres se han registrado como malos sino existen muchos
que han llegado a gobernar bajo una apariencia de bondad, estos son los que más
daño hacen. Entre ellos podemos recordar a Nietzsche, el padre ideológico de
Hitler y de otros tantos como Martin Heidegger y Michael Foucault.
Nietzsche
nació en el imperio Alemán, en un pequeño pueblo cerca de Leipzig. Su
inteligencia era extraordinaria y su educación en la universidad de Bonn de
teología y filología le dieron argumentación a sus pensamientos que al ser
desarrollados convencía a muchos. El elogio que recibía era constante,
permitiéndole tener gran acogida en sus publicaciones escritas.
Nietzsche,
a pesar de su inteligencia y de sus estudios, no le dio gloria a Dios sino
siguió el mismo camino que su padre, satanás, al rebelarse en contra de su
Creador, haciéndolo evidente en sus libros, llevándole a un colapso mental
conocido como megalomanía. Nietzsche se encerró tanto en un mundo que había
creado sin Dios que empezó a tener fantasías delirantes de poder y
omnipotencia.
Las
religiones aumentan esta sed desmedida de poder, pero ¿El poder para qué? No lo
saben pero lo quieren porque no han conocido el amor que es mayor que cualquier
poder humano. Es esta la razón que aún hoy día se sigan idolatrando a hombres,
como el llamado “papa”.
“…Yo
les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino
que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy
yo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad…”
Juan
17: 14 – 17 (RVR 1995)
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