TODO ES TUYO

Es importante trabajar, porque como bien sabemos “si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tes.3: 10), pero es mucho más trascendental el motivo por el que trabajamos, como usamos el dinero de nuestro sueldo, de qué manera o para quien estamos laborando, etc.

El dinero que tenemos no es nuestro, aunque lo tengamos, porque no somos los dueños de nuestro sueldo, sino le pertenece a Dios, por lo tanto no debemos preguntarle a Dios que es lo que quiere que hagamos con nuestro dinero sino que es lo que Él desea que hagamos con Su dinero, debido a que somos mayordomos, administradores de que lo que nos ha dado, por lo tanto no solo rendiremos cuentas a Dios de nuestras finanzas, como las usamos, sino de la motivación de nuestro corazón para laborar, porque el Señor dice que debemos trabajar como para Él, no como para los hombres, por lo tanto tenemos que ser excelentes en nuestro trabajo, destacando por nuestra honestidad, diligencia, buena actitud, amabilidad, humildad, etc. Pero no solo por nuestro trabajo responderemos delante de Dios sino también por toda nuestra vida, porque la vida que tenemos no es nuestra es de Dios.

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” Filipenses 1: 27 (RVR 1960)

La gran mayoría de personas viven desordenadamente, gastando para sus propios vicios y placeres, pero no debe ser así con nosotros, no podemos vivir como los demás, sino debemos comportarnos como es digno del evangelio de Cristo. Nuestro enfoque tiene que ser Cristo, por lo tanto, solo Él debe ser nuestra única motivación, ya sea para trabajar, para levantarnos o para estudiar. Si nos levantamos, adoramos a Dios, si estamos tristes, adoramos a Dios, si estamos sufriendo, adoramos a Dios, si tenemos muchas riquezas, adoramos a Dios, si no tenemos riquezas materiales, adoramos a Dios, porque sea que vivamos o que muramos de Cristo somos, debido a que fuimos comprados por Su sangre.

Las ofrendas que entregamos en nuestra iglesia local no deben ser por necesidad, con una motivación incorrecta, porque toca hacerlo y ya, sino con convicción, reconociendo unánimes como iglesia local que no damos a un pastor, ni si quiera a nosotros mismos, sino que somos bendecidos en devolver una parte de todo lo que Dios nos ha dado. De esta manera el Señor nos bendice, porque ve en nosotros un corazón que reconoce que todo le pertenece a Él. Como iglesia no somos los dueños del dinero que se reciben de las ofrendas sino administradores que deberán rendir cuentas delante de Dios de esta administración y vemos, a través de la Biblia, que el Señor desea que administremos este dinero para la expansión de su evangelio, a todas las naciones de la tierra, por lo tanto tengamos mucho cuidado de dejar a un lado el evangelio, las misiones, la predicación, porque la iglesia que no evangeliza se fosiliza, la iglesia que no apoya misiones no ha comprendido la voluntad de Dios para con su iglesia sobre esta tierra, la iglesia que no predica la Palabra de Dios, mucho menos aplicará las enseñanzas de Dios a su vida, porque no hemos recibido para quedarnos con lo que Dios nos ha dado, sino que hemos recibido bendición de Dios para bendecir a otros, pero quien retiene aun lo poco que tiene no tendrá más, sino aun lo poco que tiene le será quitado.

El trabajo como el estudio y demás actividades como hacer voluntariados en la cruz roja son acciones buenas que nos fortalecen, pero pueden ser malas cuando nos volvemos en adictos de las mismas, es decir cuando ponemos en primer lugar nuestro trabajo o aún nuestro estudio o familia. El primer lugar de nuestra vida, como hijos de Dios, no lo puede ocupar nada ni nadie sino solo Dios, porque solo Dios debe estar sobre nuestras vidas, nada ni nadie más.

El trabajo, el estudio, nuestra vida, todo lo que tenemos y somos no nos pertenece sino le pertenece a Dios. No fuimos diseñados para estar al servicio de actividades, ni para ser esclavos del dinero o el estudio, sino todas estas cosas han sido puestas a nuestro servicio para que por medio de todo lo que hemos recibido bendigamos el nombre de Dios.

La historia de nuestros primeros padres, Adan y Evan, y de Jesucristo tienen mucho que decirnos sobre la construcción de nuestra identidad. Es necesario que seas muy sensible a la historia de la humanidad que encontramos en la Biblia a fin de que podamos recuperar la identidad que una vez perdimos a causa del pecado, aquella enfermedad que nos hizo olvidar de Dios.

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