SOMOS ADÚLTEROS
No queremos ser hallados culpables en absolutamente nada por lo tanto formulamos nuestras propias justificaciones o leyes para evitar el juicio que en nuestro interior reconocemos que merecemos, pero es no confiar en nuestra conciencia lo que nos ha llevado a la hipocresía pretendiendo una inocencia que no nos corresponde. Jesucristo reveló los pensamientos del hombre, su naturaleza, su pecado cuando nos dijo:
“…cualquiera que mira a una mujer para
codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 5: 28 (RVR 1995)
El
adulterio, es sinónimo de infidelidad en un matrimonio, en el pueblo de Israel
era causa de muerte, semejante a un crimen tan terrible como es el asesinato.
Mas Jesucristo dijo que “cualquiera que
mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, es
decir que este terrible pecado se manifiesta desde nuestra mirada de codicia.
La codicia sexual es mirar a una mujer o a un hombre con deseos carnales, lo
cual nos revela la condición pecaminosa del hombre y de la mujer porque todos,
sin exclusión, hemos mirado con lujuria. Aun las personas que son ciegas no
pueden decir que quedan excluidas al no ver, porque no necesitamos ojos para
maquinar en nuestros pensamientos maldad sino solo el pecado. El pecado es el
enemigo más terrible del hombre que el mismo hombre formó en su vida al no
creerle a Dios.
Somos
adúlteros, no hay nada que podamos hacer para cambiar tan desastrosa condición,
y como adúlteros somos merecedores de la muerte, no solo física sino eterna.
Mas Dios que nos conoce no vino a condenarnos sino a amarnos, rescatándonos de
la condena que merecemos por nuestros pecados, a fin de que no vivamos más al
pecado sino sirvamos a Dios.
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