LA ORACIÓN EFICAZ
El dirigirse a Dios en oración pareciese ser eficaz solo para algunas personas, o, bueno, eso es lo que piensan muchos. Unos dicen que solo Dios escucha al pastor, otros, que Dios está muy ocupado para atender a sus ruegos, y otros, otras cosas, pero esto no es cierto. La verdad de la oración es que el Señor oye al que clama y ruega en su presencia.
La
oración eficaz no es la elocuente sino es la que lamenta su condición delante
de Dios, pidiéndole misericordia y perdón.
“Si hubiere hambre en la tierra, o si
hubiere pestilencia, si hubiere tizoncillo o añublo, langosta o pulgón; o si
los sitiaren sus enemigos en la tierra en donde moren; cualquiera plaga o
enfermedad que sea; toda oración y todo ruego que hiciere cualquier hombre, o
todo tu pueblo Israel, cualquiera que conociere su llaga y su dolor en su
corazón, si extendiere sus manos hacia esta casa, tú oirás desde los
cielos, desde el lugar de tu morada, y perdonarás, y darás a cada uno conforme
a sus caminos, habiendo conocido su corazón; porque sólo tú conoces el corazón
de los hijos de los hombres”
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Crónicas 6: 28-30 (RVR 1960)
El
Señor escucha la oración del que es clemente, perseverante, humilde y paciente,
pero quien ora con soberbia no tendrá respuesta del Señor por cuanto no pide
conforme a la voluntad de Dios. En la oración la mente se renueva, por lo
tanto, nuestros pensamientos se hacen más limpios y nuestro hacer es mejor. Es
la oración herramienta poderosa que nos permite estar firmes frente a las
asechanzas de satanás. Sobre la oración Juan Bunyan, quien escribió “el progreso del peregrino”, dejó el
siguiente consejo:
Ore a menudo, porque la oración es un escudo para
el alma, un sacrificio ofrecido a Dios y un azote para satanás. La oración
alejara al hombre del pecado; o el pecado alejara al hombre de la oración.[1]
[1] John Bunyan, The Complete Works of John Bunyan (Londres: E.
Core, 1872), 80.
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