CRITICA A LA CRÍTICA
La sociedad contemporánea se está formando con unos valores deterministas que le impiden ver la realidad por contemplar una subrealidad, es decir, una ilusión de lo que realmente ocurre.
Las
tecnologías parecieran mantenernos más informados que años atrás, pero ¿de qué
tipo de información? Los mensajes que recibimos a través de los distintos
medios son moldeados por la moralidad popular, no son, por lo tanto, objetivos
sino totalmente subjetivos a una sociedad que se cree critica.
La
crítica se ha convertido en una palabra de poco peso en nuestra actualidad,
debido a que solo describe y materializa una sola mirada, cuando la verdadera
critica analiza cada postura y la refuta en base de la objetividad que solo
puede provenir del Creador y de su Palabra.
En
la Biblia se nos enseña, a través de diferentes escritores y de vidas de
personas, que la humanidad en su historia ha tomado diferentes caminos,
consejos y, finalmente, nos muestra su resultado final. La consecuencia de cada
acción es el punto central de la crítica, por lo tanto, criticar por criticar
no tiene sentido si no se llega a un punto de ejecutar una acción favorable a
la condición humana.
La
humanidad, en todas sus dimensiones, necesita examinar con lupa en mano todo lo
que los medios, las personas, el sistema, y, aun ella misma, están consumiendo
que es, básicamente, información.
“Examinadlo todo; retened lo bueno.” 1 Tesalonicenses 5: 21 (RVR 1960)
Pero
examinar sin una directriz clara, no es viable, debido a que no permite
establecer parámetros y juicios valorativos. Por tal razón es menester que la
vida de cada ser humano se encuentre cimentada en quien verdaderamente conoce
lo mejor para nosotros, es decir, en Dios.
“Porque yo sé los planes que tengo para
vosotros” —declara el Señor— “planes de bienestar y no de calamidad, para
daros un futuro y una esperanza.”
Jeremías
29: 11 (RVR 1995)
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