¿QUIÉN TE DIO EL DERECHO DE JUZGAR?
Kevin Carter fue uno de los fotógrafos más conocidos, por fotografiar a un niño africano desnutrido que tan solo esperaba la muerte. Su foto fue reconocida a nivel mundial porque en vez de ayudar al niño, dándole algo de comer, prefirió tomarle una fotografía, minutos antes de morir. Él fue juzgado por todas las prensas, periodistas, diferentes figuras públicas y personas. La presión que sintió fue tan terrible que prefirió suicidarse el 27 de julio de 1994. Algo de la última nota que escribió con respecto a su suicidio fue: “Estoy deprimido…atormentado por los recuerdos vividos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor”.
Su
nota podría verse como una justificación a su suicidio, pero también refleja
los pensamientos que atormentaban su corazón. No estuvo bien lo que hizo, pero
tampoco fue constructivo lo que generó la sociedad en su corazón, en vez de un
arrepentimiento un remordimiento y fue este remordimiento lo que le llevó al
suicidio.
La
maldad es terrible, en nuestra sociedad. No existe genuino respeto a la vida,
pero lo irónico es que quienes juzgan, solo hacen eso, juzgar. En las
universidades o academias se juzga constantemente, al igual que en el senado,
los políticos solo buscan a quien investigar para llevarlo a la cárcel, pero
¿Qué ocurre con las acciones que generan verdaderos cambios? Se le ha dado más
importancia al problema que a la verdadera solución y, es este el verdadero
problema, porque ha configurado a una sociedad que solo critica, pero no
aporta.
Jesucristo
nos enseñó el poder transformador del amor al, en vez de juzgarnos, dar su vida
por nosotros. Su sacrificio fue el juicio que no le correspondía a Él sino a
nosotros, pero lo aceptó por amor a ti y a mí.
Solo
Dios puede juzgar a las naciones y lo hará, pero cuando estuvo en la tierra, en
medio nuestro, no vino a juzgar sino a salvar.
“Jesús exclamó y dijo: El que cree
en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve, ve
al que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que
cree en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las
guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al
mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo
juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final.”
Juan
12: 44-48 (LBLA)
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