LA DIFÍCIL TAREA DE DECIDIR
La constante publicidad, el terrorismo que anuncian las noticias, el permanente silencio que nos rodea, la multitud de voces que nos aconsejan, entre otros factores, hacen que decidir se convierta en una tarea casi imposible.
El estudio se ha centrado tanto en el
deseo humano que ya ni siquiera se sabe qué se está estudiando porque los
deseos de cada persona no son los mismos. Es el relativismo, la inseguridad, la
confusión, y el cinismo, los logros que alcanza cada estudiante que pasa por
este sistema cuyo conocimiento ha sido oscurecido.
“Porque
está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y el
entendimiento de los inteligentes desecharé.”
1 Corintios 1: 19 (LBLA)
El Señor ha confundido nuestro
entendimiento, como confundió las lenguas en la Torre de Babel, porque nos
hemos aferrado más a la ciencia que a Dios.
“Porque
la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El
prende a los sabios en la astucia de ellos.” 1 Corintios 3: 19
(RVR 1960)
No es el que más libros ha estudiado, ni
el que más títulos universitarios obtenido, aquel que mejor sabe tomar
decisiones, sino es quien en verdad teme al Señor, amándolo con todas sus
fuerzas, mente y corazón.
“Los
sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; he aquí que
aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen?” Jeremías
8: 9 (RVR 1960)
No es cuerdo, para los hombres, creer en
Jesucristo, porque ellos lo consideran muerto, como tampoco lo es que seamos
justificados por Su Redención en vez de por nuestras obras.
“Pues
ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la
sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la
predicación”
1 Corintios 1:21 (RVR 1960)
La salvación no fue una decisión de
nosotros, sino es un regalo de Dios para quienes, con un corazón quebrantado,
humillado, y, totalmente arrepentido, le buscan, poniendo Su mirada en la cruz
en donde Jesucristo tomó el lugar que nos correspondía.
La tarea de decidir se hace difícil para
aquellos que continuamente libran una batalla entre la carne y el espíritu,
pero es fácil para quien ha doblegado su orgullo, no dejándose dominar por el
mundo sino haciéndose esclavo de Jesucristo.
“No
seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal;
Porque
será medicina a tu cuerpo,
Y refrigerio para tus huesos”
Proverbios 3: 7-8 (RVR
1960)
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