NO RECHAZARÉ A NINGUNO

El negarle la oportunidad de arrepentirse a una persona es una actitud de rechazo, mas el acto de paciencia con el fin de que no perezca el hombre es la acción más amorosa que el Señor hizo por nosotros. Pero la humanidad ha preferido rechazar y ser rechazada antes que acercarse al eterno amor de Dios, debido a ese egocentrismo con el que se ha formado.

El rechazo es un gesto de enemistad o no compatibilidad en el que se descarta toda posibilidad de convivencia. Esta acción es consecuencia de una vida que se ha negado a recibir el amor que Dios ha dado a la humanidad. Pero siendo sinceros, hemos rechazado a cierto tipo de personas, debido a que nos hemos criado en cierto tipo de religiosidad que nunca fue enseñada por nuestro Señor Jesucristo. No podemos ni debemos rechazar a quienes no creen en Jesucristo, sino:

«Si tus enemigos tienen hambre, dales de comer.
    Si tienen sed, dales de beber.
Al hacer eso, amontonarás
    carbones encendidos de vergüenza sobre su cabeza»

Romanos 12: 20 (NTV)

El amor a nuestros enemigos debe ser sincero y demostrado en el servicio a ellos, por lo tanto, nuestro pensar no puede ser el de rechazar. Así Jesucristo hizo con nosotros, los seres humanos, no nos rechazó, aunque vivíamos contrarios a su voluntad, sino que nos amó, de tan gran manera que tomó nuestra vida de pecado, haciéndose enemigo de Dios, a fin de reconciliarnos con Él mismo. Este es un gran misterio que solo el amor puede justificar, pero lo hizo por nosotros, por lo tanto no rechazó a ninguno sino fueron los hombres quienes lo rechazaron y lo siguen rechazando.

“Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos.” Isaías 53: 3 (LBLA)

No existe mejor ejemplo de amor que el de Jesucristo, pues buscó nuestro bien antes que el de Él mismo, siendo el mismo Dios. A caso el que creó los cielos y la tierra ¿No hubiera podido destruir a aquellos que se corrompieron? Pero no lo hizo, sino justificó al hombre, tomando el lugar que le correspondía, la muerte, a fin de darle vida.

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” Juan 3: 18 (RVR 1960)

Si después de todo lo que hizo Dios por ti le sigues rechazando, entonces Él también te rechazará y no habrá más remedio para ti que la condenación eterna en el infierno.

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