SER BUEN ADMINISTRADOR
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.” 2 Corinitos 9: 6-7 (RVR 1995)
Nosotros
hemos sido elegidos administradores de Dios, nada nos pertenece, ni siquiera la
vida, porque todo es de Dios. El Señor, nos enseña, a través de su Palabra a
dar de lo que Él nos ha dado, abundantemente y con generosidad, porque quien da
así, con alegría, recibirá abundantemente con generosidad.
La
mayordomía es el cargo que Dios nos ha asignado para gobernar sus posesiones.
Es nuestro deber administrar lo que es de Dios, como nuestro cuerpo. ¿De quién
es tu cuerpo? De Dios, no es nuestro, y, el Señor, quiere que se lo presentemos
como sacrificio vivo, santo y agradable. Así mismo tenemos que hacer con el
tiempo. Redimamos el tiempo, porque es mucho el que hemos malgastado en
absurdeces como las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) y, poco
es el tiempo que le hemos dedicado para escuchar a Dios.
Muchas
congregaciones cristianas tienen algo que han llamado “canasta de amor”, lo
cual es un canastillo donde depositan comida preferiblemente no perecedera,
para dar a quien esté pasando necesidad, como dice Hechos 20: 35. Pero la
pregunta es ¿Estamos dando al necesitado o solo pensamos en nosotros mismos?
En
el Salmo 127: 3 la Palabra de Dios nos dice que ni aun los hijos son del
hombre, porque son herencia de Dios. Por lo tanto ¡OJO! En cómo estas educando
a tus hijos, porque no son tuyos, son de Dios. Y los profesores, quienes
enseñan, también tienen que entender lo que significa ser maestro. No somos
dueños de la ciencia sino administradores de este conocimiento. Y, si enseñar
ciencia es algo de mucho cuidado cuanto más es enseñar la Palabra de Dios. El
ser profesor es un talento o habilidad que se adquiere en el estudio, pero el
don de enseñar es dado por el Espíritu Santo solo a quien él ha designado como
maestro. La pregunta para estos maestros seria ¿Qué están haciendo con el don
que Dios les ha dado?
Jesucristo
siendo el dueño de todo, se hizo como uno de nosotros (2 Corintios 8: 9),
motivado únicamente por el amor que nos tiene. Él nos dio de su gracia con el
fin de que administremos lo que nos ha dado, la vida, el tiempo, nuestros
hijos, la salvación, etc. La distinción de un verdadero mayordomo, como nos
enseña 2 Corintios 8, es una vida consagrada al Señor, por lo tanto, si tu
corazón es correcto ante tu Señor tu vida también lo será. Pero no debemos ser
pretenciosos, prometiéndole al Señor que le vamos a entregar todo lo que tenemos
y aun lo que nos hace falta.
“…porque si primero está la voluntad
dispuesta, será aceptado según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.”
2
Corintios 8: 12 (RVR 1995)
Si
tu deseo de agradar a Dios es sincero entonces no le darás de lo que no tienes
sino de lo que Él te ha dado.
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