EL RÉGIMEN DEL MIEDO

Se ha formado un estado del que todos quieren escapar pero ninguno puede, es una forma de gobierno que ha encasillado a cada ser humano, sin importar sus diferencias.

La estrategia del humano está en su inteligencia, por eso es que, a diferencia de otras criaturas, las personas en vez de estar en vía de extinción están en vía de expansión. Pero esta inteligencia es necesario observarla con mucho cuidado, con lupa en mano, debido a que no está encaminada por el amor sino por la sobrevivencia. Se sobrevive no porque se quiera vivir sino porque nadie quiere morir, es entonces el miedo el motor que conduce a muchos a trabajar, estudiar o hacer cualquier otra cosa que carece de un sentido eterno.

Los políticos generan discursos esperanzadores pero muy lejanos a nuestras realidades, por lo que sus discursos son vanos, son utopías que no se cumplirán. Según he observado ninguna persona desea ser maldecida sino bendecida por Dios, pero es necesario que, aunque no queramos, abramos nuestros ojos para entender que estamos en una tierra maldita gobernada por el régimen del miedo.

La llegada de la religión a nuestros corazones es producto del miedo, no del amor, a Dios. Tenemos miedo de que Dios nos arroje al infierno, en una eternidad incierta, por esto nos inventamos ritos y ceremonias con el fin de que vea lo bueno que somos y no nos lleve al infierno, pero es que si lo pensamos bien no existe un verdadero deseo de disfrutar una eternidad con Dios, de vivir el evangelio, sino de no ser lanzados al infierno. Nuestra mente ha sido entrenada de tal manera que no deseamos algo mejor sino que lo peor no nos acontezca, esto es llamado por muchos, el conformismo o la mediocridad de la humanidad, pero la Biblia lo define como la condición natural del hombre, una condición que no es agradable para Dios aunque lo sea para muchos.

Las fuerzas de poder que se mantienen no son controladas por los políticos, aunque sean ellos los productores de leyes, sino es el régimen en el que se encuentran, uno en el que no es Dios sino el diablo el que gobierna[1]. Es este régimen nuestro primer enemigo, pues todos los días lo enfrentamos a través de debates, disputas, hábitos, tradiciones, etc.

Las naciones están fortaleciendo este régimen, más que nunca. Estamos en una época en la que se han generado unas dinámicas sociales irrefutables e incuestionables, siendo más fuerte la tradición que el amor. Se ven personas sufrir, pero eso ya no le importa a nadie, porque se ha convertido en una costumbre, es esta la razón por la que en los últimos años se ha aumentado la tasa de abortos y de suicidios como nunca antes en la historia de la humanidad.

Lo que el régimen ha trazado como incuestionable es necesario que lo cuestionemos, lo que los hombres han producido como doctrinas debe ser puesto a prueba, pero siempre a la luz de lo que en verdad nuestro Creador nos enseña a través de nuestra comunión con Él. No es fácil para muchos hablar con Dios, porque pareciera que no hubiera respuesta de parte de Él, que habláramos solos cuando oramos, pero la verdad es que Él responde de una manera diferente a la que estamos acostumbrados.

El régimen del miedo en el que nos encontramos no es para nada esperanzador, sino solo nos motiva a levantarnos en contra de los demás, en pasar por encima de nuestro prójimo, pero es este dictamen el que debe ser destruido con las armas que Dios nos ha dado. Estas armas son espirituales, no son físicas. Es necesario que nos la pongamos diariamente y aún más en estos tiempos donde el ataque de satanás es más fuerte. El diablo no quiere vernos cerca de Dios sino alejados completamente de su voluntad para poder atacarnos, por lo tanto mantengámonos unidos en oración con nuestro Creador, escuchemos su hermosa Palabra y meditemos en ella, obedezcámosle motivados por el amor y demos siempre la otra mejilla cuando sea necesario, no perdiendo nunca la esperanza en Jesucristo.



[1] Es importante recalcar que aunque Dios ha permitido al diablo gobernar en la oscuridad, este no es ni será igual o mayor que Dios.

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