VALOREMOS LO QUE DIOS NOS HA DADO
El hombre, sobre todo lo material, tiene un gran tesoro de valor incalculable que si no lo reconoce lo perderá, como dice un dicho populi “nadie sabe lo que tiene hasta el día en que lo pierde” así será para quien no entregó su vida a Cristo.
La
oportunidad es el divino regalo que Dios nos ha dado. La oportunidad de conocer
a Dios, la oportunidad de tener una nueva vida, la oportunidad de
reconciliarnos con nuestro Creador para poder conocer y hacer su voluntad. No despreciemos la Salvación que Dios nos ha
otorgado sino valoremos lo que el Señor nos ha dado.
La
muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo es el evangelio, y el único
mensaje que puede transformar a cualquier hombre que en verdad cree en
Jesucristo, sin importar su condición económica, política, étnica, racial,
medica, o ética (1 Corintios 15: 1-4). La muerte de Jesucristo significa el
cumplimiento de la promesa de Dios y la esperanza cumplida de Abraham, David,
Isaías, etc.
“Pero él fue traspasado
por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que
nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados.”
Isaías 53:5 (NTV)[1]
No
desprecies la muerte de Jesucristo sino cree en que su muerte es el camino a la
vida porque es el pago a la demanda de la ley que nosotros infringimos.
Jesucristo murió, para que muramos en su muerte, a fin de que muramos a la ley
para no ser juzgados por la ley sino redimidos por su gracia. (Lea Hebreos 2:
9-15; Marcos 8: 31-38, Romanos 6: 1-11)
“Pues tú no dejarás mi
alma entre los muertos ni permitirás que tu santo se pudra en la tumba.”
Salmos 16: 10 (NTV) [2]
El
sepulcro es la última morada de los muertos, mas Jesucristo no quedó en el
sepulcro porque resucitó al tercer día. Lo único que quedó sepultado fue el
viejo hombre del que cree en Jesucristo (lea 1 Corintios 15: 12-57). Si en
verdad has muerto en la muerte de Jesucristo resucitaras en su resurrección.
Puede que no tengas dinero, ni fama, ni amigos, pero si tienes a Cristo lo
tienes todo, por lo tanto valora la Salvación que Dios te ha dado.
[1] El libro de Isaías fue
escrito entre el 700 y el 681 a.C.
[2] El libro de Salmos fue escrito entre el 1440 y el 586
a.C.
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