UNA VIDA DE SACRIFICIO Y ADORACIÓN

“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” Salmos 51: 16-17 (RVR 1960)

Las religiones muestran una supuesta vida de sacrificio a través de la automutilación, pero esto no es agradable delante de Dios. El catolicismo, por ejemplo, piensa que a través de penitencias y de confesiones que los lleva a expresar un rezo constante que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, creen que esto le agrada a Dios, o bueno, la verdad es que no es su deseo agradar a Dios sino dejar de sentirse culpables a través de la cauterización de sus conciencias.

A Dios no le agrada esas misas o sacrificios que el hombre hace, sino detesta toda esta idolatría. Mas bien lo que Dios quiere son corazones contritos y humillados que se arrepientan de sus maldades y crean en la Redención de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

El cristiano que en verdad es cristiano, es decir que verdaderamente ha nacido de nuevo, por la gracia de Dios, creyendo y siguiendo a Jesucristo, no puede negociar principios, ni aceptar todo tipo de creencias, sino con el poder de la Palabra de Dios debe contender ardientemente por la fe que Dios mismo depositó en su corazón.

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” Judas 1: 3-4 (RVR 1960)

La carne es la que tiene que ser sacrificada y carne en este contexto no se refiere al cuerpo sino al orgullo, al deseo de los ojos, la lujuria, la avaricia y la codicia. Es necesario que quien siga a Cristo empiece a renunciar a la popularidad, amistades que corrompen, aceptación por los demás, etc. Porque el mundo odia a Jesucristo y a todos los que siguen verdaderamente su voluntad.

“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.” Juan 15: 18-19 (RVR 1960)

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